El postparto puede llegar a ser una etapa muy complicada para algunas de nosotras. No siempre surge el amor a primera vista. Da mucho vértigo asimilar que esas personitas que han salido de tu cuerpo son tu responsabilidad y dependen de ti (y de su papá) para absolutamente todo. Estás muy cansada, más de lo que hubieras podido imaginar. Como aderezo a todo esto, las hormonas se dedican a hacer de las suyas y tú no te reconoces. No sabes en qué momento te has convertido en un zombie, que se enfada por nada, que llora por todo… Y ya para rematar la ensalada… a veces… algunas veces… odias a quien menos pensabas.

Todo esto, afortunadamente, no le pasa a todas, pero si eres una de las elegidas para tener un postparto de mierda difícil, te sentirás muy sola y muy incomprendida por no estar flotando en la nube que se supone debías estar. Abres el Hola y ves el reportaje de la famosa de turno, súper recuperada, súper sonriente y súper feliz, en su casa súper limpia y súper reluciente con su bebé súper perfecto de tres semanas, y te sientes más miserable todavía.

Mi puerperio de los mellizos fue muy muy difícil. Pero eran dos bebés. Y yo estaba fatal físicamente debido a todo el reposo que guardé en el embarazo y las complicaciones del parto. En fin, que pensé que después de eso, el siguiente iba a ser coser y cantar, tras haber tenido un embarazo estupendo, activa hasta el final, y encima un solo bebé… qué facil, ¿no? Pues no. Para nada. El postparto de Tamagochi fue igual de chungo, anímicamente hablando. Y me volvió a pasar lo mismo que vengo a contar hoy.

Después de cinco años y dos puerperios, por fin me atrevo a confesar que me pasa una cosa muy pero que muy fea:

Yo en el postparto le cojo manía a mi madre

 

Mucha. No la soporto. Glups… lo que he dicho…

Afortunadamente ya quedó atrás. Ya no me remueve las entrañas hablar sobre esto, me lo tomo con humor, e incluso le hago bromas a ella y por eso, desde la distancia y la tranquilidad de haberlo superado, puedo hablar de este tema sin mayor problema. Y además ella es muy buena, y nada rencorosa, y me ha perdonado todo.

No voy a relatar los dos postpartos en un solo post, que no quiero aburrir a nadie. Pero las sensaciones fueron las mismas. Mi madre vive a 2000 kilómetros de mi casa y las dos veces ha venido a quedarse unas semanas para echar una mano… Y buf… Le estoy muy agradecida… Sin embargo, las chispas que saltaban neutralizaban la ayuda que nos pudiera prestar con su presencia. Todo lo que ella hacía me ponía nerviosa. Yo saltaba por cualquier tontería. Me entraban ataques de ira por la más mínima pifia que ella pudiera tener (ya me dirás tú, primero con dos bebés recién nacidos en casa, y luego con un recién nacido y dos niños de tres años, si no es fácil cometer una media de veinte pifias al día…).

Me vienen flashbacks a la mente, como aquel día en que ella estaba cambiando a Tamagochi, y le estaba diciendo palabras cariñosas (las típicas que cualquier abuela le diría a su nieto) y monté en cólera por hablarle así al niño y decirle tantas “tonterías”… O aquella otra en que se equivocó al meter los ingredientes de la masa de pizza en la Thermomix y la estampé (la Thermomix) contra el fregadero, furiosa y gritando porque había que volver a hacerlo todo otra vez. Y como esta, cien escenas más. Juro que esa no era yo, estaba poseída.

Lo he comentado con algunas amigas a las que también les ha pasado, no con su madre, sino con su pareja, con alguna amiga, o, el clásico entre los clásicos: con su suegra.. Es algo muy desagradable y, cuanto más cercano el vínculo, más duele (me imagino que sentir eso por el padre de tus hijos tiene que ser un trago bastante amargo también). Si te está pasando algo parecido (especialmente si es el papá de los peques al que no puedes ver delante, o tu suegra, que, al fin y al cabo es la madre de la persona que más quieres en el mundo) desde aquí te envío mucho ánimo, relativiza las cosas, piensa que el problema no es la otra persona, no quiere fastidiarte la vida, simplemente es que no eres tú, estás poseída… Y sobre todo, paciencia, déjalo fluir y piensa que tarde o temprano pasará. Y lo olvidarás… No dejes que ese rencor se quede en ti, no merece la pena.

Olvidé comentarlo,me he curado yo sola, las dos veces. Y adoro a mi madre, otra vez… Mami tú me sigues queriendo igual, ¿verdad?

Te interesará también

Si te ha gustado el post, comparte...
Email this to someonePin on PinterestShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn
The following two tabs change content below.
Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

¿QUIERES SEGUIRNOS LA PISTA?

Suscríbete y llévate de regalo esta estupenda y completa  GUÍA  DE CARRITOS GEMELARES 2017

Gracias por suscribirte. Recuerda revisar tu carpeta de promociones y spam. Si mi email cayó allí, asegúrate de que no vuelva a pasar añadiendo mi email a tu libreta de direcciones. Un saludo y hasta pronto.