El postparto es una etapa muy difícil, y desconocida para la mamá primeriza. Como no he tenido puerperio de un solo bebé, ni un parto normal, no puedo
comparar en propia carne si es más o menos, mejor o peor…En cualquier caso, las hormonas están más revolucionadas, el cuerpo está más exhausto, las posibilidades de cesárea son más altas y además no hay uno, sino dos bebés a los que atender. La palabra que mejor definiría lo que sentí los tres primeros meses de la vida de mis hijos es DESBORDAMIENTO

Mi parto fue especialmente duro porque, después de casi catorce horas de parto terminó en cesárea de urgencia, con una corioamnionitis (infección del líquido amniótico y las membranas placentarias) de por medio, y con atonía uterina, es decir, el útero no se contraía y tuve hemorragia. Por suerte, bendita ignorancia, fui consciente de lo que significaban estas complicaciones cuando ya había pasado el peligro para mis bebés y para mí. A todo esto hay que sumar que mis hijos pesaron más de 6 kg entre los dos, más sus bolsas, placentas y líquido. Es decir, el punto de partida de mi puerperio no fue el óptimo y lo hizo todo más complicado aún porque no podía ni moverme entre los puntos y la enorme barriga que me había quedado y que me dolía en cada movimiento que hacía.
Así que todo lo que os cuente es exagerado, no tiene por qué ser así en vuestro caso, de corazón espero que no lo sea, pero creo que lo que comento más abajo puede aplicarse en mayor o menor medida a todos los puerperios, incluso de un solo bebé.
Ahí van mis humildes recomendaciones:


Dejarse ayudar: Suena obvio, pero cuando te ves en el papel se te olvida. Quieres hacerlo todo porque son tus hijos, hay un instinto animal que te obliga a protegerlos y estar pendiente de ellos a cada minuto. Dejarse ayudar o buscar ayuda es importante, al final todo lo que podamos descansar redundará en beneficio de nuestros peques
Dejarse llevar: los cambios de humor son totalmente normales, cogerle manía a tu marido/madre/suegr@/cuñad@/mejor amiga (uno solo o todos juntos) es normal, las ganas de llorar son normales, la apatía es normal, el sentirte una madre horrible es normal, el tener ganas de zarandear a tus hijitos (o cosas peores) cuando no dejan de llorar y no sabes cómo calmarlos es normal, el verte como un monstruíto hinchada, pálida y con mala cara es normal. Todo es normal, y pasará, muy pronto, antes de que te des cuenta. Así que déjate llevar y deja fluir todos esos sentimientos (menos el de zarandear a tus pelones…^_^), que no se enquisten dentro. Si quieres llorar, llora sin sentirte mal por ello, las lágrimas son catárticas, es sólo algo pasajero y no eres mala madre por ello.
Tomar vitaminas: Yo me quedé muy debilitada por la pérdida de sangre, me tuvieron que hacer transfusión antes de darme el alta. Aún así estaba totalmente exhausta, y cuidar de dos bebés requiere muchas energías que no tienes. Un suplemento vitamínico no es milagroso, pero yo lo noté bastante

Cuidador para las noches: Una muy buena amiga tiene sobrinos gemelos. Desde que supo que yo esperaba dos me empezó a repetir constantemente que buscara a alguien (un profesional, enfermer@, matrona, etc) que se ocupara de los bebés por la noche durante las primeras dos semanas. No le hice caso, le
decía que a mis bebés los iba a cuidar yo, que para eso los tenía, y cuando me vi en plena vorágine habría pagado todos mis ahorros por que alguien viniera
una sola noche. Ya era demasiado tarde porque no encontré a nadie, los contactos que me pasaron ya tenían su agenda ocupada. Así que si aceptas el consejo y quieres que alguien venga a tu casa las primeras semanas, búscalo y contrátalo durante el embarazo;

Las visitas: el nacimiento de gemelos suele levantar mucha expectación. Ver a dos bebés recién nacidos es un espectáculo y todo el mundo quiere conocerlos, pero las primeras semanas no estás para ver a nadie, a mí hasta me costaba hablar. Es bueno ser sincera, decirle a la familia y amigos que esperen unas semanas, lo entenderán y respetarán, y te ahorras el mal trago de estar poniendo buena cara cuando te encuentras fatal y estás hecha polvo y deseando que se vayan;

Los turnos: a partir del segundo o tercer mes, cuando los bebés empiezan a tener algo parecido a una rutina y uno solo de los papis se puede encargar de las tomas nocturnas, a nosotros nos salvaron la vida los turnos. Aún hoy lo seguimos haciendo. Cada noche se queda “de guardia” uno de los dos. Ahora ya no damos toma nocturna, pero siempre hay alguno al que poner el chupete a media noche, o que se despierta sobresaltado y hay que consolarlo. Además los fines de semana, cada uno dormimos la mañana un día. Nos ha salvado la vida y el matrimonio!

Buscar el apoyo de los “iguales”: un punto crucial en mi puerperio fue cuando me apunté a clases de gimnasia postparto y de masaje para bebés. Al final la gimnasia era lo de menos, me juntaba con un grupo de mamás que estaban atravesando la misma situación que yo y para mí fue clave en muchos aspectos. Por un lado me sentía menos incomprendida y compartía todos los miedos y además recibía consejos valiosísimos Y por otro lado me ayudó muchísimo a coger
confianza en mí misma, a encontrarme con mi instinto y hacerle caso: nadie mejor que una madre sabe lo que sus hijos necesitan. Los grupos de lactancia también son puntos de encuentro muy útiles para las mamás. Yo no participé en ninguno porque apenas di pecho dos semanas;

Hacer oídos sordos a los consejos no pedidos: Esto va en línea con lo anterior. Especialmente cuando eres primeriza, te encuentras perdida. Hay muchísima información disponible que al final lo único que consigue es ponerte la cabeza loca y no te deja escucharte a ti misma. Te parece que todo lo haces mal porque siempre habrá alguna corriente o alguna teoría que diga que tienes que hacer lo contrario a lo que haces. Y no sólo hay información en libros, webs, blogs, etc que tú buscas motu proprio, sino que, y peor aún, sin querer eres el blanco de todos los consejos. Yo distingo claramente entre dos tipos: los constructivos y los destructivos. Los primeros son dichos con prudencia y mucho respecto y suelen empezar con un “yo hice esto y me fue bien…” o “has probado con esto otro?” por ejemplo. Y los segundos suelen empezar con un “este niño tiene esto, dale esto” o “esto es así” o “lo estás haciendo mal” o, mi favorita “en mi época (no había tanta tontería) se hacía esto…” Es importante hacer un ejercicio de profundo OOOHHHHMMMMNNNNN y convencerse a una misma de que tú eres la mejor pediatra de tu hijo, somos animales, podemos hacerlo, estamos capacitadas para ello. Por supuesto que una recomendación siempre viene bien, siempre y cuando sea pedida y no mine nuestra maltrecha autoestima. Así que amiga, si un día tienes que decir BASTA YA, hazlo y escúchate a ti misma, tu corazón no se va a equivocar nunca.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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