Ya han pasado dos meses desde que pasé por quirófano para realizarme una abodminoplastia con plicatura de rectos y colocación de malla. Te cuento mi experiencia con esta intervención quirúrgica y la recuperación durante estas semanas.

Como he contado en varias ocasiones, fruto de los embarazos desarrollé una generosa diástasis que intenté abordar por varios medios (como este, o este otro y otros más que no conté por aquí) antes de decidir someterme a una abdominoplastia. Pero llegó un momento, después de que dos fisioterapeutas me lo confirmaran, en que asumí que en mi caso la cirugía estaba recomendada. El tema de si operarse es la solución definitiva o no es muy controvertido. Ya sea por un tema funcional o puramente estético, lo cierto es que someterse a una cirugía mayor no es una decisión fácil y da mucho sustoEs importante saber a lo que te enfrentas, leer bien los consentimientos informados, conocer los riesgos de la intervención, y ser realista con tus expectativas particulares…

Sólo decirte que, si estás en mi misma situación y tienes mil dudas, o directamente estás perdida…. antes de visitar al cirujano (o además de), acude a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Ellos son quienes mejor conocen esta lesión y pueden recomendarte según tu situación. Ah! Y para sentirte acompañada, puedes unirte al grupo privado de facebook “Luchando contra la diástasis” donde seguro te encontrarás comprendida y apoyada.

Diástasis

Así entré en quirófano

Mi abdominoplastia: La intervención quirúrgica

Me realizaron una doble intervención conjuntamente un cirujano plástico y un cirujano general. Duró unas cuatro horas. Estuve bajo anestesia general e intubada.

Yo tenía mucho miedo al momento quirófano, a estar enchufada a una máquina para respirar porque no podía hacerlo por mí misma. Y la realidad es que fue la parte más “agradable” de todo el proceso porque… ¡no me enteré de nada! Y de paso me eché una siesta gorda de esas que quienes tenemos nenes pequeños no nos echamos a menudo (por no decir nunca). Ni siquiera fui consciente de entrar en un quirófano porque me sedaron antes “a traición” (lo cual agradezco mucho).

Paso a contar en qué consistió la operación en sí (según me han explicado). Si te da grimilla, salta al siguiente punto porque voy a ser muy explícita:

El cirujano plástico me practicó una incisión de lado a lado en la parte baja del abdomen, por debajo de la línea del bikini. Después despegó la piel hasta debajo del pecho. Aquí abajo, foto del grafitti que me pintó el cirujano en la habitación del hospital, minutos antes de bajar a quirófano.

Abdominoplastia antes

 

A continuación el cirujano general realizó una plicatura de los rectos. Esto consiste en juntar ambos rectos y efectuar una sutura. Me pusieron después una malla de polipropileno por encima de toda la zona. La malla va fijada únicamente con cuatro puntos de sutura en las esquinas, y el resto va pegada con un gel especial. Luego mi cuerpo se encarga de dar la bienvenida y acoger a este nuevo elemento de mi fisionomía, que se irá integrando en el músculo (sin ser absorbida nunca).

Una vez terminado el trabajo del cirujano general, intervino el plástico de nuevo para la resección del faldón. O sea, lo que viene siendo recortar el colgajo de piel sobrante. Elminió de ombligo para abajo (lo que se ve dibujado en la foto de más arriba), y estiró y estiró y estiró el chicle hasta juntar lo de arriba con la línea del bikini. La cicatriz de lado a lado de la cadera me vino muy bien para Halloween 😁

El ombligo lo conservo. Bueno, en realidad lo que conservo es el “tubo”. Por fuera quedó cubierto con la piel estirada que venía de más arriba, y han hecho una incisión. Esa cicatriz resultante es mi “nuevo” ombligo. Creo que lo he explicado fatal, los expertos en la materia me perdonen…

Las cicatrices de las cesáreas han desaparecido, o sea, que ahora mismo sólo tengo la sonrisa que se ve en la última foto de este post.

Casi me olvido comentarlo: en algún momento de la intervención, creo que me dijeron que al principio, me hicieron liposucción en los laterales, o sea, en los michelines (que yo creo que no tenía muchos pero bueno ya que se ponen a hurgar…). En la foto del grafitti se ven los círulos a los lados con una cruz en el centro.

La Hospitalización

Permanecí ingresada unas 32 horas, o sea, una sola noche.

En un principio me pusieron tres drenajes y a las pocas horas de subir a la habitación me quitaron dos. El último drenaje me lo llevé para casa de regalo por unos días (seis para ser exactos).

Del quirófano salí con una faja tubular de velcros que me puso el propio cirujano plástico.

A primera hora del segundo día me retiraron la sonda para la orina y me ayudaron a ponerme en pie. Me animaron a dar paseítos cortos.

Lo más incómodo que recuerdo de la estancia en el hospital son las “secuelas” de la intubación. Afortunadamente no tuve ninguna complicación pero el mero hecho de meterte un tubo por la laringe hace que esta se resista y se defienda. ¿Cómo? Soltando mocos. Y esos mocos te producen carraspera y tos. No hace falta que explique lo incómodo que es eso cuando tienes el abdomen cosido de lado a lado y de arriba abajo.

Me dieron medicación como para montar una farmacia: analgésicos, antibiótico, antiinflamatorios, antieméticos (para los vómitos), heparina y ya no sé qué más. En el hospital, muy fácil, porque me lo daban todo hecho. Previo a mi ingreso me habían facilitado una hoja con indicaciones muy claras de todo lo que tenía que tomar en casa, así que tampoco fue tan complicado, creo que no nos equivocamos en ninguna dosis.

Primera semana post cirugía

La tarde que volví a mi casa duró 12309837048730598345 horas. Se me hizo eterna. Estaba muy embajonada. No tenía hambre. Por no tener, no tenía ni ganas de hablar, lo cual en mi persona resulta altamente preocupante.

Esa tarde solo pasaron ideas negativas por mi cabeza. Una de ellas, la que resonaba con más fuerza, fue “¿quién co** me mandaba a mí meterme en esto, con lo asumido que tenía yo mi colgajo y mis dolores de espalda?”. Sí, durante 12 horas me arrepentí de haberme metido en aquel embolao. Yo ya había aprendido a vivir con mi diástasis y sus consecuencias… Desde luego estaba mejor con todas las limitaciones de la diástasis, que en aquel preciso momento en pleno postoperatorio de la abdominoplastia.

Al día siguiente de estar en casa fui a la primera cura y la enfermera y el cirujano fueron tan amables y cariñosos que mi moral dio un vuelco y empecé a sentirme bien anímicamente.

Durante toda esa semana tenía décimas. Bueno, según me insistían todos (todos los sanitarios, claro) 37,4ºC no son ni siquiera décimas (y son normales después de una intervención de esta envergadura). Pero a mí me hacían sentirme enferma. Me pasaba el día tomándome la temperatura por si subía de 38ºC, que ahí sí ya es fiebre y hay que ir a Urgencias, me dijeron.

Iba con el drenaje colgando, me daba mucha grimilla. A sugerencia del cirujano lo metí en una bolsa de tela (las típicas talegas de tela de los niños), y esta la enganché en un cinturón que metía por debajo de la ropa (esa semana solo usé vestidos holgados) y eso ayudó bastante porque no lo veía constantemente.

No podía ponerme erguida, ¡me tiraba todo! Y tenía que dormir (y Pantuflo por ende) con el colchón incorporado y un cojín bajo las rodillas. Toda la noche en la misma postura.

No sentí dolor alguno derivado de la abdominoplastia en sí. Sin embargo, la espalda me taladraba, de tanto andar encorvada.

Necesitaba ayuda para todo: para ir al baño, para levantarme, para vestirme…

Hasta que me quitaron el drenaje no me podía duchar. Así que mi madre rescató una técnica de aseo ancestral y me lavaba por partes. El estado de mi pelo pasados esos días no te lo puedo ni contar.

Esos primeros días fueron los más difíciles. Yo intentaba pensar que era todo por una buena causa, que afortunadamente no estaba enferma y sólo me quedaba esperar a recuperarme de la operación… Paciencia… Y dejarse cuidar, algo que a las madres nos cuesta un poco asumir. Y así fue, pasó rápido y en seguida empecé a ver la luz.

Primeros dos meses

Desde que me quitaron el drenaje a los seis días, todo fue rodado, y mejoraba por minutos.

También empecé a recibir masajes de drenaje linfático que ayudan muchísimo a deshinchar y expulsar líquido. Y encima, me resultaban muy relajantes. He tenido la suerte de dar con una fisioterapeuta encantadora que venía a mi casa y me ha ayudado mucho en la recuperación emocional, y en aceptar mi nuevo abdomen.

Así estaba un mes después

 

Cada día vas haciendo cosas nuevas: volver a conducir, dar paseos cada vez más largos, y recuperar la movilidad en general… Lo único que está completamente vetado es cargar pesos y hacer esfuerzos grandes. Así continúo dos meses después.

Aún sigo llevando faja. Las cuatro primeras semanas llevaba la tubular día y noche. Luego la tubular por la noche y por el día una más “estética”. Ahora solo llevo faja por el día.

En el ombligo llevo una canica para dar forma redondeada. Yo no veo que haga mucho, la verdad, me da que se me va a quedar alargado (cero problemas al respecto, solo lo comento por constatar lo que creo un hecho).

Me dieron el alta médica a las 7 semanas de la operación. Me encontraba fenomenal en ese momento, y así sigo. Me siento genial.

Resultados abdominoplastia

Algo que creo fundamental es saber qué puedes esperar después de una intervención de este calibre. Las expectativas pueden hacer que someterte a todo esto haya sido la mejor o la peor decisión de tu vida.

Quizás si te operas pensando que vas a quedar como cuando tenías 18 años, luego te lleves un gran chasco. Por eso veo muy importante comentar este punto con el cirujano (si es que él no lo menciona en las consultas previas).

antes y después de mi abdominoplastia

 

En mi caso, me imaginaba que la barriga sí se iba a quedar más o menos plana, y así fue (aunque insisto, no estoy como cuando tenía 18 años, ni tampoco como cuando tenía 30 y me quedé embarazada de Zipi y Zape). Pero estoy bien, por ese lado estupendo y muy contenta.

Sin embargo, en lo que a la piel se refiere, el cirujano plástico me había advertido de que el estado de la piel que quedaba por encima del ombligo se iba a mantener igual que estaba (solo que ubicado en la parte baja del abdomen), con sus estrías y demás. Un poco más estirada, pero con la misma calidad. Y efectivamente, la porción de piel desde la cicatriz hasta el ombligo no luce divina ni de lejos, está arrugadilla, poco tersa, sin luminosidad… Igualmente, no me supone ningún problema.

Respecto a la funcionalidad, estoy muy muy contenta. El dolor crónico de espalda ha desaparecido. Mi postura (aunque aún queda mucho que reeducar) mágicamente ha pasado de “jorobada de notredame” a “medio-normal-ponte-un-poco-recta-mujer”.

 

En resumen…

Teniendo en cuenta que

  • el motivo principal para operarme no era la estética, sino la funcionalidad;
  • mi abdomen llevaba cinco años hecho un auténtico carajal, y peor no me podían dejar;
  • convivo bien con las cicatrices y algunas otras marcas que habitan mi cuerpo

Puedo decir que ESTOY MUY FELIZ CON LOS RESULTADOS

 

abdominoplastia feliz

Lo del ombligo es una canica para darle forma ^_^

 

Por decirlo claramente y simplificando: si cuando tenía 18 años (con sus correspondientes complejos adolescentes) a mí me enseñan una foto de mi abdomen a día de hoy, me habría llevado las manos a la cabeza y me habría dado un parraque. Sin embargo, si esta misma foto post-abdominoplastia me la enseñan hace 10 meses, habría ardido en deseos de meterme al quirófano en ese preciso instante… Y es que, todo es relativo en esta vida, amigos…

Si estás pensando en pasar por esto y me estás leyendo en estos momentos, más abajo puedes dejarme un comentario y preguntar lo que quieras. Prometo contestar.

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Asturiana, habladora compulsiva, culo inquieto, Licenciada en un par de cosillas y madre de 3 + 3. Los tres primeros son 🌟 🌟 🌟 y los tres siguientes (los mellizos Zipi y Zape y el pequeño Tamagochi), afortunadamente nos dan mucha lata. No soy superwoman, trabajo en equipo con mi Pantuflo. Nadie dijo que fuera fácil... pero ¿y lo bien que lo pasamos?

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