Nadie dijo que fuera fácil… Criar a bebés mellizos es una experiencia única y especial, ¡pero agotadora! Y si añadimos el factor primerizos es una prueba de resistencia vital… Pero todo mejora. Si estás pasando por ello, ánimo y disfruta lo que puedas. El tiempo vuela.

Supongo que el hecho de tener más hijos marca una gran diferencia en el plano psicológico, a la hora de afrontar esos primeros meses. Elena puede dar fe de ello. Pero en nuestro caso, como no teníamos esa suerte, de repente nos vimos inmersos en un torbellino del que pensábamos que no íbamos a salir nunca. No veíamos más allá, bastante teníamos con mantenernos en pie (es increíble la capacidad de aguante y adaptación que tiene el ser humano).

Y a esta sensación de estar en un túnel con muy poca luz no ayuda mucho el hecho de encontrarte por la calle una media de dos graciosos al día que, cuando vas con tus retoños dormiditos en su capazo (en uno de esos momentos únicos del día en que duermen los dos a la vez) va y te dice “uy ya verás cuando empiecen a correr, tú disfruta ahora que luego va a ser peor” (en línea con esto recomiendo encarecidamente leer un post de hace tiempo del blog Mi Mamá Mimosa hablando del Aterrapreñás).

¿Peor? ¿Puede ser peor?

Para mí, NO. A medida que pasan los meses todo va a mejor, como contaba hace poco en esta otra entrada. Creo que la luz no la vimos de golpe, sino que etapa a etapa fuimos intuyendo que al otro lado de aquel túnel negro había luz, primero la vislumbramos tenue, luego un tímido resplandor, y finalmente, algo parecido a un paraíso gemelar al que aún no hemos llegado pero que ya podemos atisbar:

Mellizos de 2 meses:

Recuerdo una amiga que dio a luz un año antes que yo, que me contaba que para ella fue muy duro el primer mes y a partir de ahí todo fue a mejor. Siempre me decía que en mi caso serían los dos meses. Y creo que tenía razón. Los dos primeros meses fueron una debacle, éramos dos zombies que no distinguíamos la noche del día y estábamos asimilando la llegada de dos criaturas a la vez; amén de mi recuperación de la cesárea , todo el proceso del postparto, y de la jugadita que me hicieron en el hospital…

Mellizos de 4 meses

Los bebés ya sujetaban perfectamente la cabeza y podía cogerlos a los dos a la vez en cualquier postura sin miedo a que se desnucaran (que sí, que soy primeriza y creía que los niños se podían romper). Además la alimentación está ya muy asentada y comen menos veces al día (hablo de bebés alimentados con lactancia artificial), y cambias menos pañales y mudas a lo largo de la jornada. Empecé a salir sola con ellos a cualquier sitio y llevando menos cosas (la bolsa de paseo aún seguía pareciendo el baúl de la Piquer, pero de cuando se iba de gira por España, y no por Latinoamérica, y además yo ya tenía en mi cerebro un programa específico para prepararla y me llevaba menos tiempo). Por otra parte los bebés ya distinguían día y noche, eso no significa que nosotros durmiéramos toda la noche, ni de lejos, pero dormíamos mucho más que al principio, y no todas las veces que se despertaban era para comer, a veces sólo necesitaban un achuchón, un besín y el chupete y se volvían a dormir;

Mellizos de 6 meses

Los bebés ya no lloraban tanto y eran mucho más receptivos con todo, prestaban toda la atención cuando les cantaba una canción o les hacía monerías y fijaban la vista con precisión, por lo que cada vez me resultaba más fácil entretenerlos a la vez y gestionar los llantos simultáneos. Además, y contra todo pronóstico, por entonces Zipi se destapó como un gran ceporro y empezó a dormir del tirón. No más de 6 o 7 horas, pero nos parecía una maravilla;

Mellizos de 9 meses

La época del gateo me resultó muy divertida y placentera. Por un lado fue un poco estresante al principio porque empiezas a ver peligros por todas partes, pero para los niños fue muy buena porque el hecho de poder desplazarse y alcanzar aquello en lo que fijaban la vista les resultaba gratificante y estaban menos frustrados: aún no sabían pedir lo que querían, pero muchas veces lo agarraban ellos solos. Verlos desplazarse solitos, cada uno con su estilo particular de gateo, me llenaba de ternura. Y cierto es que iban cada uno para un lado, pero eran fáciles de alcanzar;

Mellizos de 15 meses

El caos completo volvió a mi vida y dejé de visitar (yo sola con los dos) parques que no fueran el de la urbanización donde vivimos. Uno empezó a caminar con 11 meses y otro con 13, pero fue más o menos a los 15 cuando dominaron la técnica perfectamente y echaron a correr… cada uno para un lado, con intereses diferentes. Pero habían ganado mucho en autonomía, se les veía casi siempre felices y desinhibidos y yo no necesité ningún gimnasio para perder hasta el último de los 25 kg que cogí en el embarazo, ¡y unos pocos más! Así que a pesar del estrés, estábamos todos más felices y los niños dormían cada vez mejor;

Mellizos de 18 meses

Creo que aquí abandonamos definitivamente el túnel. y divisamos la luz en todo su esplendor, y es que Zape se unió al club de los ceporros y dejó de despertarse sistemáticamente casi todas la noches (aunque sólo fuera para poner un chupete o dar un beso, noche sí, noche no, teníamos que levantarnos). Desde entonces lo normal es no levantarse ninguna vez y las noches zombies se convirtieron en la excepción. Tanto es así, que ya hemos recuperado el nivel de profundidad del sueño y alguna que otra noche hemos tardado más de la cuenta en despertarnos, ¡porque ni les oímos!;

Mellizos de 23 meses

Ahora tienen 23 meses y es una maravilla. Están en otra etapa, la de la cabezonería, pero es genial. Cada vez pasan más ratos entretenidos uno con otro en casa. Interactúan mucho. Están aprendiendo a expresar lo que sienten. No hablan todavía, pero ayer al volver a casa del parque, Zipi de repente se para, se sienta en el suelo, me señala el zapato y me dice “pupa”, me acerqué, le quité la sandalia, y allí había un montón de piedrecitas que se le habían metido y le estaban molestando. Es una tontería, pero el ver cómo se empiezan a comunicar con mensajes precisos (aunque sean monosílabos) me llena de alivio y satisfacción.

Y cuando hablo con otros papás de gemelos mayores, me vaticinan un futuro de luz, dicen que a partir de los dos años y medio es coser y cantar, y con tres te asientas en el paraíso gemelar. Aunque los problemas son otros… pero todo es más llevadero…. ¿no?

Y vosotros, ¿en qué etapa estáis? ¿Cuándo visteis la luz?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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