¿Tienes gemelos o mellizos y te estás planteando tener otro hijo? Nosotros lo hicimos y en esta entrada te cuento cómo recibieron Zipi y Zape a su hermano pequeño.

Cuando Zipi y Zape tenían 2 años decidimos ampliar familia. Siempre hemos querido tener tres hijos, y cuanto más seguidos, mejor (esas cosas que piensa uno cuando no tiene hijos aún jaja). No contábamos con que los dos primeros bebés se iban a llevar solo 5 minutos, pero ya puestos… nos apeteció lanzarnos a la piscina y no postergar en exceso la búsqueda del tercero. Que además, con los antecedentes que traíamos, no sabíamos si se nos iba a dar bien el quinto embarazo o repetiríamos pérdidas 😢. Finalmente hubo suerte, el embarazo llegó rápido, y el tercer mosquetero nació tres años después que sus hermanos.

Durante el embarazo de Tamagochi, una de las frases que más me repetían es “Qué bueno además, que como los hermanos son dos no van a tener celos“… Yo la verdad, no lo tenía nada claro. Zipi y Zape siempre han sido dos, no saben lo que es tener atención exclusiva. Sin embargo, eso no quita que quieran renunciar a su porción de atención, es decir, 50% que han recibido desde que nacieron… Y aplicando la misma lógica, cuando hay dos hermanos de distintas edades y nace un tercero, el segundo no debería tener celos. La práctica demuestra que sí los tiene.

Da igual que sean mellizos, los celos afloraron

Pues bien, no me equivoqué… En nuestra familia, los “terribles 2” no fueron más que una anécdota comparados con los 3. Fue un año ciertamente intenso.

Zipi preguntó al segundo día de volver del hospital que cuándo se iba Tamagochi a su casa. Es una anécdota que quedará en la historia de la familia, porque nos reímos muchísimo y todavía lo hacemos cada vez que lo recordamos. Por lo demás, los hermanos mayores aparentemente no estaban afectados por la nueva situación.

Aparentemente…

Para empezar, no me hacían ni caso. Ni a mí ni al bebé. Me ignoraban por completo. Por un lado pensaba que era mejor eso que tener que “quitármelos” de encima a cada rato.. Pero por otro lado… se me rompía el corazón a cachitos.

Todo el trajín coincidió además con el primer año de colegio de los mellizos, en el que no parecían estar muy contentos. Armaban perretas por la mínima cosa. No querían levantarse por la mañana, ponían problemas al vestirlos, en el desayuno, al subirse al coche, en el camino del coche al cole, se me echaban al suelo gritando en plena calle… Todo perfectamente des-sincronizado, eso sí. Un día la armaba uno mientras el otro observaba tranquilo e impasible la escena, y al día siguiente al revés. (Así han sido para todo desde que nacieron). Y ahí es donde notamos que lo estaban pasando muy mal. No hicimos nada (no nos daba tiempo) más allá de intentar prestar atención al perretoso del día, que suponemos que al fin y al cabo lo que intentaba hacer es llamar la atención. Intentábamos no perder la paciencia con ellos… Pero es que eso es taaaan complicado a veces…  Y la perdíamos la mitad de las ocasiones.

Y así fueron pasando los meses. Me daba mucho miedo cuando Tamagochi empezase a hacer monerías, cómo se lo iban a tomar sus hermanos, porque muchas veces es en ese momento en el que la manifestación de los celos alcanza su punto álgido. Sin embargo, después de los primeros meses tormentosos, la cosa fue remitiendo hasta “normalizarse”. Aunque, aparte del caos cotidiano, no tengo muy claro qué es normal y qué no en una familia con tres niños tan seguidos…

Me llama la atención especialmente que Zipi y Zape nunca han tenido un ataque de celos directamente hacia Tamagochi. En resumidas cuentas, que no le han agredido. Esperaba que en algún momento lo hicieran. Sin embargo, han sido bastante cuidadosos (salvo un episodio en que Zipi se cayó encima de él por un descuido).

En resumen…

Al final, haciendo balance, no ha ido tan mal. No tengo elementos de juicio para comparar el nivel de celos cuando hay un solo hijo y llega el segundo. Creo que más que en la situación, va en cada niño. Así que no sé hasta qué punto el comportamiento de Zipi y Zape ha sido tan positivo en términos generales porque son mellizos o porque la situación se dio como se dio.

Foto: 123rf

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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