No quiero pensar cómo puede ser tener a tres o más de un golpe. Si eres una de ellas, me arrodillo ante ti. Y no hablo del parto. Creo que el parto es lo mejor y más llevadero. ¡Lo peor viene después! ¡Hay que sobrevivir a la maternidad gemelar!

Ya hemos hablado en otras entradas de que compartimos la maternidad con nuestros doños (Pantuflo o Willy Fogg), y contamos con la ayuda de abuelos que siempre están encantados de echar un cable, de alguna tía o tío que disfruta achuchando sobris, da igual que sean los gemelos/mellizos o los “singles”, mientras tú te pegas una ducha para ser más persona… Pero eso es el día a día. Y lo difícil, por lo que estoy viendo, es lo que se acumula.

Imagínate que un día te regalan una caja llena de bombones. Eres taaaan generosa y no quieres engordar más de la cuenta (aunque después de parir a pares, por mucho que quieras lucir bikini, el 90% de la población lo luciremos pero … Ya no será lo mismo, comas bombones o no)… Bueno… Que me despisto. Pues que en vez de pegarte la jartá de bombones, pues cada día coges uno, y das uno (o dos) a tus peques, o un trocito a una amiga, otro día un trozo a tu jefe, y otro día una esquinita a tu marido. Y cuando han pasado 2, 3, 4 años…. ¡Desaparecieron todos!

Pues para mí, a día de hoy, 4 años después de tener a Purpurina y Pepinillo, y 9 años después de haber iniciado mi fabuloso camino de la maternidad, aquí me hallo, con una caja de bombones vacía. ( o casi)… Y a ver cómo la relleno ahora. Si encima tenía ganas de comerme alguno hoy… ¡Y no me quedan!

¿Con esto qué quiero decir? Que la maternidad es absorbente. Es fantástica, muy reconfortante y todo eso que hay que poner para que nos sigas leyendo 😍 pero es que  ser madre o padre de pares, además de ser hij@, espos@, amig@, jefa/e o compañer@, am@ de casa, cociner@, enfermer@,  gestor/a de viajes, cuidador/a de niños, columpiador experto, capitán/a del equipo de mus del barrio, organizador/a profesional, y probador/a de muestras del super… AGOTA. Y lo peor es que no solo agota sino que VACÍA. Ya sabes que Ana y yo somos sinceras, y que los blogs pinterest e instagrameros donde todo es ideal, aquí nos cuestan…somos felices por el simple hecho de tener la suerte de ser madres y de mellizos, que no todo el mundo tiene ese honor. Pero madre mía… ¡Lo que agota y lo que vacía!

De vez en cuando, para que no sea tarde, pregúntate: “¿Quién soy? ¿Qué me gusta?” Y compáralo con un “¿Quién era antes de ser madre? ¿Qué me gustaba?”. Yo ya llego tarde, aunque nunca es demasiado tarde y estoy intentando remontar, pero de corazón te recomiendo que cada poco lo pienses, y te plantees si te estás dedicando tiempo para ti. Del bueno de verdad. Aunque sea una vez cada 3 meses, pero tiempo para hacer eso que más te gusta y que mantiene tu caja de bombones más o menos llena, a pesar de repartir un montón de ellos por el mundo. Porque el cansancio físico existe, y cuando pares a pares (o más), no te lo quita nadie. Sin embargo, el emocional es el más difícil y del que hay que ir recuperándose poco a poco, antes de que sea tarde.

¡Ánimo!

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Elena Aguirre

Soy Elena, madre de 4 peques, psicóloga según el diploma que me dieron al acabar la carrera, y directora de Recursos humanos "en mi tiempo libre". Si ahora volviese atrás, estudiaría magisterio, en lugar de psicología, porque me encanta disfrutar de y con los peques. Me encanta ver las cosas desde su perspectiva. Nunca pensé que tendría 4 hijos, y menos que algunos serían mellizos!pero a día de hoy no sobra ninguno y tendría más si me dejasen. Con Willy "Fogg" , que de vez en cuando nos ayuda con algún post por aquí, hacemos un equipo bastante bueno, y sobrevivimos en esto de criar a 4 peques. Soy un espíritu libre, así que, cuando no "parqueo" o estoy con los peques, necesito ver el mar cada poco, o escaparme al monte o a sitios que no conozco, viajar,salir a tomar unas cervezas con amigas entre semana, respirar aire fresco a primera hora de la mañana, y lo daría todo por ir a trabajar caminando. Devoro tabletas de turrón de Suchard, de las que hago acopio en Navidades, y cuando se me acaban, ataco la Nutella a cucharadas. La vida sin chocolate no tiene sentido. Y si tuviese todo el tiempo del mundo y me tocase la lotería, además de hacerme con una casita con prao delante del mar (con huertiquín, por supuesto), me pasaría horas montando legos y maquetas de papel o cartulina.

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