Desde que nacieron Purpurina y Pepinillo hemos tenido 3 sillas gemelares, cada una bien distinta de la otra. En su momento hice una revisión de la Bugaboo Donkey, y solo puedo hablar cosas buenas de ella.

Me ahorro los comentarios sobre la Maclaren gemelar. A mi no me gustó. Fue lo peor de lo peor.

Y la tercera en llegar a casa fue la Joovy Caboose. Fue la sustituta de la Bugaboo y la compramos cuando los peques empezaron a caminar, pues queríamos algo más pequeño, más estrecho, más ligero y más maniobrable. La cogimos con el asiento adicional, que permite que el que va detrás tenga un respaldo cómodo donde recostarse, pues con la banqueta y el patinete no lo veíamos claro, y nosotros somos de salir mucho por ahí a conocer mundo.

La silla la pedimos por internet a Carlitos baby y la compramos con descuento. Nos llegó a casa súper rápido pero lo malo de comprar estas cosas online es que te vienen en su cajita como las de Ikea, para hacer un “móntalo tu mismo”. Y lo cierto es que no fue nada difícil: se han esmerado tanto en la practicidad de la silla que tiene un diseño muy austero, y de “montar sillas para torpes” (lo rojo engancha o pliega, lo gris no) ; vaya, que como un Dacia Logan en el mundo de las sillas… En casa la llamamos la silla ortopédica. De hecho, el gancho que hace que no se despliegue una vez montada parece un abrelatas, y lo que digo es literal: es como un abrelatas.

Sin embargo, dejando de lado la estética, la silla es genial:

  • La altura del manillar es perfecta. Es elevado, más que el de muchas sillas.
  • La capota cubre muchísimo y viene con un plástico para la lluvia que tapa la totalidad de la silla, incluso al hermano que va atras sentado.
  • La función de patinete trasera para llevar a un hermano detrás del que va sentado asegura la diversión en la calle, ademas de muchas peleas por quién va ahí, y la superficie de apoyo es muy amplia.
  • Tanto el asiento “oficial” como el auxiliar se reclinan muchísimo, y los nuestros se pegaron unas siestas descomunales en ellos hasta hace dos días.
  • Viene con un bolso de neopreno alrededor del asa superpractico para llevar toallitas, los bibes y el movil y las llaves.
  • El cesto inferior tiene unos compartimentos laterales para meter las cosas cuando un hermano va sentado en el asiento auxiliar (las piernas se apoyan dentro de ese cesto), y eso te resuelve el problema de dónde meter las cosas, no todas, pero si muchas.
  • Da sensación de robustez, y maniobra muy bien. Pesa poco y se pliega muy fácil.

Para mi gusto solo le fallan tres cosas

  • La estética, que hace que mucha gente no la compre por la primera impresión;
  • El reposapies del asiento delantero, que lo veo justo para cuando son algo más mayores y se les queda pequeño pronto, lo que hace que duerman la siesta con las piernas encogidas;
  • La doble rueda delantera, que cuando pillas un bordillo de lado, se te queda enganchada en el hueco intermedio, pero que vamos,.. Pocas veces tienes que subir un bordillo en lateral o diagonal 🙂

Por lo demás creo que es una compra perfecta, racional y práctica, económica pero sin perder prestaciones. (Parece que estoy haciendo la revisión de un monovolumen… )

Un abrelatas, y es literal

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Elena Aguirre

Soy Elena, madre de 4 peques, psicóloga según el diploma que me dieron al acabar la carrera, y directora de Recursos humanos "en mi tiempo libre". Si ahora volviese atrás, estudiaría magisterio, en lugar de psicología, porque me encanta disfrutar de y con los peques. Me encanta ver las cosas desde su perspectiva. Nunca pensé que tendría 4 hijos, y menos que algunos serían mellizos!pero a día de hoy no sobra ninguno y tendría más si me dejasen. Con Willy "Fogg" , que de vez en cuando nos ayuda con algún post por aquí, hacemos un equipo bastante bueno, y sobrevivimos en esto de criar a 4 peques. Soy un espíritu libre, así que, cuando no "parqueo" o estoy con los peques, necesito ver el mar cada poco, o escaparme al monte o a sitios que no conozco, viajar,salir a tomar unas cervezas con amigas entre semana, respirar aire fresco a primera hora de la mañana, y lo daría todo por ir a trabajar caminando. Devoro tabletas de turrón de Suchard, de las que hago acopio en Navidades, y cuando se me acaban, ataco la Nutella a cucharadas. La vida sin chocolate no tiene sentido. Y si tuviese todo el tiempo del mundo y me tocase la lotería, además de hacerme con una casita con prao delante del mar (con huertiquín, por supuesto), me pasaría horas montando legos y maquetas de papel o cartulina.

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