Por lo que he leído, en general los gemelos tardan más que los bebés únicos en desarrollar la conciencia del “yo” y “lo mío” y, en mi caso, sí que noto diferencia entre mis hijos y otros bebés de su edad (18 meses).

En lo que respecta a “lo mío”

Cuando les quitan un juguete, como mucho pueden llorar un poco pero al segundo están entretenidos con otra cosa. En un primer momento sí que intentan recuperar lo que les han quitado, pero más por el hecho de que les hayan privado de la diversión que tenían entre manos, que porque les hayan arrebatado algo de su propiedad. He observado, por ejemplo, cómo otros bebés de su edad protegen sus juguetes aunque no los estén utilizando, de tal forma que si en el parque alguien se acerca a donde están sus pertenencias, inmediatamente dejan lo que están haciendo y acuden raudos a defender lo suyo y no dejan que nadie coja nada. Los míos aún no han hecho eso nunca. Y si yo cojo a algún otro bebé, no protestan ni tienen ningún tipo de celos.

En lo que respecta al “yo”

Como ser independiente de su hermano, la verdad es que aparentemente se les da fenomenal, porque la mayor parte del tiempo se ignoran, como ya comentábamos en nuestra entrada “¿Cuándo jugarán juntos mis gemelos?”. Bromas aparte, esto es normal por la edad que tienen. Creo que tienen claro quién es cada uno, pero a veces llamo a uno y me mira el otro. O pregunto “¿Dónde está Zipi?” y Zape responde “aquíiiii” (o a la inversa).

Todo llega a su tiempo, así que no me preocupa mucho que de momento no tengan conciencia de propiedad. Sin embargo, respecto a la conciencia del “yo”, sí me parece importante que la desarrollen adecuadamente, cuando les toque, sin prisas, pero bien, diferenciando que son dos personas independientes, con vidas independientes, y que deben saber vivir el uno sin el otro, aunque sean (ojalá) inseparables. He conocido historias de gemelos (algunas contadas en primera persona por uno de sus protagonistas) que no se llevan nada bien, y tengo mis teorías peregrinas al respecto. En algunos casos, los que me han contado en primera persona, he deducido que precisamente la fuente de sus desavenencias venía del trato recibido por su entorno durante su infancia, porque eran tratados como si fueran un paquete inseparable, sin prestar atención a su individualidad; o también por haber sido comparados constantemente.

Como todo, la independencia entre ellos llegará en su preciso momento, mi objetivo es simplemente no entorpecerla. Para ello, estas recomendaciones que leí en “El gran libro de los gemelos”, de Coks Feenstra, pueden resultar útiles:

– Llamarles siempre por su nombre, y evitar el término “los gemelos”. Es importante insistir en que otras personas de nuestro entorno sigan este ejemplo;

Ponerles nombres bien distintos, como Guillermo o Alfredo en lugar de Mario y Marcos;

– Delante de los familiares, hablar de sus diferencias, y no de sus semejanzas;

– Intentar dedicar momentos a cada uno individualmente, haciendo actividades por separado con ellos, como por ejemplo salir mamá a hacer un recado y llevarse a uno, y dejar a papá en casa con el otro;

– Si van a guardería, es importante que la cuidadora sepa distinguirlos. Vestirlos de forma diferente o bordar su nombre en la ropa ayudará mucho;

Designar a cada niño su propia cuna, manta, muñeco, etc.

– Vestirlos con prendas diferentes o complementarias (mismo modelo, distinto color).

En lo de la ropa fallo bastante. Como te contaba en la entrada ¿Vestir a los gemelos iguales?, mi idea previa antes de que nacieran era precisamente llevarlos diferentes. Pero luego nacieron, llegó el estrés, la falta de tiempo y la practicidad, y a mí me resulta muchísimo más cómodo, ahora que aún son bebés y no deciden lo que quieren ponerse, llevarlos iguales o, como mucho, complementarios.

Marcar la diferencia

Para solventar el tema de la ropa diferente, y de los objetos propios de cada uno, decidí marcar las cosas. A través de una conocida, descubrí una empresa online que se dedica a hacer etiquetas personalizadas. Se llama Lovely Tags.

Puedes personalizar las etiquetas a tu gusto, con sus nombres con o sin apellidos, con dibujtitos… Nosotros compramos el pack hermanos, que es muy cómodo porque te facilita la tarea de decidir cuántas y qué tamaños comprar, y porque sale un poco más rentable. Vienen tres tipos de etiquetas: para ropa, para zapatos y para objetos.

Las etiquetas de ROPA

Son termoadhesivas y muy fáciles de aplicar con la plancha a temperatura no muy alta. Resisten bastante bien los lavados y la secadora. Hemos marcado, además de la ropa, las toallas de baño y los sacos de dormir, antes no sabíamos con qué toalla estábamos secando a cada uno, no nos acordábamos de un día para otro cuál habíamos usado el día anterior con qué hermano, y lo mismo con los sacos;

Las etiquetas de OBJETOS

Son pegatinas, así que más fáciles de poner imposible. Son también muy resistentes, porque he metido varias veces en el lavavajillas los biberones de agua de los niños, y las etiquetas han resistido perfectamente. También marcamos los juguetes, muy útil cuando bajo al parque de casa, que la mitad de los días se me queda algo al volver y así el conserje o quien los encuentre sabe de quién son. Lo único es que si la superficie no es lisa, no pegan bien;

Las etiquetas de ZAPATOS

Son las que más me gustan. También son pegatinas, redondas, que se pegan dentro del zapato, en el talón (antes marcábamos la suela con rotulador permanente, pero en algunos zapatos no había zonas no expuestas al roce del suelo, y se borraban al segundo uso). Vienen con unas pegatinas transparentes para poner encima y así no se borran las letras y dibujos con el roce del pie y el sudor. En el pack hermanos solo vienen 6 por niño, un poco escasas. Así que lo que he hecho es marcar sólo un zapato de cada uno, pero los pies opuestos, y de esta forma no te puedes confundir (salvo que directamente te confundas de niño, como ya me ha pasado alguna vez…)

¿Marcas las cosas de tus hijos? ¿Cómo haces para diferenciar lo que es de cada uno?

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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