El primer cumpleaños de Purpurina y Pepinillo me está trayendo recuerdos de esos primeros días de su vida en nuestra familia.

 

Este post va sobre la cruda realidad tras mi parto en el hospital.

El parto de Purpu y Pepi para mí fue distinto. Fue casi todo nuevo. No solo porque tuvo más público en el quirófano que la final de la Champions, pues parece que un parto natural de gemelos no es lo habitual en el Hospital de Oviedo, sino que además fue distinto porque a pesar de estar rodeada de un montón de personas, estaba sola. Al tratarse de un parto “de riesgo”, que se hacía en quirófano, no en paritorio, mi marido no pudo estar presente hasta que los mellis nacieron.

Creo que si hubiese sido mi primer parto, me habría sentido aún más sola, pero sabía a lo que iba, qué iba a pasar (más o menos), qué me iban a hacer, qué tenía que hacer yo, cómo tenía que empujar… y sabía que no tardaría en ver al papi, pues sería cuestión de que los dos estuvieran fuera para que le dejasen entrar.
Pero tanto me marcó esa soledad que el recuerdo más fuerte que tengo de ese parto no es el de ver salir a mis bebés y achucharlos, sino de ver entrar a mi marido por la puerta del quirófano y tenerle cerca para alegrarnos JUNTOS de que todo había ido bien, de que los mellis estaban con nosotros, “a salvo”, listos para conocer al resto de su familia, y de que nuestra familia había crecido y era un regalo. Es en estos momentos cuando tu pareja es más que tu pareja, es más que tu compañero de viaje. Es parte de tu equipo, de un proyecto compartido. Te das cuenta de que hay momentos en la vida en los que ya no existes solo tú, sino que tu identidad de repente es una identidad colectiva.
Lo mismo me pasó luego con los mellis. Como eran muy chiquititos, tuvieron que llevárselos unos días a Neonatología. Es una sensación también muy anclada la de estar en la sala de postparto (pues como sufrí en otro embarazo una hipotonía uterina, tenían que mantenerme bajo observación durante unas 6 horas después del parto para cerciorarse de que el útero se contraía adecuadamente), y estar allí con mi marido, recién parida, y sin bebés….
Sensación que continuó durante las siguientes dos semanas al parto, hasta que nos llevamos a Pepinillo por fin a casa, que fue el último en salir.

Recuerdo especialmente difícil el día que me fui del hospital, al tercer día de dar a luz. Mi casa está dos calles más allá de la puerta del edificio de maternidad. Los bebés estaban en la planta de neo y solo podíamos verles cada 3 horas. Y mis hijos mayores estaban “repartidos” por la familia, que nos ayudaron a entretenerles durante los días que pasé en el hospital. Mi marido tenía que estar con ellos siempre que podía para que no se sintiesen desplazados esos días, así que cuando me dieron el alta, tuve que agarrar mi bolsa, mis flores, e irme a casa sola… ¡y a pata! Y volver a casa sola después de dar a luz, sin tus bebés, se hace cuanto menos raro. ¡Y encima la casa estaba vacía! Todos estaban fuera…Creo que una madre nunca está lista para dejar a sus bebés en un hospital (o a sus hijos mayores) ni para volver a casa sin ellos tras haber dado a luz. Aquí juega un papel muy importante el papi, la familia, los amigos…  Porque donde las hormonas están revueltas, en estos casos más. A veces me pregunto por qué el apoyo psicológico es tan puntual en la salud pública. Yo creo que habría agradecido unas palabras con perspectiva en ese momento. Habría agradecido un apoyo más personal y sentimental por parte de un profesional en esas dos semanas, que no solo me dijese cómo avanzaban mis bebés, sino que me preguntase cómo avanzaba yo, cómo estaba afrontando esos momentos, cómo estaba llevando el cambio y la aceptación de que lo que tenía que ser (irme a casa con los bebés desde el día uno, estar juntos….) no había sido tal.

Os recomiendo, y esto lo digo con cierta deformación profesional de Psicóloga (y eso que no ejerzo como tal actualmente), que habléis, que compartáis vuestros sentimientos, vuestras inquietudes, vuestros miedos, vuestras soledades… Buscad un apoyo, un compañero/a. Soltad lastre. Dar a luz es muy bonito,
pero puede llegar a ser duro si no es como esperas o como debería ser.

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Elena Aguirre

Soy Elena, madre de 4 peques, psicóloga según el diploma que me dieron al acabar la carrera, y directora de Recursos humanos "en mi tiempo libre". Si ahora volviese atrás, estudiaría magisterio, en lugar de psicología, porque me encanta disfrutar de y con los peques. Me encanta ver las cosas desde su perspectiva. Nunca pensé que tendría 4 hijos, y menos que algunos serían mellizos!pero a día de hoy no sobra ninguno y tendría más si me dejasen. Con Willy "Fogg" , que de vez en cuando nos ayuda con algún post por aquí, hacemos un equipo bastante bueno, y sobrevivimos en esto de criar a 4 peques. Soy un espíritu libre, así que, cuando no "parqueo" o estoy con los peques, necesito ver el mar cada poco, o escaparme al monte o a sitios que no conozco, viajar,salir a tomar unas cervezas con amigas entre semana, respirar aire fresco a primera hora de la mañana, y lo daría todo por ir a trabajar caminando. Devoro tabletas de turrón de Suchard, de las que hago acopio en Navidades, y cuando se me acaban, ataco la Nutella a cucharadas. La vida sin chocolate no tiene sentido. Y si tuviese todo el tiempo del mundo y me tocase la lotería, además de hacerme con una casita con prao delante del mar (con huertiquín, por supuesto), me pasaría horas montando legos y maquetas de papel o cartulina.

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