Un embarazo de dos requiere muchas energías y deja el cuerpo exhausto. Además supone una gran transformación física. Hoy te vamos a contar cómo nos ha ido la recuperación después de tamaño esfuerzo.ANA

Los bebés pesaron 3,240 y 2,960 kg, al nacer, así que os podéis hacer una idea de lo voluminoso de mi barriga.

En la foto de más arriba estaba de 32 semanas. Por aquel entonces, en las contadas ocasiones en que salía de mi cueva (aún estaba con el reposo) la gente por la calle daba por sentado que ya estaba cumplida y no hacían más que desearme una “horita corta” frente a mi inminente parto.

15 meses después del parto, esto es lo que ha pasado en mi cuerpo:
El peso
Cogí 25 kg durante el embarazo, de 55 llegué a 80 el día del parto.
Aproximadamente a los 6 meses ya había bajado 20, y a día de hoy peso un poco menos que cuando me quedé embarazada.
La receta es fácil, por un lado no tengo mucho tiempo para deleitarme con la comida, así que como lo justo y necesario para que mi cuerpo funcione, eso sí, intentando prestar atención, en la medida de lo posible, a comer de todo y alimentarme bien.
Y por otro, no hay mejor gimnasio que ocuparse de dos bebés. Primero es un no parar de poner y quitar ropa, pañales, hacer biberones (no digamos ya si das el pecho), coger a un niño, coger al otro. Y ahora sigue sin ser un no parar detrás de ellos. Ir al parque quema más calorías que una hora intensa de spinning.
El “tipo”
Lo de los kilos me resultó muy fácil, pero el tipín… Digamos que he recuperado casi todo, me sirve (y hasta me queda holgada) toda la ropa pre-embarazo, ya no hay flotadores alrededor de la cintura, y el trasero parece que está en su sitio, de hecho vestida parece que estoy “casi” igual que antes. Pero como he contado en el post La diástasis de los rectos abdominales, tengo una lesión importante en el abdomen cuyo resultado estético es una barriguita prominente, la piel arrugada (aunque sorprendentemente sin estrías), y el ombligo como una pasa. Vamos, que no me he vuelto a poner un bikini, qué suerte que se lleva el estilo retro y el bañador está de moda. Estoy trabajando en ello y algo está mejorando… Espero poder escribir alguna entrada en unos meses contando que los ejercicios para fortalecer los trasversos, la gimnasia hipopresiva y un tratamiento específico que he encontrado, han obrado el milagro. En realidad no es tanto la estética lo que me preocupa (si quiero recuperar el ombligo no me quedará otra que operarme) sino los dolores de espalda, una inquietante tendencia a parecerme al jorobado de Notre Dame (me cuesta mantener la posición erguida) y la incomodidad general que me provoca la lesión.
El tono muscular
En la entrada El reposo en el embarazo gemelar hablaba sobre todo el descanso que hice en el embarazo, que fue mucho. Siempre he sido de constitución más bien fibrosa porque soy un nervio andante. Durante el embarazo, como tenía mucho tiempo para pensar y observarme, un día me sorprendí fijándome en mis brazos. Donde antes había músculo, ahora se veía relleno mullidito. A los seis meses de dar a luz (cuando empiezas a tener algo de tiempo para volver a mirarte en el espejo), nuevamente me volví a sorprender de cómo mis brazos habían recuperado el músculo, sin yo hacer nada (nada más que tener a todas horas a uno u otro bebé en brazos…). Y no hablemos del tono muscular en las piernas. Las últimas semanas de embarazo apenas podía caminar, mis piernas soportaban a duras penas los 80 kilazos con que llegué al parto. Un día me agaché doblando las rodillas y mi padre tuvo que venir a socorrerme porque no me podía levantar ni agarrándome a los pomos de los cajones de la cocina. A día de hoy las piernas están igual de fuertes que antes del embarazo, aunque con más venitas rotas.
El pecho
Siempre he tenido un escote más bien discreto (discreto no, discretísimo). Durante el embarazo estaba alucinada, me había puesto unas cuantas tallas encima, y muy bien colocaditas además. Y con la subida de la leche, ya fue el festival. Pero en cuanto dejé de dar el pecho, se desinfló y se cayó… Parece que poco a poco va volviendo a su sitio. Aunque lo bueno de no tener mucho peso en la zona es que la gravedad afecta menos…
La piel
Durante el primer y segundo trimestre de embarazo mi cara se llenó de granitos rojos. Poco a poco se fueron quitando y nada más dar a luz, tenía la piel radiante, luminosa, tersa, hidratada, suave… lo de nunca, vamos… Pero, como todo lo demás, también ha vuelto a su sitio, en este caso a peor….
El pelo
No he tenido más pelo en mi vida que durante el embarazo. No se me caía ni uno. Después de pasarme el cepillo aparecían uno o dos despistados, y el suelo del baño lucía impoluto como nunca. A los dos meses de dar a luz, el hechizo se rompió y el pelo empezó a caer literalmente a puñados. Me asusté bastante pero tras consultarlo me dijeron que es bastante normal la caída de pelo tras el embarazo. Así que después de unas semanas que pensé que me quedaba pelona como mis hijos, todo volvió a su cauce y la melena luce hoy igual que antes. Bueno, igual igual no, me ha salido alguna canilla de más (eso no es del embarazo, sino de la edad y la herencia) y cuando estoy con los niños lo llevo estilo comando, o sea, recogido de cualquier manera, porque si no les resulta divertidísimo agarrarse de mechones a modo de lianas.
Así que como conclusión, a día de hoy, si quitamos el “pequeño” detalle de la barriga (que ya digo que vestida no se nota demasiado) por lo demás todo, lo bueno y lo malo, ha vuelto a su estado preconcepcional.
ELENA
Aprovecho el estupendo post de Ana para daros mi breve versión de las tres recuperaciones que he tenido que afrontar. Si bien coincido plenamente con Ana en lo que os cuenta, añado un par de cosillas:


Las estrías.
Por suerte, no tuve tantos problemas de distensión como Ana, ni siquiera en el último embarazo, el gemelar. Pero sí que en este he sufrido alguna que otra estría en la zona del ombligo, supongo que por el tamaño de la tripa, que también fue tirando a tremenda hacia las últimas semanas de embarazo. En los tres me cuidé mucho para evitarlas, eso sí. Mucho aceite de bebé después de la ducha, mucha crema antiestrías… Es muy importante para que la recuperación sea más fácil.
Las estrías aparecerán en la tripa, y también en el pecho, porque con la subida de leche ya no solo se sufre una distensión importante de la piel durante el embarazo, sino también en el postparto. Y si encima ganas unos kilos de más, cualquier zona del cuerpo es candidata a que aparezcan.


Acné
Sí, a lo adolescente. Y durante varios meses después del parto. Yo estoy como cuando estudiaba BUP. Y me pasó en los demás embarazos. Durante unos meses. Por lo visto son desarreglos hormonales… ¡ojalá se ajusten pronto! Ya llevo 7 meses y nada, no hay forma de controlarlo.
Podría hablar del peso, pero aún no me siento capaz de dar buenos consejos al respecto. Aún 7 meses después sigo con kilos de más, y eso que tengo cuatro hijos y no paro. Pero tampoco paro de comer.  Por pura ansiedad. En cualquier caso, una amiga me dijo que hasta que no ha pasado un año desde el parto, el cuerpo sigue recuperándose y reajustándose, así que paciencia. En el caso de gemelos, hasta diría que debe pasar por lo menos un año y medio.
Si sirve de algo, lo que mejor viene es comer sano, caminar mucho, y caminar después de comer, a ser posible. El resto va solo. La naturaleza es sabia, y para esto más. Aunque cualquier ayuda “extra” siempre suma : )

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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