¿Qué etapa te parece más difícil en la crianza de los múltiples: el primer año (0-12m) o el segundo (12-24m)?

Hacía tiempo que quería escribir sobre esto y preguntarte tu opinión a ti, que estás al otro lado de la pantalla, porque yo no lo tengo del todo claro y he oído todo tipo de opiniones. Mis mellis tienen 4 años y los dos primeros nos resultaron muy difíciles, a partir del tercero todo fue más llevadero, incluso cuando llegó el hermanito.

El primer año de vida de los mellizos fue muy intenso. Éramos primerizos, no teníamos perspectiva y pensábamos que nos íbamos a quedar instalados en aquello toda la vida. No dormíamos, siempre había un bebé demandando/llorando (ahora con 4 años también demandan mucho, pero saben
explicarte con mayor o menor precisión lo que les pasa, no es necesario tenerlos en brazos constantemente, van al baño solos, comen solos, razonan, entienden cuando les hablas, y un larguísimo etcétera…). Alimentar a dos bebés es una ardua tarea, sea pecho o leche artificial (a mí no me convence aquello de que el biberón es “muy cómodo”… te pueden ayudar sí, pero no nos engañemos, al final el 80% de las tomas se las das tú sola o el papá si es quien se queda con ellos, y los bibes hay que lavarlos, prepararlos, esterilizarlos… todo por dos… un engorro, vamos). Salir de casa con ellos era como preparar las maletas para irse de viaje, no fuera a ser que se nos olvidara algo en casa y se acabara el mundo. En fin, cualquier tarea se convertía en una odisea, teniendo en cuenta la revolución hormonal, el cansancio extremo y el SdP en pleno apogeo.

El segundo año de vida de los mellizos ya estábamos un poco más curtidos. Parecía que las aguas volvían a su cauce, o más bien, que ya se habían hecho al cauce nuevo. Habíamos ganado algo de confianza y seguridad. Nuestra solidez como pareja se había vuelto a cimentar tras el terremoto gemelar que nos hizo tambalear. No obstante, adelgazamos tanto que nuestro entorno y familia se llegó a preocupar por nuestra salud (nadie tenía gemelos así que no sabían lo que es correr detrás de dos de la misma edad… sí, es que somos de esos que no tienen “antecedentes”) y si escuchar a dos bebés llorando desconsolados me parecía estresante, tener a dos fitipaldis intrépidos corriendo por todas partes, cada uno por su lado (especialmente en sitios públicos donde los pierdes de vista) superó cualquier cota de ansiedad que yo me pudiera imaginar. Ya no era posible dejarlos en el carrito llorando si era menester, porque sabían zafarse de los arneses y bajarse. Caminar con ellos de la manita por la calle era impensable. Hacer cualquier gestión en lugar público, un reto.

Con todo, me inclino más a pensar que para nosotros cada año ha sido mejor, más llevadero. El segundo fue mejor que el primero, lo llevamos mejor al menos. Incluso con la llegada del pequeño Tamagochi que ha vuelto a tambalear las bases de nuestra existencia, nos ha parecido que la evolución siempre es positiva y cada día las cosas son más fáciles.

Supongo que ninguna etapa está exenta de dificultades y retos. Y sé que si tienes hijos adolescentes, o preadolescentes, me dirás aquello de “niño pequeño, problema pequeño, niño grande, problema grande”.

Pero echa la vista atrás, piensa en las noches sin dormir, el dolor de espalda, la inexperiencia, la inseguridad, la falta de tregua constante, los virus malignos, la logística…
Y dime, para ti, qué fue más duro, ¿el primer año de tus múltiples o el segundo?

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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