En casa llevamos meses diciendo: hay que empezar a lavarles los dientes a los niños… Y nunca encontrábamos el momento adecuado… Hasta ahora, que el momento vino forzosamente a nosotros…

Precisamente la semana pasada Elena nos hablaba de la seguridad infantil en casa, con sus mellis y sus dos hijos mayores. Y es que es tan difícil, por no decir imposible, tener todo controlado… A mí sólo me queda rezar… Pero a veces ni con esas. Porque la semana pasada nos encontrábamos de vacaciones en un apartamento en la playa y Zipi se dio un buen leñazo. No sabemos muy bien cómo fue porque cuando llegué me lo encontré tirado en el suelo llorando y con una hemorragia como si le sobrara sangre en el cuerpo.

Como ya sabía de otras caídas que la zona de la boca es muy escandalosa porque cualquier herida sangra un montón, intenté conservar la calma y esperar a que cesase la hemorragia para poder “valorar” el desastre… No, en serio, no me voy a hacer la dura, en realidad si no llega a estar el papá presente llamo a una ambulancia. Pero gracias a él mantuvimos la calma y efectivamente en unos pocos minutos paró de sangrar. Total, que lo que le pasó fue que del golpetazo contra el suelo se mordió en el interior del labio inferior con uno de los incisivos superiores (o sea, con lo que toda la vida en mi tierra hemos llamado “paletos”). El diente se le movía un montón, y estaba toda la encía morada y había incluso una bolsita de sangre, y en la parte interina del labio inferior tenía una herida considerable. Un cuadro, parecía Rocky Balboa, de lo hinchado que tenia el labio.

A medida que fue pasando el día aquello tenía muy mala pinta, tanto el diente como la encía de arriba y la herida interna del labio inferior, así que por si las moscas lo llevamos al médico, no fuera a ser que necesitara puntos o qué sé yo. No hizo falta nada, pero nos recomendaron llevarlo a un odontopediatra (¿mande?).

Así que lo llevamos al dentista y de la visita saqué dos conclusiones interesantes que os quería comentar por si os sirven:

– Siempre que se produzca un golpe muy fuerte en la boca, y los dientes se muevan, es bueno llevar al niño al dentista (si es a uno especialista infantil, mejor) para que pueda valorar la dimensión del traumatismo. A veces puede parecer a simple vista que la contusión está evolucionando bien y sin embargo no es así, y cuanto antes se tomen medidas, mucho mejor. En nuestro caso nos dijo que no parecía que hubiera fractura pero que quería hacerle un seguimiento por si se producía infección y era necesaria la extracción del diente;

– La odontopediatra me explicó, que es el meollo de este post, cómo limpiar los dientes de los peques. Esto es algo que hasta ahora no nos habíamos tomado muy en serio, más que nada por pereza, porque pelear con mis zagales a última hora del día, cuando estamos todos hechos polvo, es agotador. Así que lo que hacíamos, y no todas las noches, era cepillarnos delante de ellos y darles sus respectivos cepillitos para que nos imitaran, más que nada para que se fueran iniciando en el importante ritual de la higiene bucal. Luego intentábamos como podíamos pasarles nosotros el cepillo para limpiar algo, pero poco conseguíamos, y a todas luces insuficiente. La doctora me dio unas simples pautas para el cepillado que me han resultado muy útiles:

    • Colocar al niño como se aprecia en la foto de más arriba;
    • Sujetar el cepillo como si fuese un bolígrafo, así evitamos hacer demasiada presión sobre los dientes y encías del pequeño;
    • Cepillar cada pieza suavemente con movimientos de arriba hacia abajo.
Y ya está, desde entonces el momento del cepillado es hasta divertido, a los niños les resulta muy curioso, se muestran colaborativos y ¡no protestan nada!

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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