Cuando esperas gemelos, una de las cosas que más ilusión te hace es esa relación tan mágica y especial que habrá entre ellos desde que nacen. Buscas en youtube vídeos de gemelos y te tronchas de la risa viendo cómo unos recién nacidos se toman de la mano, otros con 3 meses se ríen a carcajadas con solo mirarse, otros de 8 meses juegan al escondite con una cortina de por medio, o los archifamosos bebés en pañales de 1 añito que mantienen una acalorada discusión en la cocina articulando como únicas palabras ta-ta-ta-ta-ta.

Ante esto tus expectativas suben como la espuma, espoleadas por el imaginario popular y los mitos en torno a los gemelos. Te crees que vas a tener poco menos que un circo en casa.
Y luego llega el momento tan esperado de entrar por primera vez en el hogar con tus hijos. Y bueno, las expectativas nunca son como uno había imaginado. Para empezar, mi entrada fue muy poco triunfal, porque apenas podía caminar (ver nuestra entrada Cómo sobrevivir al postparto y no morir en el intento) y me encontraba fatal. Pero bueno, aparte de esto, nada de lo visto en youtube y oído de las leyendas urbanas sobre gemelos, se cumplió. Nuestros hijos, aparentemente, se IGNORABAN de una manera asombrosa. Luego fueron pasando los meses y, ni juegos bajo la cortina, ni conversaciones en ta-tañol, ni nada de nada. Si acaso algún momento aislado de persecuciones gateando, de miradas furtivas, de quitarse el chupete (bueno lo de quitarse el chupete es algo continuo, pero lo hacen con cualquier bebé por la calle también), de conversaciones a golpe de “ah-ah-ah-ah” pero sin mirarse, de reírse uno de otro… Momentos en que casi siempre, of course, había una cámara a mano para grabarlo. Esos momentos los celebrábamos por todo lo alto como el comienzo de algo nuevo, del “ahora sí”, ahora ya por fin es el inicio de la era de la interacción… Pero no… Al rato otra vez vuelta a la tónica de indiferencia gemelar…
Así que decidimos resetear todas esas expectativas y dejar de esperar a ver cuándo llegaba por fin el día en que actuaran como se espera de unos gemelos. Y empezamos a observarlos, a dejarnos llevar, a fijarnos en cómo se comportan los bebés únicos de su edad (para ver que no podemos esperar milagros) y poco a poco fuimos descubriendo y recordando cosas asombrosas de su comportamiento en estos 15 meses de vida:
  • Cuando eran muy bebés muy pocas veces lloraban a la vez (casi siempre cuando tenían hambre, aún lo siguen haciendo). Las raras veces en que lloraban a la vez, si los poníamos uno al lado de otro, en vez de calmarse los dos (como algunos padres de gemelos nos han contado que les pasaba a sus hijos) sólo uno se callaba para dejar llorar al otro. Cuando este se calmaba, empezaba a llorar el que se había callado primero. Y así sucesivamente;
  • Este llanto intermitente de los primeros meses fue evolucionando, y a día de hoy tampoco lloran casi nunca a la vez. Si uno un día está molesto porque por lo que sea no se encuentra bien, su hermano está todo el día callado sin protestar. De alguna forma se ceden la atención, para que nos dediquemos al que más lo necesita en cada momento. ¡Hasta para ponerse malitos se turnan! Primero uno, después otro;
  • Aún a día de hoy cuando uno llora por la noche, el otro ni se inmuta, no sabemos si se despierta o no, pero no protesta. Uno de ellos, Zipi, ha llegado a estar 2 horas seguidas llorando sin consuelo (y nosotros allí con él, pero no hay forma de que se calme) sin que su hermano haya rechistado;
  • Ahora que están empezando a hacer algo remotamente parecido a hablar, si le preguntas a uno algo (del estilo: ¿Cómo hace el león?), te contesta su hermano, que parece que está a su bola en el otro lado del salón (es decir, están pendientes el uno del otro aunque nos parezca todo lo contrario);
  • Se imitan como dos monitos, especialmente cuando llegan a un sitio nuevo y se ponen a investigar las cosas nuevas que ofrece el lugar. Si uno descubre que tocando con la mano en un sitio hace un ruido concreto, el otro va detrás y le imita;
  • Desde que empezaron con la dentición han desarrollado una afición a morder todo lo que se les ponga por delante (incluidos brazos, piernas, o cualquier “cacho carne” de otras personas). Sin embargo, nunca se han mordido entre ellos;
  • Nunca se han agredido, ni tropezado uno con otro, ni peleado dentro del parque. Suponemos que las peleas llegarán, pero fruto de discusiones normales dentro del propio juego, ahora es como si supieran siempre dónde está la cabeza/pie/brazo de su hermano en todo momento para evitar hacerle daño;
  • Aún no han desarrollado el juego social, pero sí van cada día desarrollando un poco más el individual. A veces uno le quita el juguete al otro, que protesta un rato pero en seguida se calma y al rato lo intenta recuperar. Otras veces, se turnan. Uno está con un juguete un rato y otro con otro, y cada pocos minutos, lo dejan en el suelo casi simultáneamente y van a por el del hermano. Todo esto sin cruzar ni siquiera la mirada;
Y esto es todo. A nosotros nos parecen momentos únicos, irrepetibles, que nos llenan de ternura unas veces, y otras nos provocan carcajadas… Pero la verdad es que no son nada espectaculares y por supuesto, están bien alejados de los mitos gemelares.
Hace poco una mamá de gemelos me comentaba que estaba esperando ese momento en que sus hijos empezaran por fin a interactuar. Otra multimamá le había comentado que sus hijos con 6 meses habían empezado a jugar juntos. Los de ella tenían 4 meses y estaba hasta preocupada porque me decía que se ignoraban totalmente. Cuando le dije que mis hijos, con 15 meses, aún no juegan juntos, se quedó hasta aliviada.
Según el concepto que tengo yo de “jugar”, me parece complicado que unos gemelos de 6 meses sean capaces de realizar esa actividad, y además interactuando uno con otro. Con esa edad los bebés (da igual si son únicos, gemelos, trillizos o cuatrillizos) no tienen conciencia social ni de juego. No soy especialista en la materia, pero me encanta observar a otros niños en el parque, y no he visto ningún bebé de 6 meses que sepa jugar o interactúe con otros bebés. Así que los gemelos no son diferentes, se desarrollan de la misma forma que un bebé único, con la diferencia de que en cada paso nuevo que dan siempre tienen a su lado un compañero incondicional con quien compartirlo (a su manera).

(Soy Elena: Hago una anotación al post de Ana). Mis hijos mayores se llevan entre ellos 21 meses. No empezaron a jugar juntos hasta que el mayor tuvo 4 y pico y la pequeña 3. Y aún así, sus juegos en común eran un desastre. Siempre acababan cada uno a lo suyo, y enfadados.

He empezado a notar que mis hijos mayores empezaron a socializar con niños de su edad a partir de los 3 años y pico. Y a jugar en grupo, o con otros niños, compartiendo juegos y tareas, más hacia los 3 y mucho…hasta entonces el juego es individual. Pueden jugar físicamente juntos antes de esa edad, pero pocas veces será un juego común.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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