Hoy queremos hablar de esas cosas que nadie nos cuenta que pasan cuando das a luz un bebé (y menos aún cuando das a luz a dos de una vez). No queremos meter miedo a nuestras lectoras embarazadas, nuestra intención es contar la que fue nuestra realidad, para que cuando te enfrentes a estas cosas, no te pillen por sorpresa.

Entendemos que no sea un tema de conversación en cualquier cafetería. Pero no comprendemos por qué calan tan profundo mensajes tan dañinos como “no cojas al niño que se malacostumbra” (ver nuestra entrada “Mentiras” arraigadas) que todo el mundo conoce antes de tener hijos, y, sin embargo, en torno al postparto en el imaginario popular figuran famosas recién paridas que están estupendas y publicidades de cremas para el culito del bebé en las que la madre luce impecable. Eso, amiga, no es real.
Así que aquí va un listado de cosas que es posible que te sucedan nada más dar a luz, que son normales, y que no hay nada como aceptarlas y dejarlas pasar para poder vivir un postparto lo menos traumático posible:
1- La lactancia: la leche materna es el mejor alimento para tus bebés, de eso no cabe ninguna duda. Pero amamantar a dos bebés es tremendamente complicado. Si optas por ello, asume que te vas a pasar los primeros meses de la vida de tus hijos con un bebé colgado en el pecho, día y noche, sin poder hacer otra cosa. Es muy posible que te salgan grietas, que duela, que tarde en subir la leche, que te parezca una tortura cada vez que te colocas uno al pecho. Busca ayuda (a ser posible antes de dar a luz) y no desfallezcas, es el mejor regalo que puedes hacer a tus hijos. En esta entrada hablamos sobre por qué fracasó la multilactancia de Ana;
2- El enamoramiento: algunas mamás afirman que nada más ver a sus criaturas se ven envueltas por un halo de amor incondicional y sienten un flechazo hacia sus hijos. Eso no siempre ocurre. Y si no te pasa a ti, es normal. Es posible que nada más ver a tus hijos lo primero que pienses es “¿cómo demonios cabían aquí dentro?” o “¿esas dos personitas tan perfectas las he hecho yo?” y luego sientas una necesidad imperiosa de protegerlos. Pero amor, lo que se dice amor, no siempre surge en la primera toma de contacto. Al fin y al cabo sois dos (tres) desconocidos que tenéis que aprender a convivir juntos. El amor va creciendo día a día;
3- La Tristeza: los hijos son lo más grande de la vida, y fuente de la mayor felicidad. Pero su llegada a casa no siempre es feliz, y es muy posible que no estés, ni de lejos, pletórica. Por momentos te invade una tristeza indescriptible que no entiendes de dónde viene ni por qué te ataca de esa manera. Déjala pasar, llora lo que haga falta, mañana será otro día, y poco a poco vas viendo salir el sol;
4- El Cansancio: ¿te acuerdas de aquellos lunes tras un fin de semana de marcha desenfrenada? Pues te sentirás así continuamente durante varios meses, con la “pequeña” diferencia de que no puedes tirarte en el sofá a descansar cuando te apetezca, y no sabes cuándo vas a poder hacerlo (no hoy, sino en los próximos meses). Hay dos bebés que te necesitan en todo momento, y que es posible, y probable, que se turnen para demandar tu atención, por lo que el consejo de “descansa cuando lo haga tu bebé” con dos no suele funcionar. Pero sí hay que procurar dormir lo más posible e involucrar de vez en cuando a terceros. Las curas de sueño puntuales quizá te den algo de vidilla. Despreocúpate si puedes, sáltate alguna toma y descansa. Descansa sin sentirte culpable. Será bueno para todos;
5- Descontrol: cuando estás tan cansada, no sabes ni dónde tienes el pie izquierdo. Tu casa es un caos, a veces te olvidas hasta de comer, no hay horarios, el día y la noche se funden en uno y te conviertes en una autómata, te parece que nunca vas a salir de ese túnel y que tu vida siempre va a ser así, tienes la sensación de que todo se escapa a tu control. Es todo normal, y se pasa, visto con perspectiva, pasa muy rápido, pero hay que vivirlo;
6- Recuperación tras un parto gemelar: Elena dio a luz de forma natural y Ana por cesárea, os contamos cada una nuestra experiencia:
      • Parto vaginal: a las pocas horas de dar a luz estaba ya como una moto, subiendo a pie a neonatología a ver a mis bebes. Solo te duele un poco por ahí abajo si te han tenido que hacer algún corte para facilitar la expulsión, pero no sentirás mayor dolor. Es cómodo dar a luz de forma natural. La recuperación suele ser rápida, te permite irte pronto a casa (aunque  no siempre te puedes ir con tus bebés, en caso de los gemelos, al ser más probable que sean más pequeñitos o nazcan antes, pues se tienen que quedar algo más que tú). Te permite volver a ser “persona” antes.
      • Cesárea: los primeros días apenas te puedes levantar. Esto, con dos bebés demandando continuamente, es un poco desesperante. Estornudar o toser es una odisea, yo me sujetaba la barriga cada vez que lo hacía. Cuídate bien la cicatriz, lávala con agua y jabón neutro y sécala bien. Yo la llevaba siempre con una gasa o una compresa postparto encima para no rozar con la ropa interior. Déjate ayudar y no hagas demasiados esfuerzos. En 7 días te quitan los puntos y, aunque aún te falta para estar bien, ya puedes empezar a moverte un poco más. Sobre todo y ante todo, paciencia, mucha paciencia. Es duro pero se sobrevive y en seguida estás corriendo detrás de los bebés. Ser mami te da una fortaleza que no sabes de dónde sale.
7- Recuperación de un embarazo gemelar: olvídate de las famosas que salen a la puerta del hospital luciendo figura, y tres semanas después posan en un photocall fardando de haber perdido ya todo el peso ganado durante el embarazo. Hacen mucho daño y están, en general, bastante alejadas de la realidad. La recuperación tras un embarazo es larga. Piensa que tu cuerpo ha estado durante 9 meses transformándose (y creciendo…), no puede volver a su estado inicial de la noche a la mañana. Los primeros días, tu barriga es un colgajo, pero se va encogiendo mágicamente, el cuerpo recuerda. Dicen que hasta pasado un año (año y medio, o dos, diría en el caso de gemelos) tu cuerpo no vuelve a ser el mismo. Pero termina volviendo, y sin que tú hagas nada. Date tiempo, no te agobies, no tengas prisa por empezar a ir al gimnasio. Y sobre todo, y ante todo, NO HAGAS ABDOMINALES (de las clásicas, se entiende). Podéis leer nuestra entrada hablando de la recuperación física tras el embarazo gemelar;
8- Las visitas. ¿Son inevitables? En algunos casos sí. Las visitas son contraproducentes para casi todos. Para ti, porque estás agotada…¡como para tener que preocuparte de cosas como si tienes ganchitos y cervezas para la amiga de la prima de tu madre que viene a ver a los bebés! Y luego encima recoger la casa corriendo, para que esté bonita, no vayan a pensar que estás en plan okupa, con todos esos miles de baberos tendidos por todas partes, los pañales sucios que se te olvidaron en el cambiador, esos pelos de loca que no te has lavado en 5 días porque ni siquiera puedes ducharte con calma… Algo que te enseña la experiencia es que las visitas, que esperen. Los bebés necesitan silencio, tranquilidad, necesitan tus brazos y tus abrazos, no los gritos ni los brazos de la vecina del quinto del portal de enfrente. Y quien te quiere, entenderá esta posición. Las visitas más adelante, espaciadas, con calma, para disfrutarlas cuando tú ya estés mejor y hayáis cogido la dinámica de los bebés, y cuando los bebés se hayan acostumbrado a este nuevo y ruidoso mundo;
9- La diástasis de rectos abdominales: en algunos casos, como el de Ana, se produce una lesión en el abdomen debido al estiramiento de los músculos durante el embarazo. En el plano físico esto provoca sobrecarga en la espalda. En el plano estético, la barriga no vuelve a recuperar su forma original y queda abultada y un poco descolgada (pero se encoge igualmente y con ropa apenas se nota). No te asustes, no es habitual que esto suceda, pero sí es cierto que las embarazadas múltiples tenemos alguna papeleta más debido al mayor tamaño de la barriga. Si te pasa, puedes leer esta entrada hablando del tema;
10- La cuarentena: es el tiempo que transcurre mientras te sucede todo esto que hemos ido describiendo. Cuando hay gemelos (no digamos trillizos) deberían inventar un término nuevo, porque dura más de cuarenta días, tanto en la parte física como, especialmente, en la emocional.
      • Durante unos cuantos días tendrás un sangrado muuuy intenso, son los loquios. Y para rematar, no puedes usar tampones ni compresas normales, sino unas de algodón, de 5000000 cm de grosor y que ni siquiera tienen pegatina para adherirse a tu ropa interior. Total, un carajal, no hace falta que demos más detalles. Hemos descubierto unas, adhesivas y con alas, de la marca Indasec Postpart. No las tienen en todas las farmacias, pero son muy cómodas;
      • Retomar las relaciones de pareja tras la multicuarentena puede ser un momento delicado. Según el tipo de parto que hayas tenido, y si encima has guardado reposo en el embarazo (cosa probable en el embarazo gemelar), es como empezar de cero. Además, la revolución hormonal y el cansancio te dejan la libido por los suelos. Es importante hablar las cosas con el papá y explicarle cómo nos sentimos. Lo entenderá, y bueno, él estará tan agotado como tú, así que no hay prisa, encontraréis el momento.
Por último, aquí os dejamos unos consejillos para sobrevivir al postparto sin morir en el intento. Es una etapa muy dura, pero vivirla plenamente dejándose llevar ayuda a superarla y salir por la puerta grande. Es un período único, precioso, que sólo vivimos una vez con cada embarazo. Disfrútala lo que puedas y ¡enhorabuena por tus hijos!

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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