Imagen: http://tratamiento-ansiedad-depresion.com
Esta mañana en la calle me
topé de frente con un cartel de Paula Vázquez anunciando una clínica de
reproducción asistida. Me pareció muy bonito el cartel, pero no lo voy a poner aquí porque ya bastante publicidad le he hecho a la clínica sin quererlo… 
El mensaje rezaba algo así como
“Paula decide cuándo ser madre”. Porque Paula, bueno, la clínica, ha vitrificado sus óvulos para, en un futuro, fecundarlos y someterse a una posterior Fecundación In Vitro y así tener un bebé cuando ella quiera. Algo de este mensaje
publicitario me rechina, o más bien me escuece por mi historia personal, yo
creo que podemos decidir cuándo NO ser madres, pero cuándo serlo no está
únicamente en nuestras manos, y no siempre llega (ni siquiera cuando no tenemos ningún problema de fertilidad) en el momento preciso y exacto
que nosotros queremos… Y por mucho que haya avanzado la ciencia, la
reproducción sigue siendo un gran milagro inexplicable, que no se consigue a
golpe de talonario. Evidentemente el dinero ayuda, es necesario para afrontar los
costosísimos tratamientos como el que anuncia Paula Vázquez, pero ni todo el oro del mundo te garantiza que vayas a conseguir un embarazo y tener un bebé. (Justo esta semana
leía una noticia hablando de que Elle McPherson será mamá por vientre de
alquiler. Tiene vitrificados sus óvulos, pero no ha conseguido quedarse
embarazada con ellos a sus 50 años).


Yo no he recurrido a la reproducción
asistida para conseguir embarazo, ya que siempre ha llegado con facilidad. Sin
embargo, sí he tenido problemas de infertilidad porque mis tres primeros
embarazos, por uno u otro motivo, se malograron y pasé por una batería de
pruebas para ver qué podía estar pasando (sin ningún resultado concluyente,
porque nunca encontraron ningún motivo que explicara los abortos y no me
quedaba otra que seguir jugando una macabra lotería a ver cuándo me tocaba el
gordo). El caso es que la reproducción asistida me despierta mucha curiosidad, en algún momento me llegué a plantear que podría necesitarla, y me gusta conocer y saber acerca del tema. En la sombra, sigo muchos blogs de mamás de la #infertilpandi, en los que cuentan sus
particulares batallas contra la infertilidad. Me llega al corazón su tesón y su
valentía, sus infinitas ganas de ser mamás contra viento y marea. Me alegro con
cada positivo, con cada embarazo que evoluciona bien, y con cada bebé que llega
sano y salvo. Y no dejo de preguntarme por qué a ellas les cuesta tanto algo
que para otras personas es tan natural (y poco valorado) como respirar. Pero
sobre todo, seguirlas y leerlas me ha servido para apreciar (más aún) el
milagro de la vida y el proceso reproductivo completo, no sólo los 9 meses de
embarazo que es lo que a mí se me hace un mundo, sino desde antes de la concepción. Y también he aprendido que los tratamientos de reproducción asistida no son ni milagrosos, ni fáciles. 

Me llama la atención el desconocimiento
que hay en torno a este mundo de la infertilidad, y por supuesto, el negocio
que implica. Supongo que quienes sacan dinero con ello son en parte
responsables de la ceguera en la que vivimos la sociedad general. Han conseguido convencernos de que si no logras concebir un hijo de forma espontánea, en estos sitios lo
conseguirás casi chascando los dedos y cuando a ti te apetezca. Y así te
encuentras (como leía en un blog de una ginecóloga especialista en la materia) con
pacientes que con 46 años acuden a consulta de fertilidad porque llevan un año
buscando embarazo sin éxito. Y cuando la ginecóloga, tras una larga y cuidadosa
explicación del ciclo reproductivo, concluye diciendo, con el mayor tacto
posible, que lograr un embarazo con tus propios óvulos a los 46 años es altamente
improbable (imposible de momento no es, haberlos haylos), la paciente se ofende
porque la están llamando vieja.
Un tratamiento de reproducción asistida
tiene muchos costes, aparte del económico. Emocionalmente también supone
mucho desgaste, sobre todo cuando no se logra a la primera (algo habitual)
ni a la segunda ni a la tercera… A esto hay que sumar el proceso físico que
implica someter al cuerpo a grandes chutes hormonales y medicación, estimulaciones que te dejan los ovarios a punto de reventar, dolorosas punciones, y un largo
etcétera. La mayoría de parejas acaban consiguiendo su sueño, pero es mucho el
desgaste por el camino. Y eso debería saberse, y no banalizarse. Y no digamos
ya, despreciarse, porque parece que si tus hijos han sido fruto de tratamiento tiene “menos mérito”, ¡manda narices! ¿Y a quiénes no os han preguntado más de una vez y de dos aquello de si vuestros mellizos/trillizos son
“naturales”? Como si los concebidos con ayuda fuesen de plástico, ¡hombre ya! 

También debería saberse que los óvulos de Paula Vázquez, que a día de hoy tiene
40 años, no son óptimos para vitrificar, salvo que sea un prodigio de fertilidad (que no digo yo que no lo sea, pero en cualquier caso no es lo habitual). Si cualquiera de nosotras, personas de
la calle, acudimos a una clínica de reproducción asistida para preservar
nuestros óvulos con la edad de esta mujer nos informarán de que por encima de los 35 años nos queda aproximadamente el 10% de la
reserva ovárica con la que nacimos, y además no todos los ovocitos son de buena
calidad(*). Vamos, que no es todo tan sencillo como decidir vitrificar y luego cuándo quedarte embarazada…

En fin, que menos mal que existen todos los avances que ha logrado la ciencia,
y parejas que lo tenían francamente complicado hace menos de 30 años, hoy en
día pueden conseguir embarazos y bebés sanos. Pero de ahí a pensar que está en nuestras manos decidir cómo y cuándo “hacer” nuestros hijos, va un trecho… Por desgracia, este último es el mensaje que interesa difundir… 

Aprovecho para mandar un abrazo, aunque no me conocen, a todas las mamás
(porque ya son mamás de corazón) de la #infertilpandy y desearles toda la fuerza del mundo, ¡valientes!

(*) Fuente: PERAITA; Laura, Todo lo que debes saber si estás pensando en congelar tus óvulos. 2014 [fecha de consulta 24 de marzo de 2015]. Disponible en:  http://www.abc.es/familia-parejas/20141017/abci-congelar-ovulos-embarazo-201410161032.html

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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