Si ya viajar con un bebé recién nacido es un mundo, viajar con dos es un universo. Pero todo es ponerse. Hoy te cuento mi experiencia de viajar en avión con gemelos.

La primera vez que nos subimos los cuatro juntos en un avión los peques aún no habían cumplido tres meses. Imagínate la situación, con dos bebés que apenas sujetan la cabeza, no tienes las manos libres en ningún momento, y no puedes dejar al bebé que llevas en brazos al papi porque… ¡él tiene otro! ¿Y cómo haces para plegar el carro en la puerta del avión? Carro que, recordemos, es gemelar y por tanto un armatoste que requiere las dos manos para ser doblado. ¿Y para ir al baño, preparar el biberón, o comer si se precia? Supongo que al fin y al cabo la situación se asemeja a la de una mamá (o papá) de un bebé único que viaja sola/o con él.

Aquí va un listado de cosas a tener en cuenta cuando se viaja en avión con bebés gemelos (y sólo van dos adultos):

Planificación, planificación, planificación. Desde una semana antes del viaje, empiezo a apuntar todas las cosas que no se me pueden quedar. Así cuando llega el momento es raro que se me olvide lo más básico;

– Hasta que los bebés cumplen dos años viajan en el regazo de un adulto. Por lo que si yo quiero viajar sola con los dos, aparte de que sería una locura, es materialmente imposible, no me venderían el billete porque cada bebé va vinculado a un billete de adulto, y uno de los gemelos se quedaría sin regazo (de momento las mamás/papás de gemelos sólo tenemos uno);

Documentación necesaria: tradicionalmente, los bebés podían viajar con sus papis con el libro de familia. Últimamente, con las compañías de bajo coste, ha proliferado la exigencia de DNI a los bebés. Es importante consultar con la compañía qué documentación hace falta. Si tenéis que sacar el DNI a los gemelos, las risas están aseguradas;

Menos es más: Nunca he viajado más ligera que desde que llevo a mis niños conmigo. Mis maletas van con lo mínimo imprescindible. Y las de ellos también (de momento siempre llevamos una sola maleta para los dos), llevo las mudas necesarias para cuatro días y luego con las lavadoras vamos reponiendo;

Ligereza en la cabina: sólo llevamos sin facturar una bolsa de mano donde tener las cosas de los bebés. Y nuestro sólo llevamos la documentación y poco más, a bordo no hay tiempo (ni espacio) para otra cosa que no sean ellos;

Equipaje para facturar: salvo que sea low cost, que tienes que pagar hasta por respirar, en las compañías “tradicionales” tienes derecho a facturar un bulto por cada bebé. Este bulto puede ser una maleta, hamaca, o lo que quieras. El carrito (y los capazos, si aún usamos) en principio no cuenta en este cómputo, te dejan acceder con él hasta la puerta del avión y allí te lo recogen (capazos incluídos) y te lo devuelven a la salida (bien en la puerta del avión, bien en la cinta de recogida de equipaje);

– Es importante preparar bien la bolsa de mano, con los pañales necesarios, mudas, dosis de leche si no damos pecho, chupetes de sobra, juguetitos para entretenerlos, etc. Plantéate las necesidades que vas a tener a bordo (si les toca toma, si hay cambios de temperatura y tienes que abrigarlos o quitarles prendas, etc) y elige muy bien la colocación, para tener todo a mano, recuerda que tendrás que encontrarlo con una sola mano porque la otra está ocupada con tu bebé y el papá no te puede ayudar;

– Preparad la cara de padres agobiados, es imprescindible para que algún alma caritativa sujete a uno de los bebés mientras uno de vosotros pliega el carro a la entrada del avión. Esto sobre todo es importante cuando son muy pequeños, luego ya te las apañas dejando a uno en el suelo, o contigo en el portabebé;

Acomodación en cabina: la familia al completo no puede ir sentada junta. En cada grupo de asientos siempre hay una mascarilla de más. Es decir, en los aviones que tienen tres asientos a cada lado del pasillo, hay cuatro mascarillas por cada tres asientos. De tal forma que si se ocupan los tres asientos, más dos bebés, faltaría una mascarilla. Conclusión: no os dejan sentaros a los cuatro juntos. Nosotros solemos ocupar los asientos de pasillo, uno a cada lado de la misma fila. Podéis salvaros si la compañía es low cost y no asignan asiento, y el avión no va lleno. En ese caso sí podéis sentaros los cuatro juntos, siempre y cuando nadie quiera ocupar el tercer asiento (tranquilos, nadie querrá…);

Nada de salida de emergencia. Los asientos más amplios en los vuelos nacionales (en los aviones pequeños) están en la salida de emergencia. Olvidaos del tema si vais con bebés, porque no os dejan sentaros ahí. Esto lo aviso especialmente por si viajáis en compañía de bajo coste, que por un módico precio se pueden reservar. Tiraríais el dinero, porque os harían cambiar de asientos nada más sentaros;

– Ten los chupetes siempre a mano, especialmente en el despegue y aterrizaje, ya que con los cambios de presión les pueden doler los oídos, aunque a mis hijos nunca han tenido problemas con esto. La succión les ayuda a aliviar estos inconvenientes. Lo mejor es el pecho, si eres una afortunada multimamá que lo da les aliviará mucho, pero claro, sólo podrás dárselo a uno porque el otro tiene que ir con su padre, no puedes despegar ni aterrizar con los dos encima. Recomendación que te da todo el mundo (todo el mundo que no tiene gemelos): haz cuadrar las tomas con despegue y aterrizaje. Mi experiencia: aparte de que en la práctica es muy complicado cuadrarlo, la logística de llevar preparado el biberón y dárselo en el momento preciso es muy complicada. No te agobies, al menos a los nuestros, el chupete les basta. Ojo si están acatarrados y con mocos, ya que es cuando más problemas suelen presentar con los cambios de presión;

– El portabebés: para nosotros ha sido la salvación. Llevar a los bebés pegaditos te permite un poco más de maniobrabilidad, sobre todo para subir y bajar del avión. Incluso, en un apuro, puedes ir al baño con el bebé a cuestas.

Reza: reza mucho, para tener buen viaje y llegar sanos y salvos, para que los niños tengan buen vuelo y no protesten… Pero sobre todo: REZA para que te toque alguien comprensivo al lado que no te ponga cara de horror al verte (sí, hay personas que ponen cara de espanto cuando te sientas a su lado con un bebé) y que en un momento dado te pueda echar una mano.

Hay un antes y un después tras nuestro primer viaje en avión. Nos volvimos mucho más prácticos y nos simplificamos la vida en general. Y ahora, aparte de que con más edad va siendo más fácil, hasta nos resulta cómodo. Y sobre todo, los niños quedaron inmunizados de por vida, porque con la porquería que hay acumulada en la cabina de un avión, reciben una dosis brutal de “vitamina M”. Suerte y… ¡Buen viaje!

Si quieres leer más sobre viajar en avión con gemelos, puedes hacer clic aquí.

 

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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