Hoy de nuevo, Willy, marido de Elena y papi de Purpu y Pepi para más señas, nos da su visión, como padre de mellizos, sobre la importancia de las rutinas, y en lo mucho que ayudan a que las cosas sean más fáciles con dos (o más):

VAMOS A  LA CAMA… 

…Que hay que descansar. Hoy quería escribir sobre uno de los momentos más íntimos en una familia con niños: acostar a los peques. Tarea de por sí intensa, pero si además tienes “pares” se puede convertir en una pesadilla. Quería compartir con vosotros la experiencia tanto de nuestro “método” como de las pequeñas rutinas o manías que hemos ido cogiendo con los años, entre otras las canciones de ir a la cama.

Foto del álbum Jiménez Aguirre
Si algo nos han enseñado nuestros 4 hijos es que ir a la cama es una cuestión de rutina. Hemos pasado por varias etapas. Con el primero, para que no llorara le leíamos y leíamos y leíamos, hasta que un “observador externo” nos dijo claramente que le dejáramos solo, le dejamos llorar y se durmió. Allí quedaron interminables narraciones, que incluyeron hasta la lista de entrenadores del Oviedo mientras estuvo en primera…. Cualquier cosa. El caso es que mientras fue uno sólo disfrutó de ir a la cama, de las cosquillas de mamá… Ir a la cama era verdaderamente una fiesta para todos. Y desde pequeño empezamos con la rutina, una rutina que a día de hoy mantenemos. Se basa en 3 pasos:

* Cuento
* Rezar, el repertorio completo.
* Canciones.

Sólo comentar los cuentos ya daría para un blog. Otro día Elena y Ana pueden haceros sus recomendaciones. En cuanto al rezo, pues lo típico: Jesusito de mi vida…. Donde sí creo que somos peculiares, y que cada casa debe ser un mundo, es en el tema musical. Nosotros hemos consolidado dos canciones:
* Una inventada, que dice tal que así: “buenas noches luna, buenas noches sol, buenas noches Luis, Camino, papa, mama, Juan, Elena y toda la peña… ya me duermo yo”. Me siento ridículo escribiendo la letra, pero cada noche la cantamos y cada noche nuestros hijos la necesitan. Claro que de primeras la letra no incluía a Camino, ni a purpu ni a pepi. Las fuimos uniendo. Todo surgió de la atención en exclusiva de la que gozaba el primero mientras era el único.

Cuando llegó la segunda, pues la incorporamos a la rutina del primero. Siguieron siendo noches y momentos especiales, porque los niños en la cama son muy expresivos y comunican mucho y bien, porque están cansados. Durante una temporada aprovechábamos para dar gracias, para recordar lo mejor del día, y guardamos muy buenos recuerdos. Por eso un castigo como irse a la cama sin cuento era uno de los peores, porque no era sólo el cuento, sino toda la parafernalia asociada… pero ojo, castigo para padres e hijos.

Cuando llegaron los mellizos, mantuvimos a los mayores con su rutina, y hasta ahora, que tienen dos años, no han necesitado la suya propia. Ya tienen sus necesidades, ya quieren sentarse con nosotros a escuchar el cuento, pero lo cierto es que no puede ser. Son tantos, y Pepinillo es tan movido, que nadie disfruta el momento. Ni los mayores, ni los padres, ni los mellizos, ya que el momento se convierte en un caos (uno cogiendo un cuento, otro levantado, y los mayores metidos en la cama esperando su rato de intimidad nocturna…). ¿Solución? Pues crear el momento especial de los mellis, crearles su rutina. Muy parecida a la de sus hermanos: cuento, rezar y canciones. De momento, rezar y canciones sirven para terminar de “caer” tumbados. Pero el cuento es una gozada, porque para ellos es una novedad y una experiencia. Tener a papá con ellos, contándoles una historia, enseñándoles un libro con dibujos de ovejas, o Winnie the Pooh… les presta por la vida*. Y el hecho de darles una rutina nos está ayudando a que concilien mejor el sueño, cosa que empezaba a ser un problema. Reivindicamos la rutina como herramienta para darles seguridad a los bebés, para que sepan qué pasa después, y sobre todo para que cojan ritmo de ir a la cama cuando toca.

Ser padre de tantos tiene muchas ventajas y algún inconveniente. Uno de los inconvenientes (ya hablado muchas veces) es que no puedes atender a todos igual, o a menos como atendías al primero. Y que si quieres hacer las cosas bien, tienes que concentrarte en unos, y por tanto, perderte las de los otros. Resumiendo, que me pierdo el cuento de los mayores, a cambio de tener el de los mellis. Qué vamos a hacer. Es una inversión, porque de verdad pienso que estamos ahorrando mucho tiempo de lloro previo a dormir. Algún día, cuando tengan un mínimo de “sentido común”, podremos sentarlos a los 4 juntos y recuperaremos ese momentazo. Mientras tanto, a disfrutar de lo que toca.

* Expresión asturiana que viene a decir: les mola mucho muchísimo ^_^

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Guillermo Jiménez Treviño

Soy willy. Y soy el marido de Elena. Para este blog con esa presentación debería ser suficiente. Además de eso soy ingeniero industrial, lo cual siempre explica muchas cosas. Me gusta el orden en casa, Bruce Springsteen y el Real Oviedo. Con eso no se negocia. Soy peregrino, eso también explica muchas cosas, empezando por como conocí a Elena. Pienso sinceramente que los blogs, pinterest e Instagram son armas peligrosas si no se saben utilizar. El riesgo de frustración viendo a gente tan ideal es enorme. Por eso me gusta este blog. Y participar en el. Porque no vendemos motos...

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