Estos días ando especialmente contenta. Después de mucho darle vueltas, decidí tomarme una reducción de jornada en el trabajo.

Me reincorporé cuando los gemelos tenían 6 meses. En la empresa donde trabajo (es pública) tienen unas condiciones excelentes de permiso de lactancia, ya que dura hasta los 12 meses (en lugar de los 9 que establece la ley) y además si decides reducir jornada (en lugar de tomar el permiso en mitad del día) te mantienen la hora completa, y en mi caso, al ser doble, pude reducir mi jornada en 2 horas diarias. Así que el aterrizaje fue más bien suave. Cuando cumplieron 12 meses estábamos en verano, por lo que aún disponía de horario estival hasta final de septiembre. El shock vino cuando llegó octubre y tuve que empezar a trabajar por las tardes también. Se me hacía el día eterno, y, aunque a las 5.30pm como muy tarde estaba en casa, echaba cuentas y al final M (la persona que los cuida mientras yo trabajo) pasaba más del doble de tiempo al día con ellos que su padre o yo.

A todo esto hay que sumar que desde que nacieron los niños me he dedicado a hacer mil cosas, aparte de cuidarlos: tocar el piano, cocinar, aprender a usar la máquina de coser (decir que aprendí a coser es un poco pretencioso), por supuesto escribir en este blog que tanto me gusta y ¡hasta me apunté en un curso online del trabajo! Un día me dio un arrechucho, sólo estuve mala una tarde pero me sirvió para echar un poco el freno e intentar dormir más. Porque todas estas cosas que os digo que hacía, las hacía mientras los niños dormían, y muchas noches acababa yéndome a la cama a la 1 de la madrugada o más tarde. Tengo mucha energía, de toda la vida, pero todo tiene un límite.

Del primer arrechucho lo que saqué en claro fue borrarme del curso, algo a todas luces insuficiente, porque me seguía yendo a dormir tardísimo. Así que, como era de esperar, me dio otra mini pájara (que también duró solo una tarde) y después de esta empecé a acostarme más temprano. Pero tampoco fue suficiente.

El detonante definitivo vino la semana pasada, hubo un error de comunicación entre M y yo, y M le dio a uno de los niños 5ml de paracetamol en lugar de 1,5ml. Creo que fue la bofetada que necesitaba para reaccionar. Menos mal que solo fue una vez y el pediatra me tranquilizó diciéndome que, aunque era una barbaridad, no pasaba nada, por tratarse de algo aislado. Pero yo me quedé muy tocada (la pobre M también, os podéis imaginar). Esto había sucedido por ir corriendo a todas horas, por no prestar atención a lo verdaderamente importante. Así que esa noche hablé con el papá, y al día siguiente con mi jefe para contarles mi decisión, y los dos me dijeron lo que necesitaba oir: “es lo mejor que haces”.

Estos meses han sido muy estresantes, yo lo asumí como algo natural de la crianza a pares (no conozco otra cosa) y de mi estado vital perpetuo, sin darle más importancia ni tomar medidas de “contención”. Criar a dos bebés es literalmente agotador. En el plano físico supongo que no será mucho más que criar a dos de edades muy próximas (Elena, ¿qué opinas?). Pero en el aspecto psicológico (y supongo que más aún siendo primeriza) es demasiado. Son dos bebés que se desarrollan a la vez -pero cada uno con su ritmo-, con las mismas necesidades -pero cada uno con sus particularidades. Tienes la sensación continuamente de que no llegas, de que te falta mucho para cubrir los requerimientos de los dos. NO DAN TREGUA en todo el día, uno quiere descubrir una cosa aquí, y el otro allá y quieres estar en los dos sitios a la vez, para descubrir con ellos, y sobre todo ¡para evitar que se den un castañazo!. Cuando mis amigas me cuentan cosas de sus hijos “singles” yo siempre pienso “ah, pues ninguno de los míos hace eso aún”. Y luego resulta que sí lo hacen, ¡pero no había podido reparar en ello!

He escuchado hasta la saciedad que además de madres, somos mujeres, y tenemos que ser independientes, y “diversificar”, hacer otras cosas para no ser absorbidas por los niños y la maternidad. La verdad es que a mí no se me ocurre nada más importante, poderoso, reconfortante, femenino e independiente que criar a mis hijos por mí misma y dependiendo lo menos posible de los demás. Así que, en los próximos dos años, yo quiero ser absorbida por mi maternidad. Los niños nos necesitan físicamente cerca, a su papá y su mamá o al menos uno de los dos, durante muy pocos años. Más adelante podré retomar lo que dejé a medias, pero este tiempo es para ellos.

No sé cómo llegaremos a fin de mes, pero nos arreglaremos. Pasar un ratito en las mañanas y las tardes enteras con mis hijos no tiene precio y ver sus sonrisas es la mejor remuneración del mundo. Y además, mi tranquilidad redunda en la suya propia. Con una madre tan enérgica, ¡os podéis imaginar el ritmo que llevan ellos! Confío en que a partir de ahora todos estaremos un poco más relajados en casa.

Ana

NB- Próximamente Elena nos dará su versión del estrés cotidiano con mellizos, y dos más, en casa.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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