Pensé que no iba a hacerlo, y sí, sobreviví a la retirada del pañal de los mellizos…  Fueron unas semanas intensas, que además me pillaron embarazada de Tamagochi y teniendo que guardar reposo… Pero pasaron, muy rápido, y luego empezamos a jugar en otra división…

El tema de los esfínteres me impuso mucho respeto siempre. Me daba pavor sólo de imaginarlo, y la realidad superó la ficción, porque ha sido un horror. Pero como todo en esta vida, tiene un lado bueno, buenísimo y es que sólo dura 15 días. El día 15 fue mágico.

1¿Cuándo empezar?

En este aspecto nos dejamos guiar totalmente por la guardería, no nos fijamos en ninguna “señal” de que los niños estaban preparados. Porque en realidad, salvo por el enorme desembolso económico que suponen los pañales desechables y que obviamente estábamos deseando dejar de hacer, por lo demás no teníamos ninguna prisa en comenzar. ¡Los pañales son una comodidad enorme para su malamadre! En la escuela infantil nos recomendaron no iniciar el proceso en verano (cuando cumplieron dos años), antes de empezar el curso, ya que con la adaptación era posible una regresión. Así que cuando nos dieron el visto bueno en la guardería tras su adaptación al centro y sus posteriores ausencias por virus varios, comenzó la aventura. Nos recomendaron empezar en fin de semana para que cuando los niños fueran el lunes al “cole” y les quitaran el pañal nada más llegar, ya supieran un poco cómo iba la película. Mis hijos tienen 2 años y 4 meses.

2- Las instrucciones iniciales: la teoría

Nos dieron una hoja con indicaciones varias de las que yo sólo me quedé con esta frase, que resonaba constantemente en mi cabeza: “el proceso dura 15 días“. Nos dijeron que el primer día al levantarse les explicásemos lo que íbamos a hacer, les quitásemos el pañal e hiciésemos una “ceremonia” de despedida en la que ellos mismos tiraran el pañal a la basura. A partir de ahí, cada 20 o 30 minutos debíamos sentarlos en el orinal unos pocos minutos (nada de dejarlos ahí aburridos), que, por supuesto, debía estar en el aseo, nada de tenerlo en el salón. Cada vez que hicieran pipi o popó en el orinal les pondríamos una pegatina en la manita a modo de premio. Todo ello tomando el proceso como un juego. Sólo debíamos ponerles el pañal para dormir siesta, por la noche, y para desplazamientos en coche. Insistían en que una vez comenzado el proceso no se debía dar marcha atrás ni poner el pañal al niño fuera de los momentos indicados Bien, esta es, muy resumidamente, la teoría: facilísima.

3 La realidad de los primeros momentos

Mis hijos llevaban unos meses protestando cada vez que les poníamos el pañal, como si les rozara o molestara, y de hecho a veces ellos mismos se lo quitaban. Así que estábamos convencidos de que se iban a despedir de él con muchísima alegría… ¡¡Pues no!! Cuando comenzamos con la ceremonia de “bye bye pañaaaal”, se pusieron a llorar y no querían que se lo quitásemos, no hablemos ya de tirarlo a la basura, ¡se fueron a recogerlo para que se lo pusiéramos de nuevo!. La primera, en la frente.

Los sentamos como pudimos en el orinal. No hicieron otra cosa que mirarnos con cara de “¿Qué porras hago yo aquí? ¿Me puedo levantar ya?”, y, como era de esperar, de pipicaca, na de na. Fuimos al salón a jugar, mirando el reloj de reojo. A los 20 minutos otra vez la operación con los mismos resultados. Vuelta al salón  A la tercera vez que intentamos sentarlos se rebelaron, y se pusieron a patalear y llorar, que no querían ir al baño. No hubo manera y no insistimos porque no queríamos que se trabaran innecesariamente.

Sobra decir que entre medias se hicieron pis encima.

4El plan B, cambio de la hoja de ruta, o lo que viene siendo “pasarse parte de las instrucciones por el forramen

En vista del estrés reinante decidimos cambiar la táctica y llevarlos con nosotros cada vez que íbamos nosotros al baño, para que nos vieran y nos “imitaran”. Un show.

Los niños seguían sin querer sentarse, así que les llevamos ipad/móvil o todo lo que fuera necesario para que aguantaran sentados y los dejábamos allí el mayor tiempo posible para ver si por casualidad se les caía algo dentro… Nada, no hacían ni por asomo. Y era levantarse del orinal y mearse camino del salón.

Se pasaron así toda la mañana. Cuando llegó la hora de la siesta respiramos aliviados de poder ponerles el pañal un ratito. La tarde, otro tanto de lo mismo. No salimos de casa en todo el día.

El cubo y la fregona se pasaron todo el día listos para ser usados a cada rato. Y nos hicimos con un spray buenísimo para limpiar alfombras y sofás, gracias al cual mi casa no huele a retrete de bareto a las 5 de la madrugada.

 

5Primeros resultadosEl domingo la tónica siguió parecida. No querían sentarse en el orinal y ni por error atinaron en todo el día. Pero notamos un cambio importante con respecto al sábado: ahora hacían pis cada mucho más rato, ¡estaban tomando conciencia de la existencia de los esfínteres! Algo es algo, ¿no?

 

6 Transcurso de la primera semana

El lunes en la guardería Zipi hizo su primer pipí en el orinal. Zape lo hizo el jueves. ¡Albricias!

Las tardes en casa seguían transcurriendo entre fregonas y mudas, pero los niños se hacían muy pocas veces pis porque se aguantaban, empezaron a atinar muy de vez en cuando, y sobre todo, cuando se lo hacían encima, avisaban, aunque fuera durante el proceso.

Entre medias tomamos la decisión de poner los orinales en el salón. Decidí salirme otro poco más de las indicaciones porque me harté de correr por el pasillo con un niño meante en brazos para llegar al baño, y que mientras tanto el otro se lo hiciera encima en el salón. Porque eso sí, mis hijos nunca han estado coordinados para nada, pero con este tema estoy alucinada con su sincronización, era hacer pis uno y al minuto el otro… ¿Será que se contagian las ganas, como con los bostezos? Así que ahora los sentábamos viendo la tele. Vamos, lo que recomendarían en cualquier capítulo de Super Nanny (léase la ironía). Pero bueno, ellos se sentaban tan felices y atinaban cada vez más. Felices ellos, felices sus papis que tenían que recoger menos caquitas…

7La segunda semana

Al comienzo de la segunda semana yo estaba empezando a desesperar. Zape parecía que iba para atrás, porque dejó de protestar cuando se hacía pis encima, se podía quedar 10 minutos meado sin rechistar.

Además el lunes tenían dentista y los dejamos toda la tarde con el pañal puesto… Y pudimos comprobar por qué te recomiendan que nunca hagas eso… Es un paso atrás, así que los niños se tiraron dos o tres días volviendo a mearse encima como la primera semana.

En la guardería, sin embargo, cada vez atinaban más, así que tenía elementos para confiar.

Y de repente, una mañana al levantarse, los senté en el orinal y los dos hicieron pipí, a la vez, ¡delante de mis ojos!

8El día mágico

El sábado que se cumplían 15 días de haber comenzado el proceso los sentamos al levantarse, y atinaron. Y cada vez que los sentamos durante esa mañana, también. Ni un solo accidente. Nos lanzamos a ir a comer a casa de unos conocidos, y una vez allí, por pereza y cansinez, nos saltamos (nuevamente) la regla de oro suprema y les dejamos con el pañal puesto después de la siesta… Pues bien, Zape no hizo pis en todo el tiempo que estuvimos allí (hasta poco después de la merienda), y cuando volvimos a casa, tenía el pañal seco, lo sentamos en el orinal y ¡bingo!. Y Zipi sólo hizo una vez pero nos avisó. Y al llegar a casa lo mismo, le quitamos el pañal, lo sentamos, y ¡bingo! ¡Aleluyaaaa! Habían entendido el proceso y ya sabían controlar.

9– Cuatro semanas después

A día de hoy mis hijos se siguen haciendo pis y caca encima, pero de forma aislada.

Zipi incluso ya nos sorprendió bajándose los pantalones y sentándose él solito.

Ya sólo les ponemos pañal para dormir la siesta y por la noche. No tengo nada de prisa en quitárselo definitivamente, aunque Zape ya nunca se hace pis en el pañal, siempre se lo quito seco.

En el coche ya van sin nada desde hace una semana. Es curioso porque el único sitio donde se hacen pis o caca encima es dentro de casa o en el “cole”. en el parque, en la calle, en el coche… nunca se lo hacen…

Creo que puedo decir que aunque aún falta para la madurez total, hemos superado airosamente (los padres) la retirada del pañal de los mellis. Ya me lo habían dicho otras mamis amigas con más experiencia (ninguna con múltiples): es un rollo, pero va tan rápido y es tan cómodo una vez que lo consigues que se te olvida el proceso.

No quería terminar este post tan escatológico sin una de mis listas. Aquí os dejo mis tips de supervivencia con lo básico a lo que me agarré para no volverme loca mientras le quité el pañal a mis mellizos:

– Armarse de paciencia y mentalizarse de que va a tocar fregar muchos pises y recoger varias cacas ¡alguna incluso con la mano! (por ejemplo, en la bañera). Los niños se van a mear y cagar encima. Muchas veces. Tienen que hacerlo para aprender. No pasa nada;

– Mentalizarse de que esto no es un proceso matemático. Cada niño va a su ritmo y aprende a base de ensayo error e imitación. Nosotros poco más podemos hacer que guiarlos;

– Pertecharse de una colección ingente de ropa interior;

– Hacerse con un orinal para cada peque;

– Usar chándal, es lo más cómodo para atinar a bajar cuando el pis/caca es inminente;

– Hacerse con un buen limpiador de alfombras/sofás/telas en general (quitar las alfombras también puede ser una opción, pero siempre quedará el sofá, si no es de piel);

– Hacer poca o nula vida social durante 2 semanas. Es poco tiempo, merece la pena;

– No seguir las instrucciones recibidas (o buscadas por internet o en cualquier manual) a rajatabla, sino adaptarlas a las necesidades de cada niño y cada familia;

– Buscar el premio que les vaya mejor (a mis hijos las pegatinas ni fu ni fa, los Lacasitos fueron un revulsivo importante, eso sí, peligroso, ahora estamos en proceso de quitarlos). Mi madre insiste en que no hay que darles premio alguno…;

– La única instrucción que no se puede saltar: ser muy estricto y sólo poner el pañal en las siestas, noches y desplazamientos largos. Esto es un viaje de no retorno.


¿Cómo fue vuestra operación pañal?

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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