Ayer estuvimos de barbacoa todo el día en casa de unos amigos y había tres bebés pequeñitos, de entre 6 semanas y 5 meses. Miraba a las mamás cómo estaban sentadas con sus bebés tranquilos en el regazo, y a ratitos les daban el pecho. Cuando sus bebés lloraban los podían calmar inmediatamente con mimos. Y sentí envidia, de la sana. Bueno, más que envidia, nostalgia. Porque yo nunca he podido hacer eso con mis hijos cuando eran tan chiquititos. Si tenía a uno en brazos, siempre me faltaba el otro. Además, como ya he contado en esta otra entrada, no conseguí establecer la lactancia. Y en cualquier caso, si lo hubiese hecho seguro que no habría podido estar con mis bebés de 6 semanas sentada tranquilamente en la azotea de la casa de unos amigos, dándoles el pecho a cada rato cuando así lo demandaran. Por los testimonios de otras valientes mamás blogueras que sí han dado el pecho, lo que cuentan es que te pasas los primeros meses sin apenas salir de casa, con un bebé al pecho todo el rato, cuando no es uno, es otro.

Uno de los papás que estaban en la barbacoa me preguntaba cómo habíamos hecho para sobrevivir los primeros meses con gemelos, le parecía imposible arreglárselas con dos, si ellos con uno no daban abasto. Le contesté que el shock es pasar de no tener hijos a tenerlos, tengas uno o dos (tres ya sí que es una gran diferencia, una reverencia a todos los papis de trillizos o más). Cuando tienes dos recién nacidos, no es que emplees el doble de tiempo en cuidarlos, porque los días solo tienen 24 horas. Simplemente es que tienes que repartir esas 24 horas entre los dos, que tienen las mismas necesidades en el mismo espacio de tiempo. Y eso es para mí lo más duro de tener gemelos, esa sensación de impotencia, de no llegar, de sentir que no puedes satisfacer al 100% las demandas de cada uno. Ojalá los días tuviesen 48 horas para poder dedicar 24 a cada bebé.

Entre los pésames y condolencias que recibimos a diario por tener dos bebés de golpe, siempre se cuela alguien que te dice que le encantaría tener gemelos (se ve que no hay término medio). ¿Os lo han dicho alguna vez? A mí me pasa de vez en cuando, y de momento todos los que me lo han dicho no tienen hijos. De hecho, una de las mamás ayer me comentaba que antes de tener a su hijo quería tener gemelos, pero que ahora ya no le parecía tan buena idea.

Hace tiempo le preguntaba a Borja, el papá, qué contestaría él a alguien que le dijese que quiere tener gemelos, y él me contestó: “si no tienen hijos, les diría que no saben lo que están diciendo. Pero si ya están embarazados, les daría mi más sentida enhorabuena, y les diría que les ha tocado la lotería”.

Y así me siento yo, me parece que tener gemelos no es algo deseable, es antinatural, ya empezando desde el embarazo. Pero eso sí, una vez te ha tocado, creo que es una suerte, un gran privilegio. No cambiaría a mis dos rubios traviesos por nada del mundo. Verlos crecer a la vez es emocionante. Quizás no podamos dedicar a cada uno todo el tiempo que nos gustaría, pero se tienen también el uno al otro. (Os recomiendo la lectura de esta entrada que escribió Elena hace unos meses).

Y vosotros, ¿qué le diríais a alguien que os dice que quiere tener gemelos?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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