“¡Qué duro va a ser!”, me han dicho tantas veces… “No vas a poder dormir”, “No vas a tener vida propia”, “No vas a poder salir”, “No vas a poder viajar”, “No vas a tener tiempo para ti ni tu pareja”… En fin, casi que “se te acabó la vida”…

Y, ciertamente, sacar adelante a nuestros dos hijos está siendo difícil en ocasiones, otras estresante, otras frustrante, otras agotador… pero ¿duro?

DURO ES


…quedarte embarazada una vez tras otra y no poder abrazar a ninguno de tus hijos, o, directamente, no poder quedarte embarazada;
…ir con toda la ilusión del mundo a hacerte una ecografía para ver cuánto ha crecido tu bebé y que te digan que su corazón ya no late;
…que te digan que tu bebé tiene una cromosomopatía muy grave y es incompatible con la vida;
…pasar por un parto y no tener bebé al que abrazar;
…despertarte y asimilar cada mañana que tu bebé ya no está en tu vientre, pero tampoco en su cuna;
…ver cómo todo el mundo celebra nacimientos a tu alrededor y tú no puedes alegrarte por más que lo intentes con todas tus fuerzas;
…tener un nudo en el estómago constante porque la incertidumbre te corroe;
…no querer pensar en un futuro lejano, por miedo a que se confirmen tus peores pesadillas y nunca logres tener un hijo vivo;
…que tus hijos nazcan enfermos de por vida…

Y podría seguir…

¿Traer al mundo a la vez a dos bebés sanos y llenos de vitalidad, que no paran de llorar, que demandan tu atención constantemente, que no te dejan dormir, ni salir a cenar, ni viajar, ni tener vida social durante unos pocos (muy pocos) años?

Eso es una BENDICIÓN, un gran MILAGRO, un gozoso padecimiento que agradezco y celebro cada día.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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