Como mi experiencia se reduce a tener dos bebés de golpe, mis reflexiones son más fruto de la observación que del conocimiento, Elena más abajo nos aporta un punto de vista muy interesante porque ella sí que ha podido ver la diferencia, si es que la ha habido en su caso, entre el papá cuando hay un bebé y cuando hay dos.

Paso a contaros primero lo que nosotros hemos vivido con Zipi y Zape. Y a continuación os cuenta ella cómo lo vive,

Pienso que si alguien tiene un papel especial en los partos múltiples, son los papás. Me di cuenta de esto cuando un amigo nos comentaba muy orgulloso que había cambiado su primer pañal… Su bebé tenía ya ¡un mes! Esto con gemelos sería impensable, a menos que la pareja esté a punto del divorcio, o que sean Brad Pitt y Angelina Jolie y tengan dos niñeras por hijo.

Por lo que he observado en otras familias, cuando nace un bebé la mamá suele ser la que pasa más tiempo con él. Independientemente de lo más o menos implicado que esté el papá, lo más necesario para el recién nacido, que es su alimentación, deseablemente leche materna, sólo se la puede proveer su madre. Y de hecho, a día de hoy en la mayoría de familias sigue siendo la madre la que se toma el permiso de maternidad cuando los dos trabajan. Las madres estamos unidas a nuestros hijos por ese cordón umbilical invisible que nos hace sentir en muchas ocasiones que no podemos separarnos de ellos, que queramos protegerlos en todo momento, y que creamos que nadie, absolutamente nadie, puede ocuparse del bebé mejor que nosotras. Este sentimiento tiene un componente hormonal muy fuerte, pero creo que también se debe a la relación física madre-hijo tan intensa que se produce en los primeros meses (no exclusivamente debida a la lactancia materna). Por lo que he podido observar, la inmensa mayoría de los papás no experimentan estas sensaciones con la misma intensidad que nosotras.
Sin embargo, cuando tienes dos de golpe, no hay cordón umbilical invisible que lo resista. Yo también tenía y tengo esa sensación de no querer separarme de ellos ni un segundo. Pero es imposible, sólo tenemos dos brazos. Otra mamá múltiple conocida mía siempre me dice que tener gemelos es “antinatural”. Ciertamente en esas primeras semanas, lo es. A mí me frustraba mucho no poder ocuparme de los dos en todo momento.
Cuando estaba embarazada leí, no recuerdo la fuente, que los padres de bebés recién nacidos tienen aumentados los niveles de progesterona, por lo que se vuelven más sensibles. El papel que ocupa el padre de gemelos es fundamental, además de muy especial para ellos. Los papás de múltiples tienen el enorme privilegio de acercarse un poco más a lo que sentimos las madres. Se ven forzados a hacer todo lo que las mamás queremos hacer (o normalmente hacemos con un solo bebé) nosotras solas y que en el caso de gemelos no podemos. Menos dar el pecho, hacen de todo. Creo que la intensidad de ese torbellino que vivimos junto a nuestros hijos en sus primeros meses de vida nos acerca más a ellos y crea vínculos muy fuertes. Que el padre deba meter de lleno la cabeza en ese torbellino junto a la madre me parece una experiencia única para los dos (para los cuatro). Hay que echarle sentido del humor y muuuucha paciencia en los momentos malos, pero creo que las experiencias duras unen mucho.
Estoy muy orgullosa del papá de Zipi y Zape. Y desde aquí quiero darle las gracias por ser tan buen padre y compañero. El primer biberón, el primer cambio de pañal y el primer baño de mis hijos se lo dio él. Es más, como estuvieron en neonatos porque les tuvieron que suministrar antibióticos debido a mi infección durante el parto, en sus primeras horas de vida pasaron más tiempo con su padre que conmigo (yo no pude bajar a verlos hasta 24 horas después de nacidos porque no podía ni moverme). Y cuando llegué a casa mi estado físico era tan deplorable que no podía hacer casi nada. También estaba mi madre (¡gracias mami!) quedándose en casa y dándolo todo, pero las dos solas sin su ayuda (yo sumaba en negativo) no habríamos podido tirar para adelante.
Dicen que el índice de divorcios entre padres de gemelos es superior a la media… ¿Será que la apoteosis de compartir codo con codo tan intensa experiencia provoca, cuando los bebés ya no requieren tanta atención, una explosión que te baja de la nube de un bofetón? Aún no hemos llegado a ese punto pero… ¡Espero que no!

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Soy Elena. Aprovecho el post para contaros brevemente mi experiencia, por si os puede servir de algo, enlazando con el tema que plantea Ana.

Como bien dice ella, he tenido la suerte de vivir la maternidad con un niño solo, con dos niños de diferentes edades, y lo último, la maternidad de gemelos. Mi “doño” igualmente, porque es un supersuperpapi y a día de hoy es mi tercer y cuarto brazo (además de mi madre, de Vero, de Cristina, de mi padre, de mis cuñis, …).

Y si bien es cierto, como dice Ana, que cuando tienes solo uno, pareces imprescindible, única e irrepetible para tu hijo y piensas que nadie como tú puede cogerlo, dormirlo, quererlo, cuidarlo…. lo cierto es que en el fondo, el papi también lo cree así (que tú eres imprescindible), se involucre más o menos. Y la cosa no cambia con el segundo, ni con el tercero, ni con el cuarto.

Es verdad que en las mujeres es más notable, más acuciado, supongo que instintivo. Al fin y al cabo, nuestro cuerpo se pasa 9 meses mascando esa sensación de convivencia con otro ser (o seres).

Sin embargo los papás corren el riesgo de vivirlo como algo ajeno; cosa que no es mala, porque eso les da cierta perspectiva y distanciamiento, lo que es positivo para ciertas situaciones, pero quizá viviéndolo así se pierden una experiencia única. Está en nuestras manos dejar que ellos se involucren , hagan cosas, echen una mano o mil manos; y digo que está en nuestras manos porque corremos el riesgo de no dejarles ni un ápice de margen para hacerlo, con esto de que somos “únicas e irrepetibles”. Y como cuando nos convertimos en madres nos aflora una vena superposesiva y controladora tremenda, podemos conseguir sin darnos cuenta ahuyentar y espantar al papi que con buena intención intenta cambiar un pañal o poner un pijama.

Lo que sí es un hecho, es que si vas a ser una mami múltiple necesitas ayuda. Mucha ayuda. MUCHA AYUDA (lo pongo en mayúsculas, para que os lo toméis en serio). De quien sea. Lo ideal es que sea la persona con la que quieres compartir la maravillosa tarea de acompañar a esas pequeñas personitas que llevas dentro. Y puede ser un papi, otra mami, una hermana, una abuela…pero que sea alguien. Porque por mucha moral y mucho ánimo que tengas, es agotador,…

Estos días mi doño y yo tenemos una frase que se repite cada poco “Es que no dan tregua”. Y no la dan. Desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche no queda ni un solo minuto del día para descansar. Supongo que es porque son 4,… pero me imagino que con solo los mellis estaría igual. Son 2 niños, que lloran, comen, se cagan y mean, necesitan mimos, atención, abrazos, juegos, sonrisas…

A veces hay que dejar de lado esa imagen de que solo nosotras somos lo mejor para ellos, y aceptar toda la ayuda que sea posible, ya que es en beneficio de todos, de los bebés y vuestro. Notaréis que los bebés están más tranquilos si vosotras estáis descansadas, y lo contrario: a más cansancio, más nerviosismo. Es un hecho.

P.D. Para los papis que se escaquean… vosotros os lo perdéis.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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