Hace unas semanas publicamos en nuestra página de Facebook este poster, ya que estamos, os invitamos a que nos sigáis por allí;-). El tema de los opinólogos, que ya hemos tratado anteriormente, da para escribir muchas líneas. Y es que desde que eres madre (de uno, dos, tres o cuantos zagales sean, vengan o no a pares) salen hasta debajo de las piedras.

Nuestros familiares cercanos son los primeros en opinar absolutamente de todo, pero sus comentarios los recibimos y escuchamos con cariño (o les pedimos “amablemente” y con mucho amor -léase la ironía- que nos dejen tranquilos un ratito) porque nos quieren y lo hacen con la mejor intención, al fin y al cabo los peques les tocan muy de cerca y se preocupan por su bienestar tanto como nosotros. Y además, “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Yo soy una bocachancla, y he sido un incordio o metido la pata más de una vez, así que ahora me toca aguantarme…

Pero… ¿y los opinólogos anónimos? Estos que apenas conoces, o que te ven por primera vez, y ya saben todo sobre ti y tus niños y necesitan iluminarte en el oscuro sendero de la maternidad… Estos dan para escribir un libro. Aparecen cuando menos te lo esperas, en un semáforo, en la tienda de la esquina, en la parada de autobús y te pillan desprevenida… Su mensaje a veces viene envuelto en un caramelo, y tras halagar a tus hijos, ¡zasca! te la cuelan… Algunos no tienen hijos y la mayoría, no tienen gemelos. De hecho los padres de gemelos que me encuentro, siempre me iluminan con comentarios constructivos o positivos sobre su propia experiencia.

Normalmente recibo los comentarios de buen grado y me gusta pararme a hablar con todo el que tenga algo agradable o constructivo que decir. Sin embargo, entre muchas cosas bonitas también me han dicho cosas que me aportan poco y, sinceramente, no me hacen gracia.

Así que hoy quiero desahogarme y aquí va un recopilatorio de varios mensajes que he recibido en estos dos años, junto con las respuestas que nunca me atreví a dar:

“Pues qué mala suerte que sean dos niños, ya te podría haber tocado la parejita Bueno, es que cuando estaba embarazada y me encontré al genio de la lámpara estábamos en plena crisis y sólo me dejó pedir un deseo, así que lo primero que me vino a la cabeza fue que nacieran sanos;

“Lo de ahora no es nada, prepárate cuando empiecen a caminar Si quiere se viene usted a correr conmigo detrás de ellos, es un excelente ejercicio anaeróbico que seguro le vendría fenomenal;

“Si me pasa a mí me muero” Pues menos mal que no te ha pasado, porque ahora mismo no estarías ahí sentada para contarlo;

“El niño ya ha dejado de llorar, ¿por qué sigues con él en brazos?” Porque tengo frío y mi bebé es más calentito que una manta eléctrica, y además, ecológico;

“No los cojas tanto en brazos, que se malcrían” Le invito a que busque en el diccionario el significado de la palabra malcriar;

“¡Qué horror!” Horror es una película de Freddie Krugger, esto más bien es un gozoso (gozosísimo) padecimiento;

“Pues qué suerte, así lo pasas todo de una vez y ya con dos vas servida” Sí, ciertamente es una gran suerte tener dos bebés a la vez por muchos motivos, pero creo que lo de “pasarlo de golpe” no es precisamente una de ellas, porque los niños no se crían solos… Y sobre mi futuro reproductor, gracias por la sugerencia, de verdad no era necesaria;

– (Mirada de reproche) “Ah, pero que ¿todavía usan pañales?” Sí, señor, seguro que hay muchos niños de 22 meses que no usan pañal, no le puedo poner ejemplos porque no conozco a ninguno. En cualquier caso no me preocupa, calculo que para cuando cumplan la mayoría de edad ya sabrán hacer caca en el wc;

– (señalando a uno de ellos) “Uy, este es el más malo de los dos” Sí, el otro es el bueno y usted es el feo;

“Estos niños son muy mayores para usar chupete” No se preocupe, yo creo que para cuando empiecen a la universidad habremos conseguido que sólo lo usen para dormir;

“Los niños lloran mucho porque tú estás nerviosa y se lo transmites” Si quiere puede venir usted todas las tardes a mi casa con una botella de cava y se ocupa un rato de los niños, mientras yo me doy un baño espumoso y me tomo el cava, a ver si consigo relajarme para transmitirles buen rollo a los enanos;

¿Soy la única a la que le pasa? ¿Os habéis encontrado con opinólogos anónimos que os hayan dicho cosas que os repatearon y os quedasteis con ganas de responder?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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