Llevo desde el día 1 de octubre echando pestes cada vez que cojo el coche… ¿El motivo? La nueva normativa que entró en vigor ese día y que establece lo siguiente (*):

“A partir del 1 de octubre, los menores que midan 1,35 metros o menos deberán viajar en los asientos traseros del vehículo, en su correspondiente sistema de retención Infantil (SRI), según acaba de aprobar un Real Decreto que modifica el artículo 117 del Reglamento General de Circulación, en el que se regula todo lo relativo al uso obligatorio de cinturones de seguridad y dispositivos de retención para niños en los vehículos.
Excepciones
En esta modificación se establecen tres excepciones:
  • Que las plazas traseras ya estén ocupadas por otros menores de edad de esa altura.
  • Que no sea posible instalar todas las sillitas necesarias.
  • Que se trate de un vehículo biplaza.”
Yo no sé vosotros…

pero a mí lo de llevar a un recién nacido en el asiento trasero en sentido contrario a la marcha me estresa bastante. Cuando Zipi y Zape eran bebés no nos quedaba otra, y llevábamos a uno en el asiento delantero y al otro justo detrás. Cuando iba sola con ellos siempre intentaba poner al que estaba más tranquilo en ese momento detrás, y al más nervioso delante junto a mí. Y ¡oh casualidad! El que iba atrás siempre acababa llorando por más tranquilo que hubiese sido depositado en el vehículo. Es lógico, un bebé recién nacido no entiende que mamá/papá está a un metro de él, porque no lo ve, y ya si encima lo pones mirando hacia una pared oscura, pues se echa a llorar, y llorar, y llorar, y llorar… Zipi y Zape llegaban a ponerse morados y se quedaban segundos sin respirar. ¿De verdad es de algún modo positivo circular con un bebé en ese estado? No discuto que sea más seguro, en caso de accidente, llevar al bebé en el asiento trasero, pero creo que el sólo hecho de llevarlo así ocasionará accidentes por distracciones del conductor que no tendrían lugar si el bebé fuera delante (porque este iría con toda probabilidad más tranquilo y el conductor no tendría que preocuparse de si vomita de tanto llorar y se provoca una broncoaspiración). Y en cualquier caso, que nos dejen elegir a los padres sobre la seguridad de nuestra familia ¿no? 

Al principio pensé en hacerme la loca y seguir llevando al pequeñín delante con la excusa de que atrás no cabía. Pero, claro, no cuela con el coche familiar recién comprado. Y cuando vi las sanciones (**) (más disparatadas aún que la norma, si cabe) se me terminaron de quitar las ganas

“sanción económica de 200 euros y la retirada de 3 puntos del permiso de conducir, además de la inmovilización del vehículo si no se dispone de Sistema de Retención Infantil (NB en los taxis, dentro de la ciudad, se puede viajar sin SRI porque, todo el mundo lo sabe, están protegidos de un halo de seguridad que no tienen los turismos sin luz verde en el techo).

O sea, que tú puedes ir fumando un cigarrito tranquilamente y si te cruzas con un policía le saludas y todo, pitillo en mano. Si agitas el brazo con demasiado ímpetu y se te caen unas cenicillas de nada dentro del coche y te pones a hacer aspavientos para apagarlas, no pasa nada… Ahora eso sí, como lleves a tu hijo correctamente colocado, airbag desconectado, en sentido contrario a la marcha en el asiento delantero, ay amigo, estás poniendo en peligro la vida de media ciudad y si te pillan te inmovilizan el vehículo, te sacan medio riñón y te dejan temblando la cuenta de puntos del carné…

En mi caso particular, además hay que sumar que no es que el recién nacido tenga un hermano, sino dos más, y, salvo que te hayas comprado un “autobús” como el que tienen Elena y Willy, van a ir los tres hermanos en raya, uno junto a otro. Esto añade más riesgo a la actividad de desplazamiento, porque los mayores aún son pequeños para entender que su hermano no puede comer lacasitos (menos mal que hace tiempo prohibimos comer en el coche), que no se le debe estrujar la cabeza ni coger su chupete con los dedos llenos de m****. Para no faltar a la verdad debo reconocer que, lo que a priori me parecía una desventaja, se ha convertido en mi aliado. Zape es el que va siempre a lado de su hermano pequeño y la verdad es que lo distrae mucho, le pone el chupete si llora y le hace cosquillas, con lo que su hermano se troncha de la risa y no suele llorar porque no se siente solo. Eso sí, antes de subir a Zipi y Zape al coche tengo que hacer un chequeo exhaustivo de sus pertenencias para asegurarme de que no portan ningún objeto “peligroso”. Vamos, que ni en el aeropuerto hacen estos controles… 

En fin, que no sé cómo lo veis. Tengo amigas que siempre han llevado a sus bebés atrás y tan felices. Pero muchos con los que hablo ahora lo ven igual que yo… ¿qué pensáis?

(*) Dirección General de Tráfico. Los niños, en los asientos traseros. Fecha última revisión 28 de sepriembre de 2015 <http://revista.dgt.es/es/noticias/nacional/2015/07JULIO/0720Sillitas-infantiles-en-asientos-traseros.shtml#.Vh12M3p_Okp> Consultado el 14 de octubre de 2015
(**) Grupo Zurich. ¿Cómo llevar a un niño en el coche? Normativa sobre sillas infantiles. Fecha última revisión 1 de octubre de 2015 <https://www.zurich.es/seguro/seguros/seguros-particulares/coche/como-llevar-nino-coche-sillitas-infantiles.htm> Consultado el 14 de octubre de 2015

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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