Para mi sorpresa, no está habiendo mucha diferencia entre los seísmos que se producían en mi barriga cuando estaba habitada por Zipi y Zape, y lo que sucede ahora que “sólo” albergo un bebé. Yo pensaba que no se podían repetir semejantes marejadas porque una sola criatura debería moverse la mitad… Peeeeeero… Resulta que no, que, o este se mueve por dos o los dos se movían como uno. Realmente creo que lo que pasa es que este tiene todo el espacio para moverse de un lado a otro a sus anchas y sus hermanos mayores estaban muy apretujadillos y apentas podían estirarse, pero de hacer piruetas y nadar de un lado a otro como hace este, poco.

Aunque este embarazo está siendo algo más relajado que el anterior, sigo teniendo miedos e inseguridades, supongo que como muchas embarazadas que no necesariamente hayan pasado por experiencias negativas previas. El caso es que sentir a los bebés es para mí sin duda la mejor sensación del embarazo, me da mucha tranquilidad. A pesar de que los jodíos fantasmas no se van nunca del todo, al menos notar patadas me hace sentir muy feliz. Y me apeteció escribir una entrada contando mi experiencia en cuanto a la percepción de los movimientos de los bebés en los dos embarazos.

Primeros movimientos: en el primer embarazo (bueno, como ya sabéis era el cuarto, pero a efectos prácticos digo el primero porque por desgracia en los tres anteriores nunca llegué a sentir a mis pequeñinos) tardé mucho en empezar a notar movimiento alguno. Recuerdo perfectamente la primera vez que sentí algo, tenía 18 semanas. Noté como si alguien me estuviera rascando la piel por dentro con la yema del dedo… Sí, algo raro… Ni palomitas explotando, ni gases, ni alas de mariposa, ni nada parecido a lo que había leído. Y en este embarazo noté exactamente la misma sensación cuando tenía sólo ¡15 semanas!

Movimientos puntuales: Después de haber percibido por primera vez a los bebés, en ambos embarazos me ha pasado lo mismo: no empecé a sentirlos regularmente hasta las 22 semanas más o menos. Hasta ese momento, los movimientos eran muy muy esporádicos al principio, algunos días notaba uno o dos cosquilleos, otros días (la mayoría) nada de nada y poco a poco había más días en que sentía algo que los que no. Y en ambos casos para notarlos, tenía que tumbarme boca arriba y estar muy quieta y atenta. Una gran diferencia que sí he experimentado es que en este embarazo el papá pudo empezar a sentir las patadas muy pronto poniendo la mano sobre mi abdomen. Por lo que me han explicado esto se debe a que al tener la diástasis, y por lo tanto los tejidos completamente abiertos desde el principio, eso facilita que se pueda percibir desde fuera. (Prometo entrada hablando del embarazo con una diástasis “de caballo” previa).

Movimientos continuos (y en cualquier posición): A partir de la semana 26 más o menos empecé a notar los movimientos de los bebés en cualquier posición, no sólo tumbada y concentrada en sentirlos, sino hasta caminando por la calle y a cualquier hora, y a medida que van pasando las semanas, los noto con más fuerza. Desde la semana 30 más o menos la barriga se deforma con sus movimientos enérgicos y cada días más fuertes… También desde esta semana percibo un patrón más o menos regular, y noto dónde hay bebé porque hay algo duro al poner la mano encima, y si presiono, se mueve (pobres mis niños, tanto a este como a los anteriores, me encanta tocarles para que se muevan y quedarme tranquila, vaya madre plasta).

Y hasta aquí puedo llegar. En la actualidad estoy embarazada de 32 semanas, el bebé se mueve mucho, pero aún así hay días que está más tranquilo que otros. Creo que hasta puedo decir que reacciona a los gritos/lloros/risas de sus hermanos cuando se acercan a mi barriga, pero no sé si es real o más bien fruto de mis ensoñaciones idílicas.

¡Ah! Por cierto, ¡es un niño! El tercer mosquetero.

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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