Siempre quise tener una niña.
Y vinieron Zipi y Zape.
Y fuimos a por la niña.
Y llegaste tú, mi Tamagochi, el tercer Mosquetero.

En realidad, más que molestarme, saber que eras nene me pilló desprevenida. Tuve que cambiar el chip y asumir que no eras la niña que estaba segura que eras. Solo quería que el embarazo fuera bien, que llegaras a mis brazos. Únicamente deseaba olerte, sentirte, besarte, acariciarte, al igual que había hecho y hago con tus hermanos. Y, afortunadamente, así fue.

Ahora que sé que muy probablemente no voy a tener más hijos,
toca asumir de verdad que esa niña con la que siempre soñé, a la que hacía ropitas y vestía cuando era pequeña, a la que ya había puesto nombre… nunca va a llegar. A veces me da una punzada en la barriga cuando conozco familias con dos nenes y a la tercera les viene la nena. En ocasiones siento nostalgia al pensar que no voy a tener esa mini yo a la que enseñar a luchar por sus derechos, a defender y reivindicar su feminidad y a no querer ser igual que un hombre. A la que explicarle esas cositas íntimas, o darle trucos de maquillaje. Con la que entrar en el baño en los sitios públicos. Creo que me aflige la idea de no poder compartir ropa, secretos y confidencias, cotilleos superfluos, largas parrafadas al teléfono…

Mientras pienso y escribo esto, miro de reojo la foto que cuelga en la pared detrás de la pantalla del ordenador, en la que sonrío feliz junto a mis tres hombrecitos. Sanos. Llenos de vida.

Y me vienen a la mente aquellos tiempos en que temí que nunca llegara ninguno, ni niña ni niño… Pienso en esos tres pequeñines a los que rogué desesperadamente, uno tras otro, que no se marcharan, que no nos dejaran. Sin preguntarles su sexo, porque poco me importaba, yo solo quería que se quedaran a nuestro lado. Cualquiera de aquellos días grises habría dado todo por tener la mitad de lo que tengo hoy.

¿Qué me importa que no seas una niña? Eres tú. Sois los tres. No os cambiaría por nada en el mundo. La naturaleza ha decidido por mí. Me tenía reservada una tarea apasionante. Porque quizás, en contra de lo que siempre imaginé, no hay nada más feminista que educar a un futuro hombre.

No, no me da “pena” no tener una niña, se me ocurren mil y una cosas que podrían haberos pasado,  y otras mil que a Dios le ruego no nos toque vivir, que sí dan mucha pena.

“Lo importante es que venga bien es el tópico más jodidamente real que conozco. De verdad, es lo único que importa, que todo salga bien y que la salud no falte.

Te quiero. Os quiero, mis niños.

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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