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Hoy queremos compartir con vosotros algunos pequeños detalles, tonterías, o si queréis, truquitos, que nos facilitan un poco el día a día con nuestros mellizos:

1- Tener la ropa en el armario sin abrochar: esto es especialmente útil si a vosotros o vuestro entorno le gusta la ropita clásica de bebé, que todo lo que tiene de “cuca” lo tiene de incómoda, con botones tradicionales, lacitos y otros complementos. Igualmente resulta cómodo guardar sin abrochar otra ropa, como los pijamas, que pueden traer unos 200.000.000.000 de botones a presión y cuando eres primeriza no sabes ni cómo se abrochan y con la urgencia te lías hasta para desabrocharlos;

2- Tener los pañales fuera del envoltorio, apilados en una estantería, o en el cambiador, en cualquier caso cerca de donde cambiéis a los niños. No os preocupéis, no les dará tiempo a coger polvo porque veréis cómo mágicamente desaparecen de vuestra vista sin que os deis ni cuenta (las primeras semanas podéis llegar a gastar ¡16 pañales al día!);

3- Si los bebés se alimentan con leche artificial, tener las dosis de leche en polvo preparadas en dosificadores: una tarea tan sencilla como contar cacitos puede volverse más difícil que hacer una raíz cuadrada (¿alguien se acuerda de cómo se calculan?) cuando das biberones a las tantas de la madrugada y llevas varios días o semanas con una media diaria de 3 horas de sueño. Y si encima, como en nuestro caso, tienes que contar dos veces, la chifladura es máxima;

4- Reservar una estantería o lugar de la casa fijo para poner los chupetes, y tener varios “en danza” a la vez. Estamos convencidas de que los gemelos tienen superpoderes, entre ellos el de hacer desaparecer los chupetes. Da igual que sean recién nacidos y no sepan agarrar las cosas aún. Los acuestas con un chupete en la boca y cuando vas a buscarlo, ha desaparecido, literalmente, de la cuna y alrededores. Por eso es útil tener varios chupetes a la vez, para ir reemplazando al desaparecido. Si elegimos un lugar fijo de la casa donde ponerlos cuando no los estén usando y según los vayamos encontrando en los sitios más inhóspitos de la casa, siempre tendremos a dónde acudir a buscarlos en una emergencia. Las primeras semanas intentaréis que cada uno tenga el suyo, pero entre el lío de acordarse cuál era de cuál (salvo que tengan el nombre) y que, total, en seguida se los empiezan a robar, desistiréis del empeño. Es inútil, por mucho que lo intentemos, todos los catarrillos los pasan a pares…

5- Hacer turnos por la noche: cuando los bebés son muy pequeños y estáis más perdidos que el barco del arroz (esto va especialmente por los primerizos), podéis turnaros cada noche con un bebé, ya que siempre hay uno más demandante y/o que duerme menos bien. Cuando ya seáis unos masters en la crianza gemelar, turnarse cada noche uno de los papis con los dos, e incluso cada uno una mañana del fin de semana, es un salvaparejas y nos permite descansar, al menos, en noches alternas;

6- Meter en el bolso de paseo toda bolsa de plástico que pase por tus manos (las de farmacia, por ejemplo, que son pequeñitas y que llegarás a coleccionar). Es muy útil cuando estás en la calle tener siempre a mano una bolsa de plástico donde poder guardar un pañal con regalo (imaginemos que estamos en un restaurante, al menos podremos dejar el regalito envuelto), un babero impregnado de leche o una muda que hemos tenido que cambiar de urgencia.

Y vosotros, ¿qué truquitos tenéis? ¿Los compartís con nosotras?

Elena y Ana

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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