Lo del babero da para rato, por eso hoy hemos decidido dedicarle nuestra entrada. Ya lo contaba Elena en 2 son “DEMASIAO”. Lo que se multiplica: cuando tienes gemelos, muchas cosas no se duplican, sino que se multiplican y te pasas el día lavando baberos (y bodies, y pijamas, y de todo). Los baberos son sin duda uno de los elementos de los que más stock se necesita, porque se ensucian mucho y no das abasto, sobre todo los primeros meses. Es importante tener un buen babero que haga su función, porque así al menos evitas tener que cambiar de ropa a los pequeños cada vez que comen (el doble de comidas, el doble de mudas). Y además es que no tienes las mismas necesidades en las primeras semanas que cuando tienen 12 meses… Y en este último punto veréis las diferencias entre cada una de nosotras, el punto de vista de la experimentada y el de la primeriza.

ELENA

En mi caso, los criterios  para elegir un babero son:

1.- Que sea fácil de poner y quitar. Quizá mejor los de velcro

2.- Que no sea ni muy grande ni muy pequeños. Si son pequeños, solo te sirven en la época de los bibes. En cuanto empieces con las papillas, despídete de ellos. Si son muy grandes, corres el riesgo de agobiarte con tanta tela encima, salvo que ajusten bien por todos lados, con corchetes o algún invento así´.

3.- Que tengan dos capas: la de arriba de tela de toalla, y la de debajo de plástico. Los baberos de punto de cruz de las abuelas y las amigas de las abuelas son ideales, pero al ser normalmente de tela de paño, o de piqué y sin plástico, calan enteritos. Así que nada más acabar la comida o el bibe tendrás que cambiar a tu bebé (tus bebés-ojo, que son dos) con lo que ello supone.

4.- Si son solo de plástico la comida resbala, y es un rollo, la comida acaba en todas partes menos en el babero. Los hay que son de plástico consistente, y acaban como curvados y con una pequeña cazuelita en la que se recogen los restos que van cayendo. Esos pueden llegar a ser cómodos, pero cuando comen en trona y tiesos. Tumbados y en hamaca, mal plan.

Nosotros desde el nacimiento hasta ahora (7 meses) estamos dando mucho uso a los de Mercadona de velcro, y a un pack de Toys’r’us con lazos. Os aseguro que desde que nació el mayor hasta ahora hemos probado de todas las marcas y de todos los tipos. Y si tus hijos son altamente demandantes con la comida como algunos de nuestros hijos, no te permitirán ni que les ates el babero… Se tirarán al bibe si dudarlo. En este caso, desaconsejo los de lazos.

 

Y acabo mi parte con algo importantísimo: Cómo lavar los baberos:
En cuanto empecéis con la fruta, veréis que queda más fruta en el babero que en la tripa de los peques. Y si echas sin más ese babero a lavar, verás que queda un manchurrión marrón tremendo en el babero. LEJÍA! Mete los baberos un cuarto de hora o 20 mins en agua con lejía. Deja los baberos allí a remojo, frota tras ese tiempo, aclara y a la lavadora con ropa blanca y lavado normal. Como nuevos (bueno.. poco a poco pierden color, pero son baberos)

 

ANA

Como buena primeriza, yo me he pertrechado de una colección de baberos digna de un museo. Además, como podréis ver en las fotos, no he tenido muy en cuenta el consejo de Elena sobre cómo lavarlos (por qué no te habré preguntado antes), y da penita verlos…

Yo os voy a contar la evolución del babero en la vida de mis hijos en estos 16 meses, he tenido uno para cada ocasión (un modelo, quiero decir, y al menos 4 ejemplares de cada uno de los modelos… Si hacemos multiplicaciones, que a los padres de gemelos se nos da muy bien, imaginaos la colección, aquí solo os cuento una pequeña muestra)

 

Las primeras semanas son especialmente cruciales en el tema de los recambios que tienes que tener, porque es raro que no se manchen con cada uso. La leche seca tiene un olor desagradable, así que en cada toma tienes que poner un babero limpio. En estas primeras semanas, como el bebé aún no se mueve mucho, para mí lo mejor eran los paños de algodón (lo que llaman pañales, de venta en cualquier “chino” que se precie, encogen una barbaridad pero aún sobra tela). Simplemente se los ponía encima, y los usaba también para ponérmelos en el hombro cuando les sacaba el eructo.

Primeros meses: Cuando ya empiezan a saber sujetar la cabecita un poco más, empieza a ser más cómodo ponerles un babero al cuello. Los que cierran con velcro me resultaban cómodos. El de la foto, de la marca Tommee Tippee, está especialmente bien porque va muy cerradito al cuello y no se les caen gotillas de leche por dentro de la ropa. Evidentemente lo seguí usando cuando empezaron con la fruta, de ahí los manchurrones…

– Alrededor de los tres meses mis niños empezaron a babear un montón. Así que siempre iban con un baberodebabas puesto. La abuela nos regaló unos cuantos bonitos, para que los nenes fuesen medio decentes por la calle. Eso sí, es tan bonito como inútil, porque el botón a presión no cerraba bien. Aún así, las sombras oscuras que se aprecian en la imagen delatan su uso como baberodecomer  también (cuando la necesidad obliga y el cajón de los baberosdecomer está vacío porque están todos en el cesto de la ropa sucia, hay que echar mano de lo que sea)

Seis meses: encontré estos baberos en Zara Baby, que me resultaron comodísimos en su momento. Como van cruzados a la espalda y enganchan con cuatro botones a presión, no se les mueven ni un poco, les ajustan bien y no les molestan nada en el cuello.

Ocho meses: cuando empiezan a comer purés y demás, al principio fue la debacle (lo de los 8 meses es orientativo, yo empecé antes). Si no les gustaba la comida, o les dolían los dientes, o no les apetecía comer, o hacían pedorretas, el caso es que la comida acababa desperdigada por la trona, la cocina, y cómo no, su ropa. Así que qué mejor que un babero “integral” que les tape todo el torso y brazos. Eso sí, ¡es un rollo de poner!

 

A día de hoy, este es mi babero ideal. A los niños no les gusta que les pongan nada encima (detestan que les manipulen en general, si no es para hacerles cosquillas y darles achuchones) así que se quitan todos los baberos a la mínima que pueden. Este es facilísimo de poner (lo más importante para mí en estos momentos), les cubre todo el torso y es muy cómodo para ellos. No se lo quitan con facilidad (eso sí, si se empeñan, quitárselo, se lo quitan, pero como no les molesta mucho aguantan toda la comida con él).

Conclusión: Haz caso de Elena y no hagáis el primo como yo 😉

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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