Historia

De toda la vida ha habido padres primerizos, pero hoy en día estamos más solos que nunca. Tenemos los hijos de media a una edad en la que hemos tenido tiempo de pensar y repensar mucho las cosas. Muchas veces no tenemos a nuestra familia cerca, o vivimos en grandes ciudades donde nuestros seres queridos no nos quedan muy a mano. El tamaño de las familias se ha reducido mucho, por lo que es probable que no hayamos convivido con muchos bebés a lo largo de nuestra vida. Además en nuestro país no todos los sitios (más bien casi ninguno) están adaptados para ellos, por lo que no nos cruzamos con muchos bebés en nuestro día a día, salvo los que vemos por la calle. A falta de otros referentes, tenemos a nuestra disposición una ingente cantidad de información en libros, webs, blogs… lo cual nos confunde porque no sabemos qué creer y qué no. Todo este cóctel ha dado lugar a lo que se conoce como el Síndrome del Primerizo o SdP.
Descripción
El SdP es un estado por el que pasan los padres cuando tienen su primer (primeros, en caso de múltiples) hijo/s. Aunque en diferente grado, se estima que afecta a un 99% de la población pa-maternal, con una mayor incidencia, en grado y síntomas, en la población femenina.
Clasificación
El SdP puede darse en diferentes grados, a saber:
    • Leve: los padres afectados por esta modalidad pasan desapercibidos, porque o bien han tenido bebés siempre cerca, o son así de panchos por naturaleza. Son capaces de hacer vida social durante el primer año y pueden mantener una conversación durante media hora seguida sin hablar de su/s retoño/s. Sólo manifiestan algunos de los síntomas, y en grado leve;
    • Moderado: aunque los padres afectados por este grado son conscientes de que al mundo no le interesa la vida de sus hijos ni sus aventuras familiares, son incapaces de no hablar de ellos cada cierto tiempo a lo largo de una conversación. Presentan varios síntomas ;
    • Agudo: se dan todos y cada uno de los síntomas, de forma muy intensa.
Síntomas
    • Exclusividad: sensación de que nunca nadie antes ha pasado por lo mismo que tú;

    • Agobio: no sabes cómo organizarte para ir al baño o darte una ducha, o preparar la cena, y te agobias… mucho;

    • Pánico escénico: no puedes quedarte sol@ con el/los bebé/s “por si pasa algo”;

    • Fragilidad: crees que el bebé se va a romper en cualquier mal movimiento tuyo;

    • Síndrome del “túnel negro”: te parece que nunca más vas a volver a dormir una noche entera, ni tener conversación con tu pareja cuyo objeto no sea la puericultura, ni vas a volver a ponerte ropa normal, maquillarte, peinarte o ponerte pendientes colgandejos;

    • Monotemismo: das por supuesto que todo el mundo necesita saber las horas que duerme/n tu/s hijo/s, sus gorgoritos, lloros o cólicos, porque, debido al primer síntoma descrito (exclusividad) crees que nadie ha pasado por lo mismo que tú y necesitas compartirlo con el mundo para que sepan lo que hay;

    • Escatologismo: la caca de tu/s hijo/s se convierte en un tema de conversación capital;

    • Síndrome de la diana: eres el blanco de todo tipo de consejos que te ponen la cabeza como un bote, porque además los mensajes son contradictorios. Cuando tienes el segundo hijo también te dan consejos, la diferencia es que tienes la habilidad de que no afecten a tu autoestima;
    • Síndrome del mea culpa: tienes la sensación constante de que lo haces mal, porque siempre habrá alguien o alguna teoría que afirma que las cosas no se hacen como las estás haciendo. Crees que todo lo que le pasa a tu bebé (cólicos, tomas muy seguidas, catarros) es culpa tuya porque no lo estás haciendo bien;
    • Desnaturalización (o también pérdida de la noción de instinto pa-maternal): no entiendes como se ha hecho toda la vida para criar hijos sin todas las teorías, libros, cursos y cachivaches que hay hoy en día, y agradeces que tus hijos hayan nacido en el siglo XXI;
    • Síndrome del viajero: eres incapaz de salir de casa sin meter 3.000.000.000 de cosas en la bolsa de paseo;
    • Asepsia: los gérmenes se convierten en tu peor pesadilla, desarrollas visión microscópica que te permite verlos en todas partes. Esto te lleva a lavarte las manos 30 veces al día y pertrecharte de un esterilizador más o menos sofisticado que termina más quemado que la pipa de un indio. Esterilizas chupetes, biberones, y todo lo que entre en contacto con los bebés, al menos 3 veces al día. Y tú no te metes en el esterilizador porque no cabes;
    • Diógenes consumista: Hay que tener de todo lo que sale en el mercado, lo último, lo más… todo lo que viene en el anuario del bebé. Y si vibra, tiene luces, o lo han calificado como el gadget de la puericultura del año, mejor que mejor. El portatazas para la sillita de paseo, la capota de verano, la de invierno, la de entretiempo. El cambiador, la hamaca, la cuna, la cama para cuando tenga 6 años, la cama para cuando tenga 12, la cama para cuando tenga 24, y la mesa de estudio a juego.


Pronóstico
Está demostrado que un 99% de los casos se cura tras el tercer año de vida del/los churumbel/es, o, de forma fulminante, cuando nace el siguiente hijo.
Cuando de la primera nacen dos o más, el síndrome se manifiesta de forma más intensa pero suele tener una duración más corta, porque llega un momento en que, o dejas de darle importancia a la mayoría de las cosas, o te acaban ingresando en un manicomio.

 

Tratamiento
No existe tratamiento para el SdP. Si lo estás padeciendo, ánimo, paciencia, y disfruta de tu/s niño/s, que pasa muy rápido, y en unos meses/años te echarás unas buenas risas recordando las neuras del primeriz@.
Y tú, ¿padeciste el SdP? ¿En qué grado?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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