Para no faltar a la verdad, debo decir que últimamente con el nuevo embarazo sí me ayuda, y mucho. Carga con los niños en brazos porque yo no puedo, se agacha cuando algo se me cae al suelo para que no tenga que hacerlo yo, se lleva a los peques al parque y me deja descansar en casa…

Lo de bañar a los niños todos los días, vestirlos para ir al “cole”, turnarse las noches para levantarse a atenderlos cuando es necesario, cambiar pañales (bueno, eso ya no), preparar cenas, dar biberones, y un largo etcétera, lo viene haciendo desde que nacieron. Pero eso no es “ayudar”. Eso es cumplir, y muy bien, con su labor de padre.

He leído últimamente un par de reseñas hablando de lo importante que es para nosotras, las madres, no descuidar a nuestra pareja cuando llegan los niños. Una más a sumar en nuestra larga lista de tareas para ser las mujeres perfectas y exitosas que se supone debemos ser.

Yo tengo la suerte de compartir batallas con una persona que no “ayuda”, sino que es parte de un equipo que capitaneamos a partes iguales. Eso significa que él está tan cansado como yo, pues cuando llega de la oficina (varias horas después de hacerlo yo) no se tira en el sofá porque como “trabaja” más que yo, necesita descansar de su estrés laboral, sino que se dedica a cubrir las necesidades de sus hijos que yo llevo cubriendo sola desde que salí de mi oficina. Que se ocupe de los niños y que esté tan exhausto como yo implica que no espera de mí atenciones y cuidados especiales, y que entiende perfectamente que los únicos que a día de hoy en nuestra familia verdaderamente necesitan que les “cuiden” son nuestros hijos, que de momento no saben cocinar, ni bañarse, ni vestirse, ni prepararse la mochila para el día siguiente. Y entre nosotros nos dedicamos el tiempo que podemos, nos escapamos alguna noche a cenar solos o con amigos, cenamos juntos en casa todos los días y hablamos lo que podemos (bueno, hablo principalmente yo ^_^). Intentamos recordar que además de padres, somos pareja desde mucho antes. Y así vamos caminando, a veces en línea recta, a veces en zig-zag, a veces retrocedemos… Ya tendremos mucho tiempo para volver a mimarnos y cuidarnos en exclusiva cuando los pajarillos vuelen del nido.

Supongo que el día que dejemos de hablar de los padres implicados como la “gran cosa” significará que hemos llegado a la igualdad real. Y no debería ser necesario alabar a los padres que ejercen como tales. Sin embargo, y por qué no, a mí me apetece dar las gracias al papá de mis hijos por estar ahí, por hacernos tan fácil la vida y por preocuparse tanto por nosotros. Además, hoy es su cumpleaños, así que… ¡¡FELICIDADES!!

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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