Toca volver al mundo laboral… Soy una afortunada porque he estado 7 meses dedicada a mi pequeño tamagochi, porque tengo un trabajo al que regresar y una persona maravillosa a la que dejar al cuidado de mi hijo… Y aún así me sigue costando mucho… Me sigue pareciendo poco.

Y echo la vista atrás, y comparo estos siete meses cuidando de mi tercer hijo, con los siete primeros de Zipi y Zape… Y me invade una profunda nostalgia.

Nostalgia por todos los besos que no pude dar, y todos los brazos que no pude ofrecer, todos los llantos que no supe calmar y todas las lágrimas derramadas porque me desbordaba la situación. Nostalgia de todos esos detalles de su desarrollo que no pude observar, y esos príncipes que no destroné porque desde el minuto cero de su vida compartieron cetro. Nostalgia porque aquellos primeros meses no los viví, los sobreviví, en una nebulosa en la que las tareas y el cansancio extremo apenas dejaban tiempo para otra cosa que no fuera cubrir las necesidades básicas del ser humano.

Todos me dicen que parece que este sea mi primer hijo, por la atención que le he dedicado… Y no me siento culpable por ello, porque ahora estoy haciendo lo que de buen gusto habría hecho también con los mayores, y que las circunstancias, como ya sabéis madres y padres de múltiples, no permiten.

Después del arrebato de nostalgia, me dispongo a ir a recoger a Zipi y Zape al cole, y me doy cuenta de cuántos pasos ya han dado en sus cortas vidas… siempre juntos. Y pienso en todos los que aún les quedan por dar, Dios quiera que juntos también. Posiblemente yo no soy tan importante como ese compañero de vida que tienen el uno en el otro, ese vínculo único, y me doy cuenta de que, quizás, el peaje que han pagado no sea tan caro, y compense con creces…

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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