Imagen de http://galeria.dibujos.net Dibujo Familia Feliz pintado por Myryan

Recuerdo hace unos años un interesante debate familiar en el que hablábamos sobre la decadencia humana y lo perdidas que están las nuevas generaciones y, entre todos los comentarios, alguien dijo que todas las generaciones han pensado que las que les sucedían iban a peor. Nuestros bisabuelos lo pensaron de nuestros abuelos, y estos de sus hijos (nuestros padres) y estos últimos de sus hijos (nosotros)… y así sucesivamente. Las sociedades cambian, y, por ende, las personas también lo hacen (¿o es al revés?), y esto no es necesariamente ni bueno ni malo, simplemente es EVOLUCIÓN.

Y ahora me vengo a acordar de lo que en aquella ocasión comentó aquella persona sabia a la que aprecio mucho. Y es que allá donde lea, la conclusión a la que se llega es que los padres de hoy en día lo hacemos fatal. Consentimos a nuestros hijos, no les zurramos, les dejamos ver la tele, nos preocupamos de entretenerlos jugando con ellos y no les dejamos desarrollar su imaginación, somos maniáticos, egoístas y comodones porque no queremos renunciar a muchas cosas por la pa/maternidad, nos pertrechamos de mil artilugios que nuestros padres no necesitaron, los “abandonamos” desde muy pequeños porque no queremos renunciar a nuestro trabajo, explotamos a los abuelos, necesitamos leer libros sobre crianza porque somos unos inútiles faltos de instinto… He leído artículos y escuchado comentarios sobre todos estos temas que dejan mal parada a la generación que hoy día afronta el reto de la crianza.

Básicamente, se reduce a que los padres de hoy en día “tenemos mucha tontería”.

Pues sinceramente, yo NO CREO QUE LO ESTEMOS HACIENDO TAN MAL:

– Somos muy conscientes. No tenemos hijos porque toca, sino porque queremos y nos sentimos preparados para afrontar una gran responsabilidad, ya sea solos o en pareja;

– Somos (un poco más) libres: Hoy en día no es “obligatorio” tener hijos. Las mujeres ya no somos un “útero con patas” que nacemos para procrear, podemos elegir esta opción libremente sin ser castigadas socialmente por no tenerlos (no me refiero a lo que diga la vecina del tercero, sino al terreno laboral o social en general. De hecho, en algunos ámbitos laborales hasta nos penalizan por ser madres). Criar los hijos por decisión propia y no por obligación me parece algo muy positivo;

– Nos informamos: Evidentemente no esperamos encontrar (o eso creo) todas las respuestas en los libros y publicaciones varias (incluido nuestro blog ^_^) pero no veo dónde está la tontería en leer sobre el proyecto más importante de nuestra vida y quedarnos con retazos de diferentes puntos de vista, que nos ayudan a mejorar u orientarnos. ¿Qué tiene de malo leer sobre lo que hacen otros padres u otras culturas para sacar adelante a su prole, o sobre lo que opina este u otro pediatra?;

– Utilizamos las nuevas tecnologías: tenemos a nuestra disposición internet, por ejemplo, y gracias a él nuestros hijos pueden ver dibujos apropiados a su edad, en mi generación nos ponían a ver la tele, daba igual la programación (porque no había canales infantiles). También utilizamos tablets o teléfonos móviles para jugar: nuestros hijos hacen puzzles mientras viajamos en avión (son más cómodos de transportar en un tablet que en una caja de cartón): además de darnos tregua durante el vuelo, el resto del pasaje agradece que no haya niños gritando o corriendo por el pasillo. Que sí, que los niños tienen que ser niños, pero la configuración de cada vez más familias, en las que los progenitores son originarios de diferentes lugares, hace que muchos tengamos que poner a viajar a los niños a edades muy tempranas en las que no entienden que el pasillo de un avión o de un tren no es un patio de recreo;

– No pegamos (ejem, ejem): al menos somos conscientes de que con una nalgada lo único que conseguimos es desahogar nuestra frustración en un momento puntual de estrés que no sabemos manejar, pero conocemos su nulo valor pedagógico. Evidentemente nadie de mi generación (yo incluida) se ha quedado traumatizado porque su madre le persiguiera por el pasillo, zapatilla en mano, pero hay cosas que no se hacen… Pegar no está bien, y no podemos exigir a nuestros hijos que no sean violentos si nosotros zanjamos las cuestiones que se nos escapan a base de sacar la mano a paseo, por mucho amor con que lo hagamos;

– Tenemos menor número de hijos: Por un lado, la supervivencia del recién nacido está en cotas máximas históricas. Y por otro, es lógico que si ambos progenitores trabajan y ninguno puede dedicarse a sus hijos por entero, al tener menos descendencia pueden dedicarles más tiempo a cada uno;

– Nos gusta disfrutar de (y con) nuestros hijos: Nos gusta jugar con ellos, buscarles actividades para hacer y juguetes educativos, hacerles pasteles bonitos en su cumpleaños… Puede que algunos se lo tomen como una competición a ver quién lo hace mejor y se lleva el premio de “padre/madre del año”, pero creo que la mayoría lo hacemos porque NOS APETECE y no veo qué tiene de malo dedicar tiempo lúdico a nuestros pequeños;

– La disciplina y el respeto no van de la mano con el miedo: se puede lograr educar a personas respetuosas, disciplinadas, responsables, conscientes, armoniosas y felices sin necesidad de tratarlas como si fuesen un árbol que hay que enderezar (y esto no lo digo por mis hijos, que aún son muy pequeños como para evaluar resultado alguno, sino por amig@s que se criaron así y son excelentes personas en todos los ámbitos). Nuestros hijos nos pueden respetar sin tenernos miedo. Basta con predicar con el ejemplo, y respetarles a ellos. Y no queremos ser su mejor amigo, sería absurdo, pero tampoco tenemos por qué ser su enemigo;

– Vivimos en pleno capitalismo y las empresas se nutren de nuestra sensibilidad para intentar vendernos de todo (libros, juguetes supermegaeducativos, cachivaches de puericultura, sillas de paseo ultramodernas y carísimas…) apelando a nuestros sentimientos más profundos, pero esto no es necesariamente malo. Con un poco de criterio, podemos discernir qué es realmente necesario y qué no para nosotros y nuestros hijos y aprovecharnos de las cosas que son realmente útiles con las que nuestros padres no contaban. Desde luego, como madre de gemelos más de una vez y de dos me he preguntado cómo se las apañaban las multimadres de hace treinta años. En otro orden de cosas, en algún sitio he leído cómo se refieren con tono burlón al hecho de que en mi generación, por ejemplo, viajábamos en coche sin ni siquiera cinturón de seguridad, y no pasaba nada. Supongo que los padres que perdieron a sus hijos en accidentes de tráfico hace 30 años habrían pagado sus ahorros por tener algún sistema de retención infantil de los que existen hoy en día y que salvan vidas;

Los padres (MASCULINO DEL PLURAL) se implican: Esto lo dejo para el final porque sin duda considero que es el mayor logro de nuestra generación. Sigue habiendo escaqueos, pero cada vez más padres aportan tanto (en cantidad y calidad, aunque en diferentes campos) como las madres. Nuestros compañeros han pasado de AYUDAR  a ser parte. Por suerte para ellos ya no tienen que avergonzarse de ser tiernos, cariñosos y sensibles. Y está bien visto que se impliquen, es más, está mal visto que no lo hagan. Y esto nos permite conciliar un poco menos mal, poder tener un poco de tiempo  libre cada uno de vez en cuando y vivir la crianza de forma más armoniosa.

Yo no quiero criar a mis hijos como lo hacían nuestras abuelas, los tiempos han cambiado, hemos evolucionado (en algunas cosas a peor, pero en otras muchas a mejor), y estoy segura de que ellas habrían dado lo que fuera por tener muchos de los artilugios que nos facilitan la vida a nosotros.

También hacemos muchas cosas mal, como las hicieron nuestros padres, abuelos y bisabuelos. Somos humanos y todos nos equivocamos. Y quizás el hecho de que espaciemos el tiempo entre partos, y que tengamos menor número de hijos por familia, haga que podamos dedicar tiempo a preocuparnos de asuntos que luego vistos con perspectiva no tienen ninguna importancia. Todos hemos sido primerizos alguna vez, y quienes se mofan de nosotros han olvidado que ellos también lo fueron en algún momento.

Y claro que hay padres que no prestan demasiada atención a sus hijos y no se entiende muy bien para que los tienen, pero esto no es algo nuevo de nuestra generación, ha pasado siempre. Y también hay padres que no inculcan demasiados valores a sus hijos, quizás la culpa no sea suya, sino viene de atrás, de la educación que ellos mismos recibieron cuando eran niños.

En fin, que cada uno lo hacemos lo mejor que podemos, pero lo más importante es que le ponemos mucho amor y empeño por hacerlo bien, o lo menos mal posible. Como leí hace tiempo en esta divertida entrada de un blog de multis que me encanta, aquí va la receta para criar a tus hijos en dos pasos al estilo “La Parejita de Golpe”: 1. Sé feliz y 2. Pasa todo el tiempo posible con tus hijos.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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