El título de esta entrada es una búsqueda real en google que llevó a una persona a dar con nuestro blog. Nos resultó muy curioso, y, como es algo que ocupa mucho tiempo en nuestro día a día, hemos decidido dedicarle nuestra entrada de hoy a esa persona que nos encontró buscando ideas para ocupar a un par de bebés de 15 meses.

Aquí van nuestras experiencias de cómo pasamos el tiempo con nuestros hijos (los de Elena tienen 7 meses y medio, y los de Ana, justo tienen 15)
ELENA
Con 7 mesinos aún duermen varias siestas al día: después del desayuno, antes de comer, antes de merendar y a veces antes del baño una minisiesta. Eso hace que aún no sea todo un estrés entretenerles a todas horas, pero bueno… algo más de atención ya requieren.Mis mellis van a la guarde (o lo intentan, porque van 4 días y pasan 12 en casa lidiando con los virus que durante los 4 días de socialización se han apoderado de ellos- y no lo digo en coña… es un hecho-14 días de guarde efectivos de dos meses y medio que llevan apuntados). En la guarde en cuestión, les entretienen cambiándoles cada poco de escenario. En cuanto protestan les cambian: de la hamaca a la trona, de la trona a la manta, de la manta a la hamaca, de la hamaca al cuello, del cuello a lo que sea…. y durante todo este rato les cantan. Les cantan mucho. Y además , les van ofreciendo constantemente juguetes distintos constantemente para que vayan experimentando sensaciones nuevas.

Y cuando no miran para los juguetes, miran para las cuidadoras y para los niños de alrededor, les roban los chupos… Vamos, que más que entretenerles, les dejan hacer y les van cambiando de escenario.

En casa, reconozco que tristemente bien poco les entretengo aún. Aunque ahora que empiezan a hacer más cosas dan más juego. Los videos de Baby Einstein (os contará Ana más adelante) eran ideales para mis dos hijos mayores. Estos mellis me han salido casi anti-tv, y no les gustan aún. Pero hay que seguir probando. Por ejemplo, los dibujos de la Casa de Mickey Mouse sí que les gustan a ratinos, supongo que por el ritmo y el colorido sobre todo.

Juanin se parte si le pongo al Sr. Vaughan en la tele. Le debe hacer gracia cómo habla y la cara que pone… y eso que a mí a veces ese señor me da hasta miedo… 🙂

Les entretengo dándoles cacharros con los que pueden hacer ruido y aporrear, o que hagan sonidos. Intento hablarles, cantarles, hacerles muuuuchas cosquillas y darles muchos mimos y abracinos, porque me encanta que se rían y que se dejen achuchar.

Los hermanos mayores ahora les entretienen con cestos metálicos con pelotas (los mellis sentadinos con el cesto entre las piernas, meten las manos en la cesta, cogen pelotas, dan golpes en la cesta…). Y juegan con ellos al cucú con mantitas o pañuelos.

ANA

Bailar: les ponemos cualquier tipo de música y ahí que nos liamos la manta a la cabeza y a mover el esqueleto. Les encanta la música, de cualquier tipo. Lo mismo escuchamos a Frank Sinatra que a David Guetta. Es muy divertido ver cómo cada uno tiene su ritmo y sus pasos estrella (uno se balancea de un lado al otro y el otro se agacha y se estira);
Hacer música: yo toco el piano, y uno de mis hijos tiene especial predilección por este instrumento. Me hace gestos para que me lo siente en el regazo, o lo siente a él directamente delante del piano, y se pone a aporrear como un loco. Su hermano ha descubierto que cuando sopla una pajita de un vaso de plástico duro (de estos que compras en los conciertos) suena un pitido, y está encantado. En general les encanta el ruido que pueden hacer con cualquier cosa. A veces me pongo a golpear con las manos rítmicamente alguna superficie y me imitan, ¡les encanta!
Cantar: les he cantado mucho (canto fatal) desde que nacieron, ahora ya reconocen las canciones y me hacen los coros. No tiene precio;
Baby Einstein: desde que lo descubrí he querido proponer a Julie Clark, la creadora, como Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Es poner cualquier vídeo de la colección (los veo en youtube) y se hace la paz. Pero no me gusta utilizarlo por sistema, sino en momentos puntuales en que no puedo dedicarles toda mi atención. No les gusta mucho estar en el parque, pero si estoy sola con ellos y tengo que hacer loquesea (esto abarca desde necesidades fisiológicas, hasta lo que se te pueda ocurrir que sea incompatible con prestarles 100% de atención) les invito a entrar en el parque (me funciona mucho mejor que meterlos a la fuerza) un ratín con el Baby Einstein puesto (en inglés como la tele, of course) y ¡les chifla! Pero esto no es infalible, precisamente esta semana en un post muy simpático de Somos Múltiples nos comentaba que sus hijos no le hacían ni caso, al igual que les pasa a los mellis de Elena;
La cocina: últimamente es su lugar favorito de la casa, y he decidido no luchar contra ello porque cuanto más prohíbes una cosa, más deseo generas. Así que abro la puerta de la cocina y empieza el frenesí: abrir y cerrar puertas, cajones, sacar tuppers, ollas, sartenes, cucharones, cucharas de madera, latas… ¡Toooodo! Disfrutan muchísimo. Hemos tenido que redistribuir el orden de los armarios para evitar peligros. Y por supuesto, jamás les dejo solos allí (M ni siquiera les deja entrar);
El parque (el de la calle): lo que indiscutiblemente les gusta más en el mundo a mis niños es poder corretear al aire libre. A medida que van pasando los meses la cosa se va poniendo más peliaguda, y bajar yo sola con ellos al parque se convierte en una actividad de alto riesgo. Nosotros vivimos en una urbanización con parque infantil incorporado. A día de hoy es el único al que me atrevo a ir sola con ellos, después de que hace un par de semanas “perdí” a uno en un parque público abarrotado. Estos segundos me bastaron para decidir que ya no puedo ir yo sola con ellos, salvo que el parque esté totalmente vallado y tenga puerta de entrada, de forma que no tengan manera de escapar de él. Porque lo que les gusta en realidad no es estar en el parque en sí, sino al aire libre, y suelen tener intereses opuestos, cada uno para un lado (será que luego se cuentan lo que han descubierto cada uno, y así descubren el doble);- Juguetes: como ya contamos en nuestras entradas Los juguetes favoritos de mis hijos y Los juguetes favoritos, reloaded, de momento a nuestros hijos los juguetes les dan un poco igual. Así que no tenemos muchos (bueno, lo de mucho o poco es relativo. A mí me parece que tenemos poco, ¡pero según su abuela materna tienen un montón!) A mí no me compensa invertir en esto de momento, cualquier cosa es susceptible de ser un juguete: una lata, unas pajitas de colores, los cacharros de la cocina, el mando de la tv, una cuchara de madera… Como se cansan rápido, cada día juegan con algo nuevo. Así que los cuatro juguetes que tienen los vamos rotando y les dejamos coger lo que quieran siempre que no sea peligroso.

DEJARLES HACER: la mayoría de las veces, simplemente me siento y observo cómo se comportan. Les dejo que sean ellos quienes decidan qué quieren hacer o con qué quieren jugar. Intento no dejar nada a su alcance que no quiero que cojan, y de resto les dejo hacer, coger y tocar lo que quieran. A ratos uno deja lo que tenga entre manos y se acerca a mí, me quita las gafas o me chupa la cara y aprovecho para atraparlo y darle un achuchón hasta que se cansa de mí, se aleja y sigue a su rollo. No necesitan nada más que eso, ser niños y descubrir el mundo que les rodea.

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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