Cuando no tenía niños no era consciente del efecto que causa el llanto de un hijo, especialmente en los primeros meses, sobre su madre. Así que cuando leía acerca de cómo calmar a los bebés cuando lloran a la vez, no me parecía que fuese algo tan importante. “Ya dejarán de llorar”, pensaba yo…

Pero luego llegaron mis hijos, y me di cuenta de que si se escribía tanto sobre el tema era por algo. Porque es increíble el poder que tiene el llanto de tu hijo sobre ti, la angustia, casi dolorosa, que te produce. Es como si algo te desgarrase por dentro. Te crea un estado de ansiedad y de alerta brutal. Y ese efecto sólo lo provoca en ti, los demás pueden sentir pena por el bebé, o por ti, pero nada comparado con lo que tú padeces.

Cuando tienes gemelos, hay momentos desesperantes en que se ponen a llorar los dos a la vez. La verdad es que los nuestros eran más de llorar individualmente y respetar los tiempos de cada uno. De tal forma que durante los primeros meses, el llanto era constante en nuestra casa, pero lo habitual era que fuera uno solo el que lloraba en cada momento. No obstante, al menos una vez al día nos gozábamos un concierto a dúo.

En los momentos en que los bebés lloraban a la vez, si estábamos dos personas con ellos, como cada uno podía atender a un bebé los calmábamos con relativa facilidad, simplemente cogiéndolos en brazos. Sin embargo, cuando estaba yo sola con ellos, al principio no sabía qué hacer y acababa llorando yo con ellos, tenía pánico escénico. Un cuadro. Pero poco a poco fui conociendo a los bebés, cómo se calmaba mejor cada uno de ellos, y estas eran las maniobras que me funcionaban:

– El primer consejo que lees en cualquier sitio es calmar primero al más demandante. En mi caso se cumple que uno de los bebés era más inquieto y llorón, y se excitaba con más facilidad. Así que intentaba calmar primero a este, ya que si no atajabas sus perretas a tiempo se ponía tan nervioso que acababa casi morado, y hasta tenía episodios sin respirar. El problema es que no era fácil de calmar, así que pronto me di cuenta de que resultaba más fácil calmar a su hermano, que en seguida se tranquilizaba al cogerlo, y luego dedicarme al otro. Es decir, desde mi punto de vista no se trata tanto de calmar al más demandante, sino al que más pronto se calme (que puede coincidir con que es el más demandante);

 

– El papá descubrió que las palmaditas en el culete les calmaban, así que otra maniobra que empleábamos, en caso de no funcionar la primera, era poner a los dos uno al lado del otro, boca abajo, y darles suaves palmaditas hasta que dejaban de llorar. Debo decir que esta táctica le funcionaba mejor al papá que a mí;

– Cuando eran muy muy chiquitinos, el papá se ponía a uno en cada brazo, con la cabeza apoyada en la palma de su mano, la barriga en el antebrazo y las piernecillas colgando. Se calmaban inmediatamente, aunque para lograr esta maniobra hacen falta dos personas, una la que aporta los brazos, y la otra la que coloca a los bebés en semejante postura;

– Si cuando lloraban a dúo los ponía uno al lado del otro, en vez de calmarse los dos (como les pasa a muchos gemelos), sólo lo hacía uno, que dejaba llorar a su hermano y esperaba a que este se callara para empezar él. Pero al menos ya no había dúo y podías ir alternando la atención a cada uno de ellos;

– En la línea con lo anterior, otra forma de calmarlos era intentar entretenerlos llamando su atención (las primeras semanas no funciona). Los ponía uno al lado del otro boca arriba (o en las hamacas como en la foto de la derecha) y les cantaba, les hacía cosquillas, les daba besitos. No es infalible, pero les mantenía un rato distraídos;

– Cuando nada funcionaba y los dos querían brazos, tiraba de portabebé. Me ponía a uno en la mochila, y al otro lo cogía en brazos, y así se solían calmar.

Sonidos blancos: probad a poner “Fan White Noise” en YouTube. 11 horas de sonido de aire acondicionado sin gastar electricidad. Mis bebés se duermen y tranquilizan con este sonido cuando están muy nerviosos o irritables. Y os aseguro que Purpurina es especialmente irritable. (Este es un truqui de Elena)

Y vuestros bebés, ¿lloran a pares?

 

 

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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