Quizás uno de los síntomas mas acusados del SDP (síndrome del primeriz@) y que se me olvidó apuntar en su momento, es la urgencia. Muchos padres primerizos necesitamos un calendario, una guía, para “saber” cuándo hacer (o dejar de hacer) ciertas cosas… ¿Cuándo empezamos con la fruta? ¿Cuándo empezamos con el puré? ¿Cuándo les quitamos el chupete? Supongo que la falta de perspectiva nos hace pensar que si no intervenimos los niños no van a evolucionar. Y es entonces cuando, aparte de la “guía” que nos dice cuándo hay que hacer cada cosa, tenemos que leer webs, blogs, libros y demás para saber cómo afrontar tan cruciales momentos en la vida de nuestros hijos sin causarles un “trauma” de por vida… (léase la ironía en mis palabras).

No sé si el hecho de ser padres primerizos por partida doble influye en esto de las prisas. Quizás necesitamos en mayor medida tener controladas ciertas cosas para no volvernos locos y saber cuándo “toca” hacer algo para saber qué esperar . Y aquí, como buena primeriza en grado agudo que soy, os dejo con algunas conclusiones que he ido sacando en estos tres años basados en nuestra propia experiencia, algunas negativas y otras que, por pura dejadez, han resultado ser positivas:

– No hay prisa por que los niños empiecen a comer “sólidos”. Hasta el primer año la leche es su alimento principal, por algo al resto se le llama alimentación complementaria. Mientras tengan leche “a mano”, ni se van a morir de hambre, ni se van a quedar desnutridos o raquíticos. ¿Qué hice yo? Empezar a meter purés como una autómata y siguiendo una rigurosa guía del pediatra con lo que tocaba cada semana… ¿Y qué conseguí? Dos pequeños pejigueras con gustos muy limitados y que le hacen ascos a prácticamente todo lo nuevo…La única forma en la que hemos conseguido que empiecen a probar novedades es poniéndolos a cocinar con nosotros (aunque esto requiere unas dosis de paciencia extremas,..). Por supuesto que hay muchos niños que con las pautas clásicas de introducción de alimentos luego resultan muy buenos comedores (yo misma lo era de pequeña) pero lo cierto es que, a la inversa, no conozco ningún niño al que le hayan introducido los alimentos poco a poco, en trozos, y a su ritmo, teniendo como alimento principal la leche, que luego hayan sido malos comedores. Ya os contaré la experiencia con el tercer mosquetero;

Retirada del pañal: como comentaba en la entrada que dediqué a ello, para nosotros fue una especie de suplicio (agravado porque yo me encontraba en el primer trimestre de mi actual embarazo teniendo manchados y tenía que hacer reposo), aunque pasó rápido y luego lo agradecimos. En realidad fue la guardería quien nos marcó las pautas y simplemente nos adaptamos, no era cuestión de que nuestros hijos se quedasen los últimos de su clase con pañales (o sí, ¿por qué no?). Si hubiésemos empezado el proceso más tarde no sé si habría ido mejor, pero el caso, ¿para qué agobiarse? Tarde o temprano todos los niños acaban dejando el pañal, ninguno empieza al “cole de mayores” con él…

De la cuna a la cama: muchas voces a nuestro alrededor sugerían desde hace tiempo que ya era hora de pasar a los niños a las camas. Y la verdad, mientras cupieran en las cunas (a las que ya les habíamos quitado un lateral porque venían preparadas para ello), ¿qué necesidad había de meterlos en una cama grande si en la cuna estaban bien? El caso es que lo fuimos dejando y dejando hasta que ya los niños lo pedían. Cuando llegaba la hora de acostarse, en lugar de meterse en su cuna se iban los dos a la cama grande que había en su cuarto. Así que les pusimos las dos camas y no ha habido ni una sola queja, desde que duermen en la cama duermen genial. Bueno, al menos hay algo que no hemos hecho mal…;

Dejar el biberón: el dentista nos dijo que teníamos que dejar el biberón YA, cuando los niños no habían cumplido dos años (llevamos a Zipi al odontopediatra porque se dio un golpe fortísimo en un diente, y ya de paso revisaron a los dos…) porque la succión les hacía daño a los dientes. Yo no soy dentista, pero ¿en serio por chupar la tetina del biberón tres minutos por la mañana y tres por la noche se le va a deformar al niño la boca? Total, que hice oídos sordos porque bastantes guerras tenemos ya en casa como para añadir una más. Hará cosa de unos dos meses, un día Zipi me señaló una taza de animalitos (regalo de mi querida amiga y co-blogger Elena precisamente) y me dijo que quería la leche allí. Su hermano al verlo dijo que también quería (menos mal que era un juego de dos tazas) y desde entonces cada uno se toma la leche en su taza sin mayor problema. Solamente Zape pide el bibe cuando está malo;

EL CHUPETE: ay esta es mi gran cruz… Zape especialmente tiene la boca hecha unos zorros… En la guardería les quitaron el chupete a la hora de la siesta, así que nosotros hicimos lo mismo el fin de semana. ¿Resultado? Ya casi nunca duermen siesta el fin de semana. Al menos hemos logrado que solamente utilicen el chupete para dormir. Pero este último, de verdad que no puedo, en serio, me supera… Cuando llega la hora de dormir, y les das ese artilugio mágico y se quedan extasiados chupándolo…. No me veo con fuerzas para quitárselo, y menos aún ahora que en pocas semanas, si Dios quiere, tendremos un bebé llorando en casa que requerirá mi atención. Bastante tendremos con las noches en vela por el recién nacido, como para encima tener que pelear cada vez que se despierte uno de los mayores pidiendo el chupete y le digamos que no. El angelito que tengo en el hombro derecho me dice que se lo quite YA mismo, que pasemos el achuchón ahora, que serán solo unas malas noches pero en seguida se acostumbrarán, que Zape tiene la boca fatal y le estamos haciendo un flaco favor…. Pero el que tengo en el hombro izquierdo, que grita mucho, me dice que pase de todo, que no me complique la vida, que ningún niño hace la comunión durmiendo con chupete, y que total la boca de Zape ya tiene el daño hecho, que además al fin y al cabo sólo chupetea un ratoy luego se le cae de la boca cuando duerme y ya no succiona más… De momento gana el diablillo… Seguiré contando… ¿Algún truco, alguna sugerencia?

Y digo yo, ¿no sería mejor que en todas esas “guías” nos dijeran que tengamos paciencia y nos dejemos llevar, que cada niño alcanza las metas en diferentes momentos, que solo hay que dejar que ellos sigan su ritmo?

Y vosotros, ¿os sentís identificados con el SDP? ¿Habéis tenido prisa con algunas cosas que luego hayáis visto que no merecía la pena correr tanto, o a la inversa?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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