Las necesidades de cada familia son diferentes, y lo que es imprescindible para unos, para otros resulta un trasto completamente inútil. Así que hoy os quería contar los 9 gadgets que más útiles nos resultaron a nosotros durante el primer año de nuestros gemelos (algunos de ellos aún los seguimos usando). Nótese que soy primeriza, y, como ya comentábamos en nuestra entrada hablando del SDP, los padres primerizos tenemos que tener lo último, lo más… Así que sin querer, acabamos cargados de muuuuchas cosas, unas las usamos un montón, y otras caen en el más absoluto de los olvidos. Aquí va mi lista de lo que volvería a comprar sin pensarlo:

  1. Portabebés: lo pongo en primer lugar porque lo utilizamos
    muchísimo. Ya hemos hablado en sendas ocasiones sobre este artilugio, en la entrada Portabebés AKA “la mochila”, y en Porteando, que es gerundio. Cuando son muy pequeños es la mejor forma de atender a los dos a la vez porque te faltan manos. Y además, mis hijos lloraban día y noche y la única forma de
    calmarlos con éxito asegurado era ponérnoslos en la “mochila”;
  2. Hamaquitas: son muy útiles en los primeros meses. Te permiten
    también hacer cosas con los dos a la vez, como darles el biberón desde bien pequeñitos, cuando aún no sujetan bien la cabeza (aunque no los metimos desde el nacimiento, sino a partir del mes y medio más o menos) y aún no puedes usar las tronas. Nosotros utilizamos las BabyBjorn y no las recomiendo, aunque debo decir que la única opinión negativa que he oído sobre estas hamacas es la mía propia, el resto de mi amigas que la tienen están encantadas. ¿Por qué no me gustan? La gracia es que el bebé se puede balancear con su propio movimiento, por lo tanto por la
    estructura y el diseño que tiene, a medida que el bebé va cogiendo peso, el respaldo se inclina cada vez más y no se puede dejar fijo. Cuando quería darles el biberón tenía que poner un cojín debajo para que no se moviera la hamaca, y con 8 meses estaba tan inclinada por su peso que tuvimos que dejar de usarlas.
    Además, a uno de mis hijos ni siquiera le gustaba columpiarse, así que para él la hamaca no tenía ninguna gracia. Lo bueno que tiene: que es muy ligera y pliega totalmente plana, ideal para transportarla;
  3. Parque / corralito: También le he dedicado un apartado especial en la entrada “El parque gemelar” porque para nosotros ha sido fundamental. Empezamos a utilizarlo cuando tenían unos 7 meses, que ya se mantenían sentados perfectamente, y con 21 meses que tienen ahora lo usamos muy poco, pero aún lo tenemos montado porque para apuros nos sirve muy bien. Sorprendentemente, los niños ya no se quejan nada de nada, al contrario, como saben que es para un ratito, se meten encantados. Incluso a veces lo utilizan para jugar, les dejamos la puerta abierta y entran y salen a su antojo;
  4. Sillita de paseo individual: hemos dedicado esta otra entrada a hablar sobre ella. En mi caso, como ya comentaba ahí, me arrepiento de no haber comprado una mejor, porque la utilizamos muchísimo;
  5. Aros de baño: cuando nuestros bebés eran muy pequeñitos
    los bañábamos de uno en uno. Tenemos en el baño un cambiador que lleva bañera debajo y nos resultó muy útil (más abajo hablo de él). Cuando los bebés van creciendo y ya bañarlos en esta bañera alta empieza a ser una actividad de alto riesgo, es hora de
    pasarlos a la bañera. Para poder bañarlos a la vez utilizamos dos aros de baño, nos resultaron un gran aliado. Los baños simultáneos ahorran mucho tiempo, aunque siempre tiene que
    haber dos personas. Además de en el baño, en la habitación de ellos tenemos otro cambiador con mueble cómoda debajo, y así podemos vestirlos a los dos a la vez. A día de hoy, con 21 meses, ya los bañamos directamente en la bañera, hemos puesto una alfombra con ventosas y normalmente les damos duchas;
  6. Vigilabebés: nuestra casa no es una mansión ni de lejos, pero cuando cierras las puertas, si estábamos en la terraza o viendo una peli, no oíamos a los bebés si protestaban. Nuestro vigila bebés no tiene cámara de vídeo, pero no la hemos echado de menos. Se transporta muy cómodamente, se le pueden incorporar pilas y si vamos a casa de los abuelos, o de viaje, no hace falta llevarse los cables;
  7. Esterilizador de biberones: nosotros compramos uno para
    microondas y nos resultó comodísimo, fácil de lavar y poco
    aparatoso. Con cuatro meses más o menos dejamos de esterilizar, pero lo seguimos utilizando para poner los bibes a secar y guardarlos;
  8. Plato con división: cuando empiezas a dar de comer con cuchara a los bebés, te interesa mucho saber cuánto come cada uno, especialmente si eres primeriza, que aún no has asimilado que los bebés sanos comen lo que necesitan, y no lo que tú quieres. Pues eso, que necesitas a toda costa saber cuánto ha comido cada churumbel, pero solo tenemos dos manos, y sujetar dos platos y dos cucharas, al menos yo, no puedo. Así que compré un plato con una división en el medio, y ponía en cada lado la misma cantidad de comida. Usaba (sigo usando) la misma cuchara para los dos. En esta otra entrada podéis ver el que yo compré;
  9. Bañera – cambiador: he dejado este en último lugar porque hay bastante polémica en torno a él, no conozco término medio, o es imprescindible o es un armatoste que aparte de estorbar no sirve para nada. Yo pertenezco al primer grupo. Lo tenemos instalado en el baño, mis hijos tienen 21 meses y aún lo seguimos usando. La bañera no, obviamente, pero el cambiador que está encima sí. A mi me alivia muchísimo la espalda poder cambiar de pie a los niños, si lo hago en la cama termino baldada.
Y tú, ¿qué añadiríais o quitaríais de la lista?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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