Una no nace sabiendo, y menos mal, si no la vida sería aburridísima… Pero a menudo y en muchas situaciones me gusta pensar cómo haría las cosas si volviera a empezar. Y con la maternidad también me ha pasado.

En lo referente a gadgets y demás cachivaches, de los que los padres primerizos en general -y los multis en particular- nos pertrechamos pero bien, hay algunos chismes que no volvería a comprar (o pedir que nos regalaran), y otros que no compré y los eché en falta más de una vez y de dos:

Silla individual: Hace unos meses hablábamos en esta otra entrada acerca de la conveniencia de tener una sillita de paseo individual (o dos) además de la gemelar. Yo la encontré mucho más útil de lo que pensaba, y, si volviera a empezar, como ya comentaba en la otra entrada me compraría una BUENA, porque la que tenemos es muy mala e incómoda y me he arrepentido muchas veces de no haberme rascado un poco más el bolsillo;

Calientabiberones: Nunca lo tuve y la verdad es que sobreviví perfectamente sin él, pero si volviera a empezar, no dudaría en comprar dos (no he visto ninguno doble, ¿existen?). Es un armatoste, sí, pero la de noches/madrugadas que no era capaz de medir la temperatura del agua porque no veía del agotamiento extremo que arrastraba, o que se me derramaba todo el biberón nada más hacerlo, lo habría agradecido un montón. Me parece un armatoste muy útil. Aprovecho para hacer un llamamiento en favor de la lactancia materna (que ya os conté aquí por qué fracasó la mía) porque a pesar de lo dura que es, es lo mejor para los bebés, y te olvidas de calientabiberones y otras gaitas y ceremonias de preparación/lavado que a las 4 de la mañana no apetece nada hacer. Cada vez que alguien me dice lo cómodo que es dar el biberón me sale una cana nueva, ¡a mí me resultaba un suplicio!;

Tronas: nuestra cocina no es pequeña, pero es alargada y el sitio para la mesa, al fondo, es limitado, por lo que no caben dos tronas a la mesa y llevan año y medio en mitad de la cocina estorbando. Son plegables y ligeras (un regalo buenísimo que pedí a unas amigas muy queridas), pero al final te da pereza pliega y despliega cada vez que comen los peques, y se tiran todo el día abiertas. Si volviera a empezar, dadas las limitaciones de nuestra cocina, habría pedido unos elevadores para las sillas. Los hay que están fenomenal, se amarran a la silla, tienen respaldo, cinturones de seguridad y su propia bandejita para el principio, y puedes empezar a poner ahí a los bebés desde el mismo tiempo que en la trona. Hace unos días hemos puesto elevadores y nos sentamos juntos a comer, y los niños comen mucho mejor y ¡quieren probar de -casi- todo! Ah, y la cocina vuelve a ser grande;

Contenedor de pañales: debo reconocer que la primera vez que supe de la existencia de este artilugio, lo primero que vino a mi mente fue “¡vaya chorrada! Ya no saben que inventar”. Y me trago mis palabras, porque no me hacía a la idea de la cantidad de pañales que cambias a lo largo de un día, varios de ellos con “regalito”. Aunque el cubo de la basura orgánica esté a menos de la mitad, hay que tirarla todos los días porque si no corremos riesgo de asfixia cada vez que levantamos la tapa. (¿Somos los únicos que antes de tener hijos no tirábamos la basura todos los días?)

¿Habéis utilizado alguno de estos artilugios? ¿Os han ido bien?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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