Hoy queremos contaros lo que sentimos cuando supimos que había dos vidas creciendo en nuestro interior. La situación de partida de cada una era totalmente diferente. Elena tenía dos hijos mayores y afrontaba su último embarazo, pues con el tercero cerraban la “fábrica”. Ana había pasado por tres pérdidas anteriores y rezaba y suplicaba para que este cuarto se quedara con ellos. Lo único que teníamos en común: que ni por asomo nos habríamos imaginado que en aquella ecografía nos iban a decir que venían gemelos.

ELENA

Ni por asomo cuando decidimos ir a por el tercero (que ya nos costó dar el paso y animarnos) pensamos que nos podía pasar… hasta el día antes de ir al ginecólogo a la primera ecografía (es curioso, pero fue precisamente ese día), que le dije a mi marido: “Anda, que como vengan dos, … menudo lío”. Recuerdo que Willy, como siempre en su línea de conformismo con la vida, dijo : “Pues si vienen dos, seremos doblemente felices”.

Cuando estábamos en la consulta, recuerdo que lo primero que dijo Carmen, la gine, fue:”Sí, hay algo, y… anda!” . Ese anda no podía ser nada bueno, pensé yo en aquel momento. Aunque hoy no dudo que fue el mejor anda que podían decirme. Después del “anda” dijo “son DOS”, y los dos, la gine y mi marido, empezaron a reírse. Yo entré en un estado de shock del que por momentos me da que aún no he salido.
Recuerdo que empecé a medio llorar… de nervios, de alegría, de miedo, de vértigo. No paraba de preguntarme “Y ahora qué hacemos?”.
Estuve mucho tiempo agobiada. Creo que todo el embarazo. Todo el tiempo pensando qué íbamos a hacer con 4, cómo me iba a organizar, pues en el día a día yo estoy muy sola. De dónde iba a sacar el tiempo para poder darles a cada uno de ellos el tiempo que se merecían. De dónde iba a sacar el dinero para pagar 4 coles, 4 vidas, 4 universidades, 4 bodas.
De hecho, tardé en decírselo a mucha gente, incluso en el trabajo lo demoré lo más posible.
Yo lo resumo como una sensación de vértigo total. Aunque ahora que todo ha pasado, no puedo decir otra cosa que lo que dijo Willy el día que se me ocurrió que podíamos tener dos juntos – somos doblemente felices.

ANA
Acudí a un ginecólogo especialista en diagnóstico por imagen, amigo de la familia, porque estaba manchando. Tenía 6 semanas de falta. El médico nos advirtió de que muy probablemente no se vería nada, ya que la ecografía que me iba a hacer era abdominal y con tan pocas semanas era posible no verlo aún. Nada más poner el ecógrafo sobre mi barriga nos dijo: “sí ahí está, en su sitio, y además vienen a pares”. Nunca olvidaré esas palabras. Me entró un ataque de risa de lo nerviosa que estaba. Giré mi cabeza para mirar al papá y su cara también la recordaré siempre. No sabría definir su expresión, en la que predominaba la perplejidad.
– ¿Tenéis antecedentes en la familia? -preguntó el ginecólgo.
– No -respondí yo.
Pantuflo, mudo. De repente dice “no, yo tampoco”.
– Pero si tu madre tiene primos que tienen hijos gemelos -le dije (luego supimos que hay varios casos en su familia, incluso trillizos en la familia de su padre. Después de mucho leer luego, he llegado a la conclusión de que los antecedentes paternos no afectan a la hora de tener mellizos, ya que la condición de ovular doble la hereda en todo caso la mujer).
– Ah sí, es verdad- El hombre no sabía ni dónde tenía la cabeza, estaba aturdido.
Lo curioso es que después de cada pérdida, siempre hubo algún médico que me dijo “ya verás, la próxima, gemelos”. Pero la verdad es que nunca me lo tomé muy en serio, en mi familia no hay partos múltiples y el contacto más cercano con gemelos en mi infancia fueron los cómics de Zipi y Zape.
Salí de aquella consulta flotando en una nube. Estaba inmensamente feliz, no me lo podía creer. Pero esta felicidad estaba ensombrecida por el miedo. Si no había logrado los tres embarazos anteriores, con un solo bebé, ¿cómo iba a conseguirlo con dos? Me parecía imposible.
El ginecólogo nos recomendó cautela, pues nos advirtió que era posible que uno de los dos no saliera adelante, que era habitual la pérdida de uno de los fetos en las primeras semanas de embarazo.
Pero aquella tarde decidí aparcar los miedos y celebrar en la intimidad tan inmensa alegría, sentirme la persona más afortunada del mundo. Nos fuimos a una churrería que nos encanta a tomar churros con chocolate. Y, entre mordisco y mordisco, nos mirábamos y reíamos. Estábamos contagiados de una risa tonta, casi infantil. Sólo podíamos repetir “después de todo lo que hemos pasado… ahora esto… Qué suerte… y ¡qué fuerte!”.

Y así comenzaron nuestras respectivas aventuras gemelares.

Y vosotros, ¿Qué sentisteis cuando supisteis que venían dos?

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Después de mi paso por la Universidad hice un Master en Gestión Internacional de la empresa, y es a esto, al comercio exterior, a lo que me dedico profesionalmente. Junto con mi Pantuflo, somos padres de seis. Los tres primeros no están con nosotros, habitan cada uno en una estrella. Los tres siguientes afortunadamente nos dan mucha lata: Zipi y Zape, que nacieron el mismo día, y Tamagochi, que llegó tres años después. Escribo con sinceridad, pero sin dramatizar, sobre mi realidad imperfecta, sin olvidar el sentido del humor, todo ello aderezado con un punto místico que no puedo evitar por más que me lo proponga. Soy inquieta por naturaleza, siempre tengo algún proyecto entre manos. Hablo más deprisa y en más cantidad de lo que la mayoría de las personas son capaces de procesar, así que el blogging ante todo es una terapia para mí (¡y para los que me rodean!).

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